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¡Hola, mis mitrománticos amigos! Ahora sí, el último personaje a ser presentado antes de subir el poema "Transmutación". La idea de que nos quedamos petrificados ante la mirada ineludible de una mujer bella quizás tenga sus raíces en un mito "descabelladamente" exótico.
Es momento de introducir a aquella preciosa joven cuyos cabellos eran un nido de cobras, su cuerpo una cola de lagarto escamada y su rostro terriblemente hermoso a la vez que letal. Cuentan los ancianos eternos que por cada sierpe había una herida mortal en el cuerpo de quien osase enfrentarla. Por eso es que, tal vez, haya herido el corazón de tantos artistas a lo largo del tiempo (Caravaggio, Rubens, Thirion) volviendo sus obras unos monumentos gloriosos que vencen el ciclo del tiempo. ¡Colóquense su casco de invisibilidad y usen el reflejo de su escudo para entrar a la cavernosa morada de la divina gorgona!
CONOCIENDO A: "MEDUSA"
En la mitología griega, Medusa (en griego antiguo Médousa, ‘guardiana’, ‘protectora’) era un monstruo ctónico -es decir,"de la tierra"- femenino, que convertía en piedra a aquellos que la miraban fijamente a los ojos. Fue decapitada por Perseo, quien después usó su cabeza como arma hasta que se la dio a la diosa Atenea para que la pusiera en su escudo, la égida. Desde la antigüedad clásica, la imagen de la cabeza de Medusa aparece representada en el artilugio que aleja el mal conocido como Gorgoneion (amuleto apotropaico que inducía horror al mostrar la cabeza de la Gorgona).
Las tres hermanas gorgonas —Medusa, Esteno y Euríale— eran hijas de Forcis y Ceto, o a veces de Tifón y Equidna, en ambos casos monstruos ctónicos del mundo arcaico. Esta genealogía la comparten sus otras hermanas, las Greas, como en el Prometeo liberado de Esquilo, quien ubica ambas trinidades muy lejos, en la «espantosa llanura de Cistene»:
"No lejos, las alígeras hermanas con serpientes por cabellos; las gorgonas, enemigas del hombre."
Aunque los pintores de vasijas y talladores de relieves griegos antiguos imaginaban a Medusa y sus hermanas como seres nacidos con forma monstruosa, los escultores y pintores del siglo V empezaron a imaginarla como hermosa a la par que terrorífica. En una oda escrita en el 490 a. C. por Píndaro ya se habla de la «Medusa de bellas mejillas». En una versión posterior del mito, narrada por el poeta romano Ovidio, Medusa era originalmente una hermosa doncella, «la celosa aspiración de muchos pretendientes» y sacerdotisa del templo de Atenea, pero cuando fue violada por el «Señor del Mar», Poseidón, en el mismo templo, la enfurecida diosa transformó el hermoso cabello de la joven en serpientes.
En la mayoría de las versiones de la historia, Medusa estaba embarazada de Poseidón cuando fue decapitada mientras dormía por el héroe Perseo, que había sido enviado a buscar su cabeza por el rey Polidectes de Sérifos. Con la ayuda de Atenea y Hermes, que le dio las sandalias aladas, el casco de invisibilidad de Hades, una espada y un escudo espejado, el héroe fue a visitar las Grayas para que le dijeran donde se encontraba la cueva de las gorgonas. Finalmente Perseo cumplió su misión. El héroe mató a Medusa acercándose a ella sin mirarla directamente sino observando el reflejo de la gorgona en el escudo para evitar quedar petrificado. Su mano iba siendo guiada por Atenea y así cortó su cabeza. Del cuello brotó su descendencia: el caballo alado Pegaso y el gigante Crisaor.
Según Ovidio, Perseo pasó por el noroeste de África junto al Titán Atlas, que estaba allí sujetando el cielo, y lo transformó en piedra. De forma parecida, se decía que los corales del Mar Rojo se habían formado de la sangre de Medusa que salpicó las algas cuando Perseo dejó la cabeza petrificadora junto a la playa durante su breve estancia en Etiopía, donde salvó y se casó con la hermosa princesa Andrómeda. Incluso se decía que las víboras venenosas del Sáhara habían brotado de las gotas caídas de su sangre.
Perseo voló entonces a la isla donde su madre estaba a punto de ser casada por la fuerza con el rey. Gritó «Madre, protege tus ojos», y todos menos ella fueron convertidos en piedra por la vista de la cabeza de Medusa. Entonces le dio la cabeza a Atenea, quien la colocó en su escudo, la égida. Según algunas fuentes, la diosa le dio la sangre mágica de Medusa al médico Asclepio , pues la que manaba del lado izquierdo del cuello era un veneno mortal, y la del lado derecho tenía el poder de resucitar a los muertos. De aquí surge el símbolo llamado "vara de Asclepio" que usan las ambulancias, mostrando un báculo con la serpiente enrollada.
Aunque algunas referencias clásicas aluden a las tres gorgonas, Harrison considera que la multiplicación de Medusa en un trío de hermanas era un rasgo secundario del mito:
La forma triple no es primitiva, sino simplemente un ejemplo de una tendencia general que hace de cada diosa una trinidad, lo que nos ha dado a las Horas, las Cárites, las Erinias y una multitud de tríos más. Es inmediatamente obvio que las gorgonas no eran realmente tres sino una más dos. Las dos hermanas supervivientes son meros apéndices debidos a la costumbre: la auténtica gorgona es Medusa.
¡Super califragilístico espialidoso! Poco a poco estamos llegando al personaje principal del poema “Transmutación”. Y ahora, es el tiempo de conocer la apasionante historia de un rey que con el poder de su fe logró materializar a la mujer que veneraba en sueños. Sabemos quiénes fueron Tánatos, Tántalo, Midas; ¿qué tal si seguimos expandiendo el turbulento caudal mitológico que ya fluye por nuestras venas?
CONOCIENDO A: “PIGMALIÓN”.
Pigmalión es una figura legendaria de Chipre. Aunque Pigmalión es la versión griega del nombre real fenicio Pumayyaton, es más familiar a partir de Las metamorfosis de Ovidio, obra en la que se presenta a Pigmalión como un escultor enamorado de una estatua que había hecho él mismo.
Pigmalión, rey de Chipre, buscó durante muchísimo tiempo a una mujer con la cual casarse. Pero con una condición: debía ser la mujer perfecta. Frustrado en su búsqueda, decidió no casarse y dedicar su tiempo a crear esculturas preciosas para compensar la ausencia. Una de estas, Galatea, era tan bella que Pigmalión se enamoró de la estatua. Mediante la intervención de Afrodita, Pigmalión soñó que Galatea cobraba vida. En la obra “La metamorfosis” de Ovidio, se relata así el mito:
Pigmalión se dirigió a la estatua y, al tocarla, le pareció que estaba caliente, que el marfil se ablandaba y que, deponiendo su dureza, cedía a los dedos suavemente, como la cera del monte Himeto se ablanda a los rayos del Sol y se deja manejar con los dedos, tomando varias figuras y haciéndose más dócil y blanda con el manejo. Al verlo, Pigmalión se llena de un gran gozo mezclado de temor, creyendo que se engañaba. Volvió a tocar la estatua otra vez y se cercioró de que era un cuerpo flexible y que las venas daban sus pulsaciones al explorarlas con los dedos.
Al despertar, Pigmalión se encontró con Afrodita, quien, conmovida por el deseo del rey, le dijo "mereces la felicidad, una felicidad que tú mismo has plasmado. Aquí tienes a la reina que has buscado. Ámala y defiéndela del mal". Y así fue como Galatea se convirtió en humana.
La historia de Pigmalión básica ha sido ampliamente transmitida y representado en las artes a través de los siglos. En una fecha desconocida, autores posteriores dan tal nombre a la estatua de la ninfa del mar Galatea o Galathea. Goethe la llama Elise, basándose en las variantes en la historia de Dido / Elissa.
Una variante de este tema también puede verse en la historia de Pinocho, en el que un muñeco de madera se transforma en un niño de verdad, aunque en este caso el títere posee sensibilidad antes de su transformación, es el títere quien implora el milagro y no su creador, el tallador de madera Geppetto.
En la escena final de “Cuento de invierno” de William Shakespeare una estatua de la reina Hermíone que cobra vida y se manifiesta como Hermíone misma, lo cual lleva la obra a una conclusión de reconciliaciones.
En la obra de teatro “Pigmalión” de George Bernard Shaw, que es una versión moderna del mito con un sutil toque de feminismo, la florista de clase baja Eliza Doolittle es prácticamente “revivida” por un profesor de fonética, Henry Higgins, quien le enseña a perfeccionar su acento y conversación en situaciones sociales.
Ariadna, La de Bellos Bucles
¡Ah! Morir querría en tan fatal momento, pero un a cruel tormento me condena el injusto cielo. Mísera y abandonada, no tengo quien me consuele, el que tanto amé ha huido… ¡Canalla e infiel! - Ariadna, ópera “Ariadna en Naxxos”, autor desconocido.
En tiempos muy lejanos, el rey más poderoso de todos era el rey de Creta, Minos. Él gobernaba sobre una gran ciudad de lujosos palacios y refinados habitantes; sin embargo, había un monstruo horrible que se encontraba guardado en Creta, y del encierro del animal dependía la paz y tranquilidad del reino de Minos… O eso parecía.
En la ciudad de Minos había un enorme laberinto donde se encontraba encerrado el Minotauro, una criatura que tenía cuerpo de hombre y cabeza de toro. En un principio, el Minotauro andaba suelto por el campo y se comía los ganados y a personas inocentes. Para mantenerlo a raya, Minos mandó construir un laberinto y el Minotauro fue abandonado ahí; pero cada cierto tiempo debía ser alimentado. El rey solía pedir un tributo a la ciudad de Atenas, el cuál consistía en 7 muchachas y 7 jóvenes que servirían de alimento para el monstruo.
Uno de aquello días, llegó un navío con el tributo desde Atenas. Como parte del grupo de jóvenes que serían sacrificados, llegó un muchacho portentoso de nombre Teseo. En ese momento, nadie sabía que ese joven era el futuro heredero del trono de Atenas.
Una de las hijas del rey Minos, de apacible corazón, se percató de la belleza y fuerza física de Teseo, y se enamoró de él¹. El héroe decidió utilizar el amor de la mucha,Ariadna, a su favor; le confesó que él era el futuro rey de Atenas y que venía a darle muerte al Minotauro, de ésta forma terminaría con el odioso tributo que Atenas pagaba a Creta. Teseo prometió a Ariadna que, si lo ayudaba, la llevaría a Atenas y la convertiría en su esposa. Loca de amor, la joven aceptó.
La princesa cretense decidió buscar al arquitecto del laberinto para darse ideas de cómo podía ayudar a Teseo en su empresa. El artista, Dédalo, le aconsejó lo siguiente: Ariadna podría sostener una madeja de hilo en la entrada del laberinto; Teseo llevaría un extremo del hilo consigo para, una vez que matara al Minotauro, pudiera regresar. Teseo aceptó el plan y se encaminó con Aridana al laberinto.
La muchacha sostuvo durante varias horas la madeja de hilo, mientras esta corría y corría con el andar de Teseo. Finalmente, el héroe emergió de entre las tinieblas del laberinto cubierto se sangre pero sin una sola herida: había matado al Minotauro a puñetazos.
Ariadna, dubitativa, abordó el navío que llevaría a Teseo y al resto de los jóvenes y muchachas salvadas de regreso a Atenas. La joven se encontraba temerosa, pues su futuro esposo había prendido fuego a varias ciudades cretenses y destruyó el reino de su padre. Además, a bordo, se encontró con su hermana Fedra; Ariadna no sabía que ella también iría a Atenas.
En medio del mar, Ariadna se sintió somnolienta y tomó una siesta. Al cabo de varias horas, despertó; sin embargo, no estaba en la nave, sino en una isla que parecía desierta, y no podía ver nada salvo el mar y la arena dorada…
Durante días lloró tratando de averiguar las razones por las cuáles estaría en esa isla, Naxos, y no con Teseo en Atenas “¿Habrán parado para descansar y me olvidaron? ¿Pero cómo si yo estaba dormida? ¿Habremos naufragado? ¡O los dioses se vengaron por haber traicionado a mi padre ayudando al enemigo!” Un mensaje sobrenatural disipó la culpa de Ariadna; Teseo la había abandonado para casare con su hermana Fedra, de quien se había enamorado al llegar a Creta. Ariadna prometió no casarse nunca más y deseaba morir de tristeza en Naxos.
Un día, un campesino de hermoso rostro se acercó a la desdichada princesa. La miro de una manera única y amorosa, y con una melodiosa voz, le pidió que fuera su esposa. Ariadna contempló al joven y replicó -Tu no sabes quién soy yo. Soy la mujer más desdichada de todas. Mi prometido me ha abandonado aquí y el reino de mi padre arde en llamas por mi ingenuidad. He prometido no casarme nunca, pues soy desgraciada y solo haré a mi esposo desgraciado también. Busca una mejor mujer, yo estoy condenada a morir aquí, sola-.El campesino sonrió y su piel comenzó a resplandecer captando la atención de Ariadna. De pronto, la voz del campesino se volvió tan potente y melódica que fue oído en todo Naxos -Querida Ariadna, tú no estás destinada a morir aquí; por el contrario, tu destino casarte conmigo y ser muy feliz. Y no soy un campesino, soy Dioniso y me he enamorado de ti cuando te he visto dormir. Yo haré que tus lágrimas cesen si te conviertes en mi esposa-.
Dioniso le comprobó a Ariadna que era un dios obsequiándole una corona hecha de oro y de piedras preciosas traídas de la India, elaborada por Hefesto. Después, la corona se transformó en la constelación Corona Borealis con la aceptación de todos los dioses. Zeus convirtió a Ariadna en inmortal para que pudiera vivir con su esposo en el Monte Olimpo.
Nota importante:
Ariadna es uno de los personajes mitológicos más complejos que existen. Ella podría ser un derivado de una antigua diosa cretense. Existen muchos relatos relacionados al mito del héroe y la princesa cretense, las distintas versiones han sido fusionadas en el texto presente.
En la primera imagen: “Ariadna en Naxos” por Evelyn de Morgan.
En la segunda imagen: “Ariadna es coronada por Dionisio” por Eustache Le Sueur.
En la tercera imagen: “Ariadna como una ménade acompañada por un sátiro”, escultura de la Edad Media.
Fragmento de canto extraído de: http://www.kareol.info/obras/cancioneshaydn/hob26b.htm
Muy buen artículo sobre una mujer fuerte y apasionada. ¡Felicitaciones a su autor!
[Megapost] ♦Poseidón, el Dios del Mar, Agitador de la Tierra♦
[El siguiente post está dedicado a mi querida amiga Berenice, user del aludido. Espero y sea de tu agrado.]
“Domador de caballos y salvador de barcos”
Bien es sabido que Poseidón (también llamado Posidón o Neptuno—por los romanos–) es el Dios de los Mares, y no existe nadie que no haya jamás escuchado su nombre. Hijo de Cronos, el dios del Tiempo, y Rea, la Diosa Madre, señor de las aguas que circundan al mundo, padre de los seres marinos, y uno de los tres dioses principales que rigen el mundo y el orden de lo existente.
El siguiente post no se propone contar su historia que para ello ya existen los libros sobre mitología griega , sino hacer un análisis de lo que su venerable figura significa porque lo más hermoso de los mitos no son los relatos en sí sino lo qué esconden y está a la espera de ser interpretado.
Lo más atractivo de su representación quizás sea su personalidad. El dios masculino goza de un carácter voluble, oscilante entre lo gentil y lo explosivo. Esto es en relación a los estadios del mar (recordemos que los dioses presentan las cualidades de sus territorios). Así como el mar puede presentar una calma amable en su oleaje o tornarse en un cúmulo de olas desastrosas dispuestas a hundir hasta los más grandes navíos.
Ahora, ¿por qué creen que Poseidón es el más “humano” de sus hermanos?
La respuesta a tal pregunta debemos buscarla en un detalle sencillo: ¿dónde está el mar? En el mismo nivel que la tierra. Desde una playa puedes ver el mar como un espacio de “suelo” azul, y desde el mar puedes observar la tierra y sus orillas. La tierra es donde habitan los hombres, es decir, donde habitan los seres emocionales. Por eso no es de sorprender que dicho dios comparta algunas características de éstos (como la “ambición” que lo llevó a intentar destronar a su propio hermano, aunque este episodio fuera más por el hecho de sentirse engañado por el mismo). Poseidón es también un dios civilizador con fines del crecimiento de los pueblos, y por ello también se lo nombra como es el Señor de los Caballos (los caballos eran muy importantes para el hombre griego pues significaron un medio de avance veloz útil en la vida cotidiana, militar, el comercio y demás), y su bendición acompañaba a las naves cuando se comerciaba en el mar además de dar buenas temporadas de pesca. El mar era sumamente importante y para entender su alcance es necesario tener en gran cuenta el escenario helénico, junto al Mar Mediterráneo, pues no solamente era vía comercial sino también de relaciones entre las ciudades y su gente.
Su carácter es definido normalmente como agrio y desabrido y recuerda mucho al de Hera, pero no es igual. Hera es mucho más vengativa que Poseidón (esto se debe a que Hera es considerada una interpretación de la “ambición” pero a los extremos de la misma), y sus deseos por concretar una “vendetta” no se igualan a los de su hermana. ¿Por qué? Los del Dios de los Mares tienen un tiempo de vida en concreto. ¿Cómo es esto? Veamos un ejemplo claro para comprender:
Durante el tiempo que Poseidón debió vivir como un hombre en la tierra como castigo por intentar destronar a su hermano Zeus, junto con Apolo edificó las famosas Murallas de Troya. Pero he aquí que el Rey Laomedonte no le pagó lo convenido y el dios juró “que Troya seria destruida”, y por ello apoyo a los Aqueos durante la famosa guerra contra los mismos. Como predijo, Troya desapareció entre llamas y ahí acabo su venganza. Quería que la ciudad desapareciera –en definitiva, lo que Poseidón deseaba era la destrucción de las murallas impagas que en un principio él mismo construyó–, más no guardo resentimiento contra los sobrevivientes del gran reino. Esto se ve claramente en el caso de Eneas, quien tanto él como toda su descendencia, fue odiado a muerte por Hera (quien tenía un odio recóndito y profundo contra Troya que no se detendría hasta que el último ápice de ellos desapareciera). Incluso llega a apiadarse del joven hijo de Afrodita en reiteradas ocasiones cuando es víctima de la cólera inmensa de su altiva hermana.—A esto hay que agregar que ningún rencor le hubiera guardado a Troya si Laomedonte se hubiera disculpado…y además le dio oportunidades de compensación, pero el mezquino rey nunca torció el brazo por orgullo–. y con esto podemos ver que a pesar de lo fuerte de su personalidad, el dios masculino guarda una mesura acorde a su importante posición.
Muchas veces en la actualidad la figura del dios no es correctamente representada ni se le ha dado su valor correspondiente. La función de Poseidón es el equilibrio entre los polos del mundo; teniendo el cielo por encima, el inframundo por debajo, está en el centro, vigilando a los hombres, y evitando que los polos colisionen entre sí. Si Zeus es lo calmo, lo lógico y ordenado, la “armonía de los cielos”; y Hades es lo firme, lo serio, justo en medida, falto de mucha emoción “la fría realidad”; podemos afirmar que Poseidón es lo pasional, el movimiento constante, “el poder de acción”.
En la justa medida entre la mesura y la desmesura; caos y orden, la perpetuidad de ese delicado equilibrio, esa línea entre dos opuestos-iguales. En definitiva el mar es un sitio donde las cosas se reflejan, en sus aguas, las imágenes se fusionan y conviven. Por esto es que muchas veces aunque tenga reacciones espontáneas estas no llegan a romper la línea de su propio entendimiento. La pasión es necesaria, debe ser expresada porque de lo contrario no tendría razón de existir, pero siempre procurando que no rebasé las normas establecidas del intelecto.
Entre sus atributos se le atribuyen los temblores de tierra, los movimientos extraordinarios del mar, los grandes cambios de los ríos y torrentes. Poseidón tutelaba las grandes murallas y sus cimientos, a las cuales protegía o podía arruinar según su voluntad.
Su control sobre las aguas se concentraba en el Tridente, arma insignia que siempre porta, es el símbolo de su poder, y es el instrumento de los pescadores de grandes peces. Las tres puntas del objeto representan las tres clases de agua: las saladas del mar, las dulces de las fuentes, y las dulces y saladas de los estanques. Tres también son los poderes del dios sobre el océano: el de alterarlo, el de calmarlo y el de conservarlo.
Pero, ¿dónde vivía tan curioso dios? Su morada terrestre se la ubica en el monte Argea (Egea/Egas), en el centro de capadocia (Asia menor). Desde ahí el gran dios podía observar el Ponto Euxino (lo que hoy conocemos como Mar Negro) y el Mar Mediterráneo. No obstante, también gozaba de un palacio en el fondo del océano hecho de corales y gemas marinas.
Los hijos del dios fueron en su mayoría seres monstruosos y violentos, esto es en relación al choque de dos potencias (Poseidón es el más “potente”de sus hermanos dado que está mucho más en contacto con sus emociones y estas suelen guiarlo de vez en cuando) que dan como resultado una potencia mayor. La “potencia” está ligada a la “fuerza” y la fuerza según la visión griega se asocia a lo salvaje, carencia de razón, y esto da lugar a la “monstruosidad” de su descendencia. Sin embargo, aún con este linaje brutal Poseidón muestra ser un padre devoto y considerado con ellos –recordemos el caso de Polifemo–, sufriendo cuando alguno de ellos es víctima de cualquier tipo de perjuicio. He ahí su “humanidad” de padre y, de una forma u otra, de dios.
Muchas de sus relaciones románticas eran conseguidas mediante el uso de la fuerza (he aquí otra alegoría al punto anterior) como violaciones o secuestros puesto el dios no aceptaba que nadie se le negará , pero esto no debe tomarse como un acto caprichoso y cruel, sino que era una gran ofensa la de rechazar las pretensiones de un dios. Asímismo, tengo que recalcar que no todas sus relaciones fueron así. Varias ninfas y princesas se le entregaron por cuenta propia.
Poseidón tuvo muchos templos y hasta oráculos (incluso el de Delfos, que se cree fue uno de sus primeros pero luego fue dado a Apolo). Muchos de ellos edificados cerca del mar con gran acierto como podemos verlo en el –todavía en pie–templo de cabo Sunión.
En lugares como Rodas o Corintio fue el dios más venerado, así como en muchas otras ciudades. Y se ofrecían caballos, ahogándolos en el mar, para pedir por una travesía sin contratiempos cuando un navío partía.
Estaba asociado a los delfines, amigos de los hombres, y se lo consideraba el “padre” de todos los seres marinos.
“Su defecto: la ira. Su virtud: su humanidad" .
¿Pero no es la "humanidad” un defecto en los dioses también? No exactamente. Este punto va a depender mucho de la subjetividad de quién le contempla.
Primero tenemos que aclarar algo: debe entenderse a la “humanidad” no solo en sus cualidades positivas sino también las negativas, ambos extremos forman a un individuo. Por ello el dios puede ser caprichoso e inconstante, dejarse llevar por la rabia o el odio, ser un destructor. Pero si solamente fuera eso, ¿cómo podría crear o dar inicio a algo? Poseidón hacer surgir islas del mar, llama a la lluvia, conserva el agua, da inicio o fin a los ríos y lagos del mundo. Es aquí donde se manifiesta la otra parte de la “humanidad”; el lado más gentil. Él ha demostrado en varios relatos ser compasivo cuando el hombre lo merece, entender cuestiones en la magnitud de las mismas y guardar el justo y necesario nivel de rencor que las personas no deben pasar. Es la cara de ellos, la cara de un elemento de la tierra, un poder vivo.
La “humanidad” de un dios es positiva en la forma que ayuda a ese dios a comprender mejor a los hombres que le veneran y por ello se hace respetable.
–Trivia–
Durante la Titanomaquia ostentaba las funciones de “caudillo”, dirigiendo la escuadra olímpica, pues su carácter fuerte le daba imponencia.
Se lo suele representar con el cabello crespo por la acción de la humedad salina del mar. Su cuerpo es robusto y su aspecto venerable y hermoso. Homero decía que su cabello y barba eran de color azul.
En algunas versiones es él quien le obsequia la gigante concha nacarada a la diosa Afrodita como tributo a su belleza. Según se cuenta, el dios escogió la más bella de ellas para dársela, y esta entrega dio nacimiento a una tradición muy bella y secreta de los “marineros”: cuando deben partir al mar buscan una concha en las arenas de las playas y la llevan consigo como amuleto de protección. Este objeto los mantendría a salvo en toda la travesía. Mientras más grande y hermosa sea, mucho mejor será.
Poseidón era originalmente un dios indoeuropeo, Señor de los Caballos (Posedawone) . Era,pues, un dios terreste con una contraparte femenina “Posedeia” (Poseidona) equívale a la diosa Deméter o a Perséfone pero ninguna de ellas quedó ligada al dios cuando fue adaptado al nuevo mundo de los griegos como el Dios del Mar. Cuando fue adaptado al nuevo mundo se lo casó con Anfitrite,una deidad marina de aguas dulces, para concretar su posición como Dios del Mar.
Asumió el puesto del titán Océano luego de la Titanomaquia.
La suma de sus hijos llega a aproximadamente 127. Aunque únicamente tuvo un solo hijo con su esposa Anfitrite; Tritón.
Cuando recorría el horizonte las montañas y los bosques se estremecían a su paso.
Poseía un imponente carro tirado por cuatro caballos marinos que podían montar olas.
Cuando perdía una ciudad ante algún otro dios (como Atenas) estallaba en gran cólera y desbordaba mares, lagos y ríos.
Como el mar es su territorio si algún otro dios irrumpe en sus dominios (como los Vientos) él puede echarlos si lo desea.
Vivió un año como humano por haber intentado derrocar a su hermano Zeus, quien le arrebató temporalmente la inmortalidad con fines de enseñarle humildad.
Tiene gran relación simbólica con la diosa Afrodita (que representa la fecundidad marina). Y guarda una especie de amistad con Apolo a lo largo de los mitos; esta amistad nace de su compañerismo como dioses colonizadores.
Homero lo consideraba uno de los dioses más importantes del Olimpo.
En los sacrificios se le dedicaba la hiel de las victimas (caballos y toros) porque su sabor amargo recordaba de cierto modo a las aguas del mar.
El planeta Neptuno le debe su nombre, así como los satélites de este: Tritón y Nereida, a sus hijos y esposa respectivamente.
Su nombre no tiene un significado fijo pues posee varias raíces, pero pueden obtenerse los siguientes: “Señor/marino/señor marino/señor de la tierra” y, el más acertado es, “Señor de las Aguas”. A esto he de añadir que su nombre siempre es acompañado por el epíteto “Agitador de la Tierra”.
[Este Post fue hecho por Thalassa-caelum. ¿Quieres dejarme un mensaje? ¿te gustaría leer otro artículo interesante? ¿sugerencias o comentarios? Pinchá aquí.]
Un artículo muy bien redactado, instruye y entretiene. Recomiendo leerlo de principio a fin. Mis felicitaciones a su autora: Thalassa-Caelum.
¿Estaban sedientos de más mitología? Aquí les traigo una enorme ánfora rebosante de elixir. Tomen su cílicas y sírvanse a gusto, Dionisio se pondrá contento de que en sus bacanales hayan muchos invitados.
Como ya he dicho en las anteriores publicaciones, el poema “Transmutación” incluye a varios personajes de la mitología aquea. Hemos conocido a Tánatos (dios de la muerte pacífica) y a Tántalo (avaro mortal que fue castigado con la sed y el hambre por la eternidad). Ahora es momento de introducir a un rey que tuvo tanto oro que, finalmente, terminó por aborrecerlo.
CONOCIENDO A: “MIDAS.”
Midas (en griego Μίδας, llamado Mita en fuentes asirias) fue un rey de Frigia que gobernó en el período entre el 740 a. C. y el 696 a. C., aproximadamente.
Casado con una griega, fue el primer rey extranjero que mandó un regalo al santuario de Delfos. Probablemente, fue durante su reinado cuando Frigia adoptó el alfabeto griego.
El reinado de Midas supone la mayor época de esplendor de Frigia, que se expandió al este, hasta la frontera con Urartu, ocupando una extensa zona de Asia Menor. Mantuvo relaciones comerciales con Asiria y Urartu, alcanzando el rey una riqueza extraordinaria, que llamó la atención de los griegos, quienes le dedicaron un espacio en la mitología:
Tras la muerte de Orfeo, Dioniso dejó Tracia. Su viejo guardián Sileno, bebido como siempre, «ebrio de vino y años» (Ovidio) se perdió por el camino y fue recogido por los agricultores frigios, que le llevaron ante Midas. El rey, que ya había sido iniciado en el culto que se le rendía a Dioniso, reconoció de inmediato al anciano y organizó un banquete con diez platos en su honor. Después le llevó hasta el dios de nuevo y éste, encantado de tener de nuevo a su viejo maestro a su lado, quiso agradecer el gesto de Midas y le concedió tres deseos. Midas deseó que todo lo que tocase se convirtiese en oro. El deseo se cumplió y, aunque al principio estaba encantado con la novedad, muy pronto se vio rodeado de lujo y brillo y hasta lo que intentaba comer se endurecía al convertirse en metal. Incluso el vino, un don de Dioniso, se convertía en oro líquido al tocar sus labios.
Al darse cuenta de que así estaba condenado a morir de hambre y sed, Midas le rogó al dios que le liberase de sus «manos de oro». Así lo hizo Dioniso, que le ordenó lavarse las manos en el río Pactólo, donde siempre se ha encontrado oro desde entonces.
Midas ya no necesitaba riquezas ilimitadas, pero su experiencia hizo que perdiera un poco de cordura. A menudo pasaba los días al aire libre, convirtiéndose en un devoto seguidor de Pan, dios de la naturaleza que había conseguido tal virtuosismo con la flauta que llegó un momento en que se atrevió a retar a un concurso nada menos que a Apolo, para demostrar quién era mejor, tal y como ya había ocurrido con el infortunado sátiro Marsias. Tmolus, el dios de la montaña, sería el juez de la competición. Midas estuvo presente en el concurso y se mostró incondicionalmente entusiasmado ante la actuación de Pan. Pero a continuación Apolo interpretó una pieza magistral que convenció a Tmolus para darle el premio. Todos estuvieron de acuerdo con la decisión menos Midas, que incluso llegó a protestar. Apolo se puso tan furioso ante tanta estupidez y desconocimiento sobre el talento musical, que convirtió sus orejas en las de un burro.
Midas, cuyo carácter no era divino sino muy humano, estaba, por otro lado, avergonzado de esta circunstancia y decidió desde entonces cubrirse la cabeza con el tocado tradicional en Frigia. Sólo su barbero conocía su deformidad y estaba obligado a guardar el secreto, pero el peso de la promesa era tal que no pudo resistirlo e hizo un agujero en la tierra en el que susurró que Midas tenía orejas de burro. Después de quitarse ese peso de encima, tapó el agujero y regresó a casa. En el punto en el que había susurrado brotaron unos juncos que proclamaban sus palabras cada vez que soplaba el viento y así todo el mundo pudo saber que el rey tenía orejas de burro.
El siguiente poema a publicar se titula “Transmutación”, y la narración poética gira en torno al traspaso de un alma atribulada por los cuerpos de diversos seres mitológicos, hasta el momento crucial en que finalmente logra calmar su ansiedad y encontrar su objetivo: el amor puro ofrecido por otra alma.
Ya he presentado a uno de dichos seres mitológicos, Tántalo, y ahora es momento de seguir escudriñando el abanico polifacético de la mitología griega. ¡Adelante!
CONOCIENDO A: “TÁNATOS”.
En la mitología griega, Tánato o Tánatos (en griego antiguo Θάνατος Thánatos, ‘muerte’) era la personificación de la muerte sin violencia. Su toque era suave, como el de su gemelo Hipnos, el sueño. La muerte violenta era el dominio de sus hermanas amantes de la sangre: las Keres, asiduas al campo de batalla. Su equivalente en la mitología romana era Mors o Letus / Letum.
Era una criatura de una oscuridad escalofriante, usualmente representada como un joven alado con una tea (antorcha) encendida en la mano que se le apaga o se le cae. Homero y Hesíodo le hacían hijo de Nix, la noche, y gemelo de Hipnos, insinuando que ambos hermanos discutían cada noche quién se llevaría a cada hombre, o que el Sueño anulaba cada noche a los mortales en un intento de imitar a su hermano mayor. Desempeña un papel pequeño en los mitos, pues quedó muy a la sombra de Hades, el señor de los muertos.
Los dos hermanos, famosos por la rapidez de sus actos, recibieron el encargo de Zeus de transportar el cuerpo de su hijo Sarpedón hasta Licia, para que pudiera recibir de sus familiares la sepultura que merecía. El rey de los dioses había concedido a su hijo una vida que abarcaba tres generaciones, y que terminó cuando Sarpedón acudió a la guerra de Troya al frente de los licios, donde fue muerto por Patroclo. Entonces Zeus pidió a Apolo que purificara su sangre en un río, untara su cuerpo con ambrosía, le vistieran como un inmortal y fuera llevado rápidamente a su tierra, mandato que cumplieron Tánatos e Hipnos. (Esto lo leí en la Ilíada).
Tánatos actuaba cumpliendo el destino que las Moiras dictaban para cada mortal. En una ocasión Admeto obtuvo de Apolo la gracia de que las Moiras pudieran aceptar que cuando él estuviera a punto de morir, pudiera reemplazarle en su destino cualquier persona que lo aceptara voluntariamente. Cuando esto ocurrió, y tras recibir Admeto la negativa de sus padres, sólo su esposa Alcestis se ofreció a morir por él. Sin embargo Heracles retuvo a Tánatos por la fuerza, intentando persuadirle de que esperase a que a la joven le llegase su hora de forma natural. Tánatos repudiaba estas triquiñuelas de los dioses (especialmente Apolo) que interferían sus funciones, y tras esta pequeña derrota, reclamó el respeto debido y fue incluso capaz de llevarse al mismo Heracles cuando le llegó su turno.
Se casó con Macaria, hija de Heracles y Deyanira, señora de la Isla de los Bienaventurados
En el arte, Tánatos era representado como un hombre joven con barba llevando una mariposa, una corona o una antorcha invertida en sus manos. A veces tiene dos alas y una espada sujeta a su cinturón.
En psicoanálisis, Tánatos es la pulsión de muerte, que se opone a Eros, la pulsión de vida. La pulsión de muerte, identificada por Sigmund Freud, señala un deseo de abandonar la lucha de la vida y volver a la quiescencia y la tumba. No debe confundirse con el impulso parecido del destrudo.
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¡Continuemos descubriendo de qué se trata el fantasioso universo “mitromántico”! El siguiente poema es un variopinto andamiaje de varios personajes mitológicos: Tántalo, Tánatos (¿parecido, no?), Midas, Pigmalión y, finalmente, su venerada Galatea. Si están de acuerdo, vamos a comenzar por el primero de todos.
CONOCIENDO A: “TÁNTALO”.
En la mitología griega Tántalo era hijo de la oceánide Pluto (ninfa hija de Océano y Tetis) y del propio Zeus (aunque muchos otros piensan que su padre era Tmolo, el dios con corona de roble que gobernaba el reino de Lidia). Lo cierto es que a pesar de su ubicación exacta (la cual como siempre difiere entre autores) Tántalo tenía muy buena relación con Zeus. El dios lo apreciaba tanto que continuamente lo invitaba a los banquetes que celebraba en el Olimpo. Tántalo acudía agradecido por la invitación, codeándose por tanto con los dioses más importantes de la mitología griega.
Existen varias versiones sobre los acontecimientos que desencadenarían el trágico destino de Tántalo. Unos dicen que simplemente se trastorno y comenzó a actuar indebidamente, otros tantos aseguran que su relación con los dioses hizo que comenzara a jactarse de ello con los mortales presentándose como alguien totalmente superior. Lo cierto es que todos coinciden en que fueron varias las acciones que propiciaron el cruel castigo de los dioses sobre su persona.
Al parecer fue revelando los secretos que había escuchado en la mesa a todos los mortales de su alrededor, además robó néctar y ambrosía que posteriormente repartió entre sus amigos. Sin duda alguna estos acontecimientos no gustaron nada a los dioses, y en concreto a Zeus. No obstante, la mayor ofensa que cometió fue descubierta antes de conocer estos hechos.
Tántalo invitó a los olímpicos a un banquete organizado en el monte Sípilo (algunos autores dicen que Corinto) descubriendo que no tenía alimentos suficientes para todos. A continuación, ya fuera por poner a prueba a los dioses o simplemente por el trastorno que presentaba, decidió servir un plato especial de su propia cosecha para poder alimentar a todas las deidades. Descuartizó a su hijo Pélope cociendo sus miembros y sirviéndoselos a sus invitados.
Cuando sirvió el guisado de Pélope, los dioses se dieron cuenta de lo que había en el plato y lo rechazaron horrorizados. Todos menos uno, Deméter, que estaba trastocada por la pérdida reciente de su hija Perséfone y sin darse cuenta se comió el hombro del pobre hijo de Tántalo.
Zeus entró en cólera y pidió a Hermes que volviera a cocer el cuerpo de Pélope colocándole un forjado de marfil de delfín en lugar del hombro y dotándole de vida a través de las moiras.
Zeus mato a Tántalo y fue colgado por orden del mismo en un árbol en el Tártaro. A partir de ese momento su condena sería pasar la eternidad colgado de ese árbol frutal sin poder beber agua ni comer nada. A pesar de estar sobre un lago, cada vez que intenta juntar agua con sus manos solo accede a mojarse los labios secos y costrosos, propiciándole mayor sensación de sequedad y sed. Además, su árbol cuenta con un gran número de frutos deliciosos, pero cada vez que intenta agarrar uno con las manos una ráfaga de viento termina tirándolos al agua.
Como colofón a este castigo eterno, Zeus colocó una enorme piedra encima del árbol que amenaza constantemente con aplastar su cráneo. Ésto respondía a uno de los últimos crímenes en el que, además de robar el mastín de oro de Zeus, posteriormente juró por el dios que no había escuchado nunca nada acerca de tal criatura. Algo que solo sirvió para incrementar la descomunal ira del dios de dioses.
Medusa, por Jason Juta.
Hemos aprendido un poco de ambos personajes: el Gondolero (barquero mortal) y Caronte (barquero fantasma).
Espero hayan leído la interesantísima información que subí hace poco respecto de ellos, puesto que es tan apasionante como imprescindible para comprender el siguiente poema.
Pretendo con mi poemario no solo entretener, sino instruir y alterar conciencias. En palabras de Alan Moore: “Los escritores somos MAGOS”. Siendo mi meta la de alterar su visión del mundo, es natural y acertado que intente estimular tanto entusiasmo como captación analítica. Por lo tanto, mis queridos lectores, sin más preámbulos ni circunloquios les presento:
“NAVICELLA” por D. A. Vasquez Rivero.
Los ojos del gondolero parecen trémulos y distantes en la Venecia atrapante de enmascarados y barcarolas; oscilan como la pértiga que dirige al amor flotante, oscilan igual que un remo cuando enmaráñase en la forcola.
En cambio los del Barquero son como tajos de machetazo que no le espejan el río del inframundo por el que bogan. Un par de abismales pozos que quienes llegan a ver se ahogan, dos patas de lobo negras que te desgarran en un zarpazo.
Los ojos del gondolero son de montaña unos azulejos que se acurrucan y ocultan bajo el viril canotier de paja, hundiéndose en el recuerdo de carnavales y de cortejos, en tanto que una pareja de su alargado bajel se baja.
Del mismo modo que bajan (tarde o temprano) al funesto puerto, al pestilente Aqueronte con una paga para su viaje: El óbolo, cuya falta se considera el mayor ultraje a vista del juez barquero que a errar cien años condena al muerto.
Los ojos del gondolero tienen la hondura propia en canales que suelen salar las anchas escalinatas de los palacios. ¿Acaso cuando se pierde su azul mirada en tantos vitrales o entre balcones reales se piensa dueño de aquel espacio?
¡Que piense si así lo quiere, de nada sirve, la sombra es sombra! ¿El hecho que se proyecte sobre las cosas la vuelve “dueña”? El hombre es barro de dioses, humo y ceniza, ego que sueña la ansiada inmortalidad hasta que el temible Carón lo nombra.
Los ojos del gondolero guardan la véneta niebla adentro por miedo a que se entrelace con el suspiro de un vaporetti. “Questa è una bella giornata per passeggiare.”*- Piensa al encuentro y muestra su rostro alegre cuando del buque arrojan confeti.
Paseo que no disfruta su desdichado colega en Hades. ¡Resúltale tan tedioso remar, flotar en olvido a tientas! Murciélagos esqueléticos aletean sus osamentas y en su volar selectivo le enseñan rutas y cavidades.
Los ojos del gondolero van reflejando su recorrido sobre el regazo tendido de aquel Adriático desgarrado, pasando por edificios que con el tiempo se han convertido en un gigantesco friso, cumbre de todo el arte creado.
Y en ésto sí están de acuerdo tanto el humano como el espectro: El arte es el instrumento mediante el cual se les dió la vida; al gondolero los óleos de los pintores romanticidas y al viejo Caronte el verso de los poetas con lira y plectro.
* Questa è una bella giornata per passeggiare: “Este es un bello día para pasear.”
¡Silencio en la sala, por favor! Momento de presentar a uno de los personajes que más me gusta y a quién comparo con Anubis de la mitología egipcia. En contraposición divina con el mortal gondolero, tenemos al barquero del inframundo, demónico personaje que con su vara golpea a los muertos que no remen lo suficiente para llegar a su eterna morada. Sigamos interesándonos por la inconmensurable imaginación aquea y, de este modo, podrán entender porqué escribí lo que escribí en el próximo poema a subir. CONOCIENDO A: "CARONTE". En la mitología griega, Caronte o Carón (en griego antiguo Χάρων Khárôn, ‘brillo intenso’) era el barquero de Hades, el encargado de guiar las sombras errantes de los difuntos recientes de un lado a otro del río Aqueronte si tenían un óbolo para pagar el viaje, razón por la cual en la Antigua Grecia los cadáveres se enterraban con una moneda bajo la lengua. Aquellos que no podían pagar tenían que vagar cien años por las riberas del Aqueronte, tiempo después del cual Caronte accedía a portearlos sin cobrar. Aunque con frecuencia se dice que porteaba las almas por la laguna Estigia, como sugiere Virgilio en su Eneida, según la mayoría de las fuentes incluyendo a Pausanias y más tarde Dante, el río que en realidad transitaba Caronte era el Aqueronte. Se menciona al barquero por primera vez en la Grecia antigua, hacia el 500 a.C., en la Miníada (poema épico de Pausanias). Dicho poema atribuye a la leyenda de Caronte un origen egipcio, como confirma Diodoro Sículo. Los etruscos mencionan también a un Caronte que acompañaba a Marte a los campos de batalla. Su aparición tardía se puede explicar desde un punto de vista sociológico: si la aristocracia tenía sus propios guías al otro mundo (como Hypnos y Thánatos), Caronte debía cumplir tal función dentro de la cultura popular. Él era hijo de Érebo y Nix. Se le representaba como un anciano flaco y gruñón de ropajes oscuros y con antifaz (o, en ocasiones, como un demonio alado con un martillo doble) que elegía a sus pasajeros entre la muchedumbre que se apilaba en la orilla del Aqueronte, entre aquellos que merecían un entierro adecuado y podían pagar el viaje (entre uno y tres óbolos). En el arte de la Antigua Grecia aparece en jarrones funerarios de los siglos V y IV a. C. que son a menudo decorados con escenas de muertos acomodados sobre su barca. En los primeros jarrones, parece un tosco y descuidado marinero ateniense vestido de color marrón rojizo, tomando el palo de su barca con su mano derecha, y usando su mano izquierda para recibir al muerto. Algunas veces aparece Hermes como psicopompo (del griego: psyche, "alma", y pompós, "el que guía o conduce"). En los jarrones más recientes, se le da una apariencia y conducta más amable y refinada. Cuando Heracles (Hércules) descendió a los Infiernos, obligó a Caronte a pasarlo en su barca, y como éste se negó, el héroe se apoderó de la pértiga y le propinó tal paliza que el otro no tuvo más remedio que obedecer, sin embargo a causa de ello Caronte fue encarcelado un año con la acusación de haberle dejado pasar sin haber obtenido el pago habitual exigido a los vivos: una rama de oro que proporcionaba la sibila de Cumas. Virgilio narra en la Eneida el descenso de Eneas a los Infiernos acompañado de dicha sacerdotisa. Otro mortal que logró «cruzar dos veces victorioso el Aqueronte» es Orfeo, quien encantó a Caronte y a Cerbero para traer de vuelta al mundo a su amada muerta, Eurídice, a quien perdió definitivamente en su viaje de vuelta. Psique también logró hacer el viaje de ida y vuelta estando viva. Dante Alighieri incorporó a Caronte en el Infierno de La divina comedia. Aquí era el mismo que su equivalente griego, pagándosele un óbolo para cruzar el Aqueronte. Es el primer personaje con nombre que Dante encuentra en el infierno.
Ahora es momento de introducir un nuevo escrito. “Navicella” (tal es su título) presenta dos personajes diametralmente opuestos, aunque unidos por su profesión: el gondolero (barquero de Venecia perteneciente al mundo de los vivos) y Caronte (barquero del inframundo perteneciente al mundo de los muertos). Antes de publicar el poema, como siempre, pretendo ayudarlos a discernir las obvias diferencias y las hermosas particularidades que podemos hallar en ambos personajes.
¡Comencemos!
“El Gondolero”
El gondolero es la persona que maneja o gobierna una góndola, un bote a remos tradicional de Venecia. Las góndolas fueron durante siglos el principal medio de transporte de Venecia y todavía juegan un papel importante, ya que sirven como trasbordo desde y hacia los canales principales, para la población autóctona y sobre todo para el turismo.
Se conoce su existencia oficialmente desde el año 1094, pero en la actualidad quedan solamente un centenar de góndolas en la ciudad de Venecia, ya que la mayoría han sido sustituidas por embarcaciones a motor (vaporettis o motoscafos), en cambio durante el siglo XVIII navegaban por los canales miles de ellas. En la proa de la embarcación suele haber un adorno de hierro para protección en caso de accidente, para decoración y como contrapeso. Para construir una góndola hacen falta más de 500 horas de trabajo y ocho tipos de madera diferentes; la misma es larga y estrecha, con un contorno asimétrico para facilitar la propulsión con un solo remo, y con una curvatura longitudinal que reduce al mínimo el área de contacto con el agua. El remo se sostiene con una cerradura especial conocida como “forcola”, que tiene una forma complicada, permitiéndole varias posiciones como son de remo lento, avance, giro, freno y para ciar (retroceder).
El gondolero rema de pie en la popa de la góndola y se supone que debe saber cantar canciones de amor, llamadas “barcarolas”, para disfrute de sus pasajeros. También se le suele representar con una camiseta de rayas blancas y negras. La imaginación popular los recuerda jóvenes, esbeltos y guapos. Dice la tradición que las parejas de enamorados que viajan en góndola deben besarse bajo todos los puentes para lograr el amor eterno. Según las malas lenguas, los gondoleros inventaron esa tradición para que sus clientes acabaran el viaje más contentos y les dieran mejores propinas.
Es interesante saber que, de acuerdo a la ley veneciana, los gondoleros deben haber nacido en Venecia para desempeñar este oficio. A la fecha, sólo ha habido a lo largo de la historia una mujer gondolera y empezó a trabajar en 2007. El trabajo se hereda de padres a hijos en un complicado y estricto ritual cultural.
Después de haber aprendido quiénes eran los personajes pincelados en el poema, les presento finalmente "HEBE": incitación enérgica a la valoración personal, al desapego de las preocupaciones banales y efímeras, a la supresión de todo complejo de inferioridad; y claro énfasis en el aprovechamiento pleno del día a día, símbolo poético o monumento lírico al carpe diem que debería regir la vida de todos. HEBE Por D. A. Vasquez Rivero. Hebe: Diosa griega de la juventud. Nix: Diosa griega de la noche. Geras: Dios griego de la vejez. Cronos: Dios griego del tiempo. HEBE (La juventud está de nuestro lado, pero al caer de Nix se habrá marchado; escoltada por dos alas tenebrosas nos dirá: "¡No volveré!", mientras la diosa se la lleva en viaje de humo camuflado). Se posa el arrebol en tus mejillas, la desnudez es tu mejor vestido. En la flexible jaula de ese pecho el palpitar retumba colorido. Herculeanas columnas son tus piernas. El cabello, abundancia de gramilla. Son de junco o tronco de palmera, los huesos que te forman las costillas. (La hermosa Hebe está de parte nuestra, pero de Cronos es aliada siniestra. Celebraron cierto pacto sempiterno por el cual la carne medra a su gobierno sin dejar de nuestro ser siquiera muestra). Son látigos, minúsculos y arqueados, las pestañas que te orlan la mirada. Son caireles de diamante o de zafiro tus lágrimas de alegre enamorada. Son tus dedos diez pétalos de dalia, que al sentarte pacífica entrelazas. Y dos pétalos de la escarlata salvia son tus labios rezumando su melaza. (Por la puesta viene Geras, se aproxima y aunque lento el paso no se desanima; parsimonia repulsivamente injusta: poco tiempo dura el cuerpo que nos gusta porque cada arruga nueva lo lastima). Mira el cromo que replica tu reflejo y dedícate a admirar la contextura. Acaricia la turgencia de tus senos, presionándolos, comprueba su ternura. Mira el vientre, las caderas, el ombligo. Mira el talle en tu cintura, los talones, esos muslos, las rodillas, los tobillos. Nunca olvides que del cielo son tus dones. (Llegará el día en que mi beldad desista). - ¡Deja ya los pensamientos pesimistas! ¡Ojalá que las pulsiones de tu espina y los glóbulos veloces de tu sangre, te recuerden al vibrar que todavía queda mucho hilo de vida en el estambre!
Último de los dioses a ser presentado antes de publicar el poema "Hebe". La noche ha suscitado buenas y malas inspiraciones desde tiempos inmemoriales. Particularmente, me gusta verla vestida de características femeninas, actitudes benevolentes y acciones sosegadas. Es tiempo de aprender sobre ella, la madre de todas las "oscuridades" humanas. CONOCIENDO A: "NIX" En la mitología griega, "Nix", "Nyx" o simplemente "Noche" era la diosa primordial de la noche. También es llamada "Nicte" y en los textos romanos que tratan este tema griego, su nombre se traduce como "Nox". En la Teogonía de Hesíodo, la Noche nació del Caos. Su descendencia es mucha, y reveladora. Con su hermano Érebo (Oscuridad), la Noche concibió a Éter (Puro brillo, Luminosidad) y Hemera (Día). Más tarde, por sí misma y sin intervención masculina, Nix engendró a Moros (Destino), Ker (Perdición), Tánatos (Muerte), Hipnos (Sueño), Geras (Vejez), Ezis (Dolor), Apate (Engaño), Némesis (Castigo merecido), Eris (Discordia), Filotes (Amistad, Ternura), Momo (Burla), las Hespérides (Hijas de la Tarde), los Oniros (los Sueños), las Keres (Espíritus de la destrucción y muerte) y las Moiras (Hados), correspondiéndose estas dos últimas con Ker y Moros respectivamente. En su descripción del Tártaro, Hesíodo añade que Hemera, quien ahora es hermana de la Noche en vez de su hija, abandonaba el Tártaro justo cuando Nyx entraba en él; cuando Hemera volvía, Nyx se marchaba. En el Libro 14 de la Ilíada de Homero hay una interesante cita de Hipnos, el dios menor del sueño, en la que recuerda a Hera un antiguo favor después de que ésta le pida que haga dormir a Zeus. Hipnos hizo dormir anteriormente a Zeus una vez a instancias de Hera, lo que le permitió causar grandes infortunios a Heracles (quien regresaba por mar de la Troya de Laomedonte). Zeus montó en cólera y habría arrojado a Hipnos al mar si éste no hubiera huido asustado hasta Nix, su madre. Hipnos sigue diciendo que Zeus, temiendo enfadar a Nix, contuvo su furia y de esta forma Hipnos logró escapar. La Noche adquirió un papel incluso más importante en varios poemas fragmentarios atribuidos a Orfeo. En ellos, la Noche es el principio fundamental junto con su padre Caos. La Noche ocupaba una cueva o adyton, donde da oráculos. Urano —que está encadenado dentro, dormido y borracho de miel— sueña y profetiza. Fuera de la cueva, Adrastea tañe címbalos y golpea su tympanon, moviendo el universo entero en una eufórica danza al ritmo del canto de Nix. El tema de la cueva u hogar de la Noche, allende el océano (como en Hesíodo) o en algún lugar al borde del cosmos (como en el orfismo) puede haber tenido su eco en el poema filosófico de Parménides. Nix también es primer principio en el coro de apertura de Las aves de Aristófanes, que puede ser de inspiración órfica. Aquí también es la madre de Eros. En otros textos puede ser también la madre de Caronte y Ptono con Érebo. En Grecia, la Noche rara vez es destinataria de cultos. De acuerdo con Pausanias tenía un oráculo en la acrópolis de Megara. Más frecuentemente, Nix merodea en el fondo de otros cultos. Por eso había una estatua llamada Noche en el templo de Artemisa en Éfeso. Los espartanos rendían culto al Sueño y a la Muerte, concebidos como gemelos: sin duda la Noche era su madre. Títulos de culto compuestos por la partícula nix- eran otorgados a varios dioses, notablemente a Dioniso Nyktelios (‘nocturno’) y Afrodita Philopannyx (‘la que ama la noche entera’).
Si han leído sobre los personajes anteriores, seguro estarán asombrados de la inventiva y el imaginario aqueos. ¿Qué duda cabe? Todas las mitologías son atrapantes, llámense nórdicas, egipcias o japonesas. Me embarqué en este tema por la amplísima variedad de tópicos que incluye cada mito. En todas las historias y leyendas, podremos encontrar una síntesis del universo humano, un compendio de sentimientos verdaderos y pasionales, un sumario de acciones que se pueden suceder en la misma realidad. Ahora, ¡acompáñenme a conocer otra de las deidades que serán incluidas en el poema “Hebe”!
CONOCIENDO A: "GERAS"
En la mitología griega Geras era la personificación de la vejez y era tenido como compañero y preludio inevitable de Tánatos, la muerte. Su opuesta, lógicamente, era Hebe, la diosa de la juventud. Su equivalente en la mitología romana era Senectus.
Se le representaba como un hombre encogido y arrugado, y posteriormente como una triste mujer apoyada en un báculo y con una copa que mira a un pozo donde hay un reloj de arena, alegoría del poco tiempo que le queda de vida. Algunas vasijas del siglo V a. C. muestran una escena de Geras con Heracles. Al perderse el relato que pretendían plasmar se ha interpretado como una alegoría de la victoria del héroe sobre la vejez (Heracles murió joven) en las vasijas en las que se le pintaba manifiestamente superior a Geras e incluso asiéndole de los cabellos; o como un intento del héroe de conocer qué era hacerse viejo (en una vasija en la que ambos aparecen hablando en posición de igualdad).
Como muchos de los dioses oscuros, era hijo de Nix, sola o con Érebo. Los autores antiguos resaltaban su inmisericordia, pues sólo los dioses estaban libres de su poder destructor y se decía que sólo Afrodita sabía cómo posponer sus efectos. Un ejemplo de este ensañamiento es la historia de Titono, el amante al que Eos hizo inmortal, pero olvidándose de hacerlo eternamente joven. Con el tiempo Titono se convirtió en una masa decrépita de huesos y piel que suplicaba se le diera muerte. Fue abandonado por su amada y acabó convirtiéndose en una cigarra. Este poder de Geras sobre los mortales influyó en sus relaciones amorosas con dioses, como la de Afrodita, que no se permitió amar a Eneas más de una noche, o Marpesa, que rechazó a Apolo para que no le abandonase cuando llegara a vieja.
Los dioses respetaban a Geras, pues querían recibir sus honores y valoraban la experiencia que aportaba la vejez, por eso le permitían morar en el Olimpo. También se le veía como el que ponía punto final a las tiranías y los hechos injustos que Geras hacía que no fueran eternos. Sin embargo, sus lógicos efectos de debilidad y decadencia eran temidos y aborrecidos por todos.
Algunos autores afirman que cuando Zeus castigó a los hombres enviándoles a Pandora, la primera mujer, quiso extender su maldición y envió con ella a Geras, de tal forma que los hombres, por miedo a llegar a viejos sin la ayuda de sus hijos, no evitaran el contacto con las mujeres y escaparan al castigo.
Geras tenía un templo en Atenas y un altar en Cádiz, donde la profunda religiosidad de sus habitantes les hacía rendir culto incluso a la muerte.
Ya hemos conocido a Hebe, virginal diosa griega de la juventud y principal símbolo-metáfora del próximo poema a subir. Ahora es momento de emprender un viaje al principio de principios, cuando la humanidad ni siquiera había sido concebida en la mente de Prometeo. Allí reinaban los dioses primigenios, padres del cosmos y del caos, hasta que un día un osado supo erigirse su propio reino gracias a una afilada hoz. Aquél dios no era otro sino el imponente y terrible Chronos, dios del tiempo. ¡Aprendamos un poco sobre él, puesto que es el tema central de mi nuevo poema!
CONOCIENDO A: “CHRONOS”
En la mitología griega, Crono o Cronos (en griego antiguo Κρόνος Krónos, en latín Cronus) era el principal (y en algunos mitos el más joven) de la primera generación de titanes, descendientes divinos de Gea (la tierra) y Urano, (el cielo). Crono derrocó a su padre Urano y gobernó durante la mitológica edad dorada, hasta que fue derrocado por sus propios hijos, Zeus, Hades y Poseidón, y encerrado en el Tártaro o enviado a gobernar el paraíso de los Campos Elíseos.
Se le solía representar con una hoz o guadaña, que usó como arma para castrar y destronar a su padre, Urano. En Atenas se celebraba el duodécimo día de cada mes (Hekatombaion) una fiesta llamada Cronia en honor a Crono para celebrar la cosecha, sugiriendo que, como resultado de su relación con la virtuosa edad dorada, seguía presidiendo como patrón de la cosecha. Crono también fue identificado en la antigüedad clásica con el dios romano Saturno.
En el antiguo mito registrado por Hesíodo en su Teogonía, Crono envidiaba el poder de su padre y gobernante del universo, Urano. Éste se había ganado la enemistad de Gea, madre de Crono y los demás Titanes, cuando escondió a sus hijos gigantes menores, los Cíclopes de un solo ojo y los Hecatónquiros de cien brazos, en el Tártaro para que no vieran la luz. Gea creó una gran hoz de pedernal y reunió a Crono y sus hermanos para convencerlos de que matasen a Urano. Solo Crono estuvo dispuesto a cumplir su voluntad, así que Gea le dio la hoz y le hizo tender una emboscada. Cuando Urano se encontró con Gea, Crono lo atacó con la hoz y lo castró. De la sangre (o, según algunas pocas fuentes, del semen) que salpicó en la Tierra surgieron los Gigantes, las Erinias y las Melias. Crono arrojó al mar la hoz (que dio origen a la isla de Corfú) y los genitales amputados de Urano. A su alrededor del miembro surgió una espuma de la que emergió Afrodita. Por esto, Urano juró venganza y llamó a sus hijos titanes (según Hesíodo ‘los que abusan’, la fuente del nombre «Titán», pero esta etimología está discutida) por exceder sus límites y osar cometer tal acto.
Tras derrotar a Urano, Crono volvió a encerrar en el Tártaro a los Hecatónquiros y los Cíclopes, a quienes temía, y los dejó bajo la custodia de la monstruosa carcelera Campe. Subió al trono junto a su hermana Rea como reyes de los dioses. Esta época del reinado de Crono se denominó la edad dorada, pues la gente de entonces no necesitaba leyes ni reglas: todos hacían lo correcto y no existía la inmoralidad.
Crono supo de Gea que estaba destinado a ser derrocado por uno de sus propios hijos, como él había derrotado a su padre. Por ello, aunque fue padre con Rea de los dioses Deméter, Hera, Hades, Hestia y Poseidón, se los tragaba tan pronto como nacían. Cuando iba a nacer su sexto hijo, Zeus, Rea pidió a Gea que pensara un plan para salvarlos y que así finalmente Crono tuviese el justo castigo a sus actos contra su padre y sus propios hijos. Rea dio a luz en secreto a Zeus en la isla de Creta y entregó a Crono una piedra envuelta en pañales, también conocida como Ónfalos, que éste tragó enseguida sin desconfiar creyendo que era su hijo.
Rea mantuvo oculto a Zeus en una cueva del monte Ida en Creta. Según algunas versiones de la historia, Zeus fue criado por una cabra llamada Amaltea, mientras una compañía de Curetes o Coribantes, bailarines armados, gritaban y daban palmadas para hacer ruido y que así Crono no oyese los llantos del niño. En otras versiones Zeus era criado por una ninfa llamada Adamantea, que lo escondía colgándolo con una cuerda de un árbol, de forma que quedara suspendido entre la tierra, el mar y el cielo (sobre los que gobernaba su padre, Crono). Incluso en otras versiones, Zeus era criado por su abuela Gea; por una ninfa llamada Cinosura, a quien en agradecimiento Zeus subió entre las estrellas tras su muerte; o por Melisa, hija de Meliseo, rey de Creta que junto a sus hermanas Ida y Amaltea escondieron al pequeño Zeus en una caverna del monte Ida, en la Isla de Creta y lo alimentaron con miel y la leche de Amaltea.
Cuando hubo crecido, Zeus usó un veneno que le dio Gea para obligar a Crono a regurgitar el contenido de su estómago en orden inverso: primero la piedra, que se la dejó a Pitón bajo las cañadas del Parnaso como señal a los hombres mortales, y después al resto de sus hermanos. En algunas versiones, Metis le daba a Crono un emético para obligarlo a vomitar los niños, y en otras Zeus abría el estómago de Crono. Tras liberar a sus hermanos, Zeus liberó del Tártaro a los Hecatónquiros y los Cíclopes, quienes forjaron para él sus rayos, el tridente para Poseidón y el casco de oscuridad para Hades. En una gran guerra llamada la Titanomaquia, Zeus y sus hermanos y hermanas derrocaron con la ayuda de los Hecatónquiros y los Cíclopes a Crono y a los otros Titanes. Tras esto, muchos de ellos fueron encerrados en el Tártaro.
Los relatos sobre el destino de Crono tras la Titanomaquia difieren. En la tradición homérica y hesiódica, fue encarcelado con los demás Titanes en el Tártaro. En los poemas órficos, fue encerrado por toda la eternidad en la cueva de Nix. Una interpolación en “Trabajos y días” indica que Crono fue luego liberado por voluntad de Zeus, y que desde entonces fue rey de las islas de los Bienaventurados. Píndaro muestra la influencia de esta versión en algunos versos. También describe su liberación del Tártaro, siendo entonces coronado rey del Elíseo por Zeus.
Mientras los griegos consideraban a Crono una fuerza cruel y tempestuosa de caos y desorden, creyendo que los dioses olímpicos habían traído una época de paz y orden al arrebatar el poder a los groseros y maliciosos Titanes, los romanos adoptaron una visión más positiva e inocua de esta deidad, al refundirla con su dios indígena Saturno. Consecuentemente, mientras los griegos consideraban a Crono una mera etapa intermedia entre Urano y Zeus, fue un aspecto mucho más importante de la mitología y religión romanas: la Saturnalia fue una fiesta celebrada en su honor, y existió al menos un templo a él dedicado ya en la antigua monarquía romana.
Su asociación con la edad dorada terminó haciendo que se convirtiera en el dios del «tiempo humano», es decir, los calendarios, las estaciones y las cosechas (aunque no debe ser confundido con Chronos, la personificación sin relación alguna del tiempo en general, como sucedió con frecuencia entre los investigadores alejandrinos y durante el Renacimiento). Como resultado de la importancia de Crono para los romanos, su variante romana, Saturno, ha tenido una gran influencia en la cultura occidental. El séptimo día de la semana judeocristiana se llamaba en latín Dies Saturni (‘Día de Saturno’), en lo que supone la fuente del nombre de este día en idiomas como el inglés (Saturday). En astronomía, el planeta Saturno recibe su nombre del dios romano, siendo el más externo de los objetos celestes visibles sin ayuda.
En ocasiones, Cronos hace referencia a la forma en la que ciertas condiciones impiden el desarrollo de algo. Es pues una metáfora que compara el impedimento de iniciar un proyecto con la manera en la que Cronos devoraba a sus hijos.
¡Vamos preparando terreno para el próximo poema!
Como he dicho, el libro tiene mucho de mitología griega y, por supuesto, es necesario conocer un poco más de ella para entender el contenido de la obra.
El siguiente poema a publicar tiene por nombre “Hebe”, en honor a la diosa de la juventud griega. No omito comentar que a su vez también aparecerán otras impresionantes deidades como el irascible Chronos o el decrépito Geras, pero de ellos les contaré luego, ¿sí? Mientras tanto, centrémonos en ella: la divina fémina que endulzaba con rubor las mejillas de tantos tímidos mortales.
CONOCIENDO A: “HEBE”
En la mitología griega, Hebe (en griego antiguo Ἥβη Hêbê) era la personificación de la juventud, descrita como hija de Zeus y Hera. Según la Ilíada, Hebe era la ayudante de los dioses: llenaba sus copas con néctar y ambrosía, ayudaba a Hera a enganchar los caballos a su carro, y bañaba y vestía a su hermano Ares. Según la Odisea, se casó con Heracles tras la apoteosis de éste, siendo sustituida en sus labores por el joven príncipe troyano Ganimedes (quien había sido raptado por el propio Zeus transformado en águila). Sin embargo, tradiciones posteriores contaban que había sido madre con él de dos hijos, Alexiares y Aniceto.
Era una divinidad con el poder de rejuvenecer a los ancianos, como hizo en una ocasión con Yolao por un día cuando éste iba a luchar con Euristeo, o de envejecer a los niños, como hizo con los hijos de Alcmeón, para que pudiesen vengar su muerte en manos de los hermanos de su primera esposa: Arsíone.
Su madre presidía todos los matrimonios. Se la consideraba el modelo a que toda mujer en edad de casarse debía aspirar y se la representa como una joven con la mirada alegre, bella y muy sencilla. En el arte solía ser representada llevando un vestido sin mangas.
Fue adorada en Atenas, donde tenía un altar en el Cinosargo, cerca del de Heracles. Con el nombre de Γανυμηδα Ganimeda (femenino de Ganimedes) o Δια Dia, fue también adorada en una arboleda sagrada en Sición y Fliunte.
Su equivalente en la mitología romana era Juventas, siendo tradición que los muchachos le ofrecieran una moneda cuando vestían por primera vez la toga de los adultos: la toga viril. Juventas fue adorada desde época muy temprana, pues su capilla en el Capitolio existía antes de que se construyese el templo de Júpiter. Otro templo de Juventas, situado en el Circo Máximo, fue jurado por el cónsul Marco Livio tras la derrota de Asdrúbal, en el 207 a. C., y consagrado 16 años después.