Correspondencias espaciales haciendo contacto
Estimadas Regina y Daniela,
Me he topado con sus correspondencias y me ha llamado mucho la atención el tema que han estado llevando a lo largo de estos meses. Mi proyecto con mi compañera y amiga Carolina ha ido en un hilo conductor similar al de ustedes, por lo que me parece que pude seguir su línea de pensamiento bastante bien. El tema de la ética en cualquier profesión se vuelve realmente importante, pues si nos ponemos a pensarlo, todas nuestras acciones tienen repercusiones que afectarán a los que nos rodean. Si no tenemos un eje moral que seguir al momento de tomar decisiones, terminamos en grupos no controlados que sólo ven por sus propios intereses, sin interesarse qué pueda suceder a su alrededor.
Se vuelve de suma importancia la creación de una ética congruente, donde nuestras creencias empaten con nuestras acciones. Quizás el problema de buscar crear una ética universal, sin embargo, se encuentra en el hecho de que la ética es completamente subjetiva y depende del zeitgeist del momento. Si viviésemos en la era feudal, podría considerarse correcto que el señor feudal tenga posesión de sus campesinos y los trate como le plazca, pues dentro de la cosmovisión de la era, sería visto como algo correcto. Como ejemplo más cercano a nuestra profesión, podríamos hablar por ejemplo sobre la explotación de materiales a inicios de la Revolución Industrial. Nadie vería como algo malo el utilizar el capital natural porque ayudaba con el progreso económico. Podríamos, sin embargo, seguir los consejos de una lectura que tuve la oportunidad de revisar hace unas semanas. En esta lectura, se habla sobre la búsqueda de una ética mundial. El autor sugiere que se basen las reglas de la ética en los preceptos básicos de las distintas grandes religiones del mundo. Ideas tan sencillas como ‘no matarás’, ‘no causarás daño’, ‘ayudarás a tus semejantes’, etc., nos dejan con líneas de guía fáciles de seguir. Buscamos quizás algo que nos permita llevar un camino moral donde el principal objetivo es no causarle daño a nadie a través de nuestras acciones.
Ahora bien, nos podemos preguntar, ¿Qué es lo que debe tomar en cuenta el diseñador ético? Si seguimos bajo la misma regla principal de no dañar al otro a través de nuestras acciones, podemos comenzar hablando del buen diseño. El buen diseño va mucho más allá de la intención inicial del diseñador, incluso más allá de las posibles interpretaciones que se le puedan dar a este diseño. El buen diseño debe poder comunicarse por sí solo en el contexto en el que es metido. Como nos diría Wittgenstein, se deben utilizar los mismos códigos de lenguaje para que exista esta comunicación. El buen diseño debe además tener una cara. El diseñador no puede presentar un mal diseño y esconderse en un anonimato que le permite evadir las responsabilidades de haber creado algo que no sirve. Incluso si ha tenido buenas intenciones, pero algo sale mal, el diseñador debe poder afrontar eso. Podríamos hacernos la pregunta, sin embargo,
¿Hasta dónde llega la responsabilidad del diseñador?
Debe existir además un respeto por el medio ambiente, tomando en cuenta que no basta con un bonito discurso vacío que, como mencionaban en alguna de las entradas, justifique la creación de una botella de plástico por el simple hecho de estar imitando formas de la naturaleza. Debe existir una ética de la sustentabilidad, como puedo decir menciono bastante en mi cuerpo de trabajo. Esta ética nos obliga, casi, a tomar en cuenta el bienestar de las personas, del ambiente y de la economía. Mientras más integral pueda ser nuestro diseño, mejor podrá ser considerado.
Claramente, tan solo contamos con algunas guías, bastante vagas a veces. Podemos tratar de ayudarnos entre nosotros (después de todo, el diseño se trata de un proceso colaborativo y no nos encontramos en un vacío), pero debemos utilizar todas las herramientas que podamos para llegar quizás a unas guías sólidas en las que nos podamos apoyar si queremos ser diseñadores éticos. Puedo proponer, por ejemplo, no mentirnos y seguir lo que consideremos correcto, mientras no sea dañino. No debemos ir por el camino de la ‘prostitución laboral’, como mencionaron en varias de sus cartas. Es de suma importancia el tener un criterio personal que nos guíe y nos permita tomar decisiones duras, aunque a veces nos puedan costar un proyecto. Me parece que aquel ejemplo que dieron de su compañero que no hizo un exprimidor de resina por sus principios es completamente loable. Es importante poder salir de la zona de confort a veces, siempre y cuando no tengamos que comprometer nuestros valores fundamentales.
En mi propio cuerpo de trabajo, menciono al ‘Uber designer’, el diseñador que aspiramos ser que es el paso siguiente. Me llama la atención que ustedes hablaron del ‘chingón políticamente correcto’, por llamarle de alguna manera, que no es egoísta y que es un diseñador moral que ayuda a los demás incluso cuando sobresale. Quizás este es el tipo de diseñadores que debemos aspirar a ser, diseñadores éticos exitosos tanto para el mundo como para nosotros mismos.
Quisiera terminar con una pequeña reflexión sobre la responsabilidad de la Universidad en la formación de una ética de trabajo. Me parece interesante que mencionan que es la misma Universidad la que parece incitarnos a la creación de historias superficiales que nos ayuden a vender nuestros productos. De esta manera, es muy fácil terminar colaborando con aquel marketing coercitivo que nos hace querer cosas que no necesitamos, apoyando a un sistema poco ético que se aprovecha de estas estrategias. A mi parecer, la Universidad nos debería estar enseñando a llevar un camino moral correcto, a ser empáticos y ayudar a los demás, a aprender a mejorarnos a nosotros mismos como diseñadores y a apreciar el tiempo con el que disponemos (sobre todo para administrarnos y no tener que entregar trabajos mediocres). Debemos seguir intentando llegar a estos objetivos, aunque a veces parezcan ser inalcanzables, pues si logramos un avance, estaremos más cerca de ser diseñadores íntegros que apoyan a su sociedad con un buen diseño.
Muchas gracias por compartir sus correspondencias y sus ideas con nosotros,
Un cálido saludo,
María José Gómez, co-autora de correspondenciasespaciales













