Los confines invisibles del sistema binario
Termina el tiempo de este semestre como arena corriendo entre nuestros dedos. Pronto llegará el fin, mucho más rápido de lo que esperaba, y nos quedaremos sin un tema de conversación predeterminado para continuar con este formato. Como dices, claro, no significará el fin de la historia, sino tan solo el cierre de un capítulo en nuestras conversaciones.
Creo comprender tu punto de vista, pues yo misma me siento atacada cuando escucho algo que va contra mis ideales. Sin embargo, y me parece un buen momento para introducir nuestro tema de conversación de la semana, ¿no nos puede ayudar el deconstructivismo a resolver este pequeño dilema? Según lo que nos dice Jacques Derridá, estamos acostumbrados a simplificar las cosas y ver todo en extremos. Como decía el video de Derridá, todo lo tenemos dividido en categorías binarias, masculino/femenino, bueno/malo, blanco/negro, etc. Todo se tiene que mover para encajar en estas categorías y es entonces cuando terminamos con pequeñas cajas dictando qué tenemos que ser. Me podría desviar ahora a una conversación sobre género, pero quizás, tristemente, no es el momento. Sin embargo, mi punto es que como sociedad estamos ya tan acostumbrados a estas ‘cajas’, a estos estereotipos que vienen acompañados de estas visiones binarias, que ver algo que se sale de nuestras expectativas, de nuestra perspectiva, nos causa graves conflictos. Es quizás, lo que discutimos sobre la hermenéutica, donde no empatan los horizontes, o donde incluso tras una reinterpretación, se queda atorada una misma perspectiva. El deconstructivismo nos dice que debemos recordar que nuestra visión no es una verdad absoluta, sino tan solo un punto de vista, por lo que vale la pena ver otros puntos de vista y enriquecernos de éstos. De esta manera quizás podemos sacar a la luz todas estas injusticias que están plagando a nuestra sociedad hoy en día, tan solo con poder reconstruir nuestra propia perspectiva con ayuda de otros puntos de vista. De esta manera, me parece que el deconstructivismo es extraordinario. En la teoría nos ayuda a cuestionarnos estructuras, el sistema binario de valores, el mismo valor de las cosas. Sin embargo, ¿qué pasó en la práctica? Tenemos la arquitectura deconstructivista, el diseño deconstructivista. ¿A quién se le ocurrió que era una buena idea hacer tal basura? Quizás siga cumpliendo un propósito al hacer que nos cuestionemos preceptos que tenemos ya del diseño, pero ¿a qué costo? Siempre he dicho que el movimiento deconstructivista (por lo menos como se ve actualmente) se trata de la antítesis del ecodiseño. Si tenemos estructuras de placas de metal que deben ser cortadas una por una porque el diseño arquitectónico pide una superficie curva, se termina gastando mucho más material, mucha más energía. No es un proceso eficiente, como sucede en la naturaleza. Tú misma mencionas que debemos apegarnos a los proceso de la biomimética, utilizando a la naturaleza como nuestra mentora. Si seguimos haciendo este tipo de piezas, meros caprichos de un diseñador sin escrúpulos, seguiremos perpetuando la idea de que el diseñador sólo, como nos decía cierto maestro, hace ‘basuritas’. Claramente existen algunas excepciones que nos logran dar un discurso bastante interesante, pero en su mayoría creo que se tratan de monumentos o de objetos en un museo. A mi parecer, si se desea hacer un discurso deconstructivista, no debe salir de estos espacios, pues a final de cuentas, no se trata más que de eso, de un discurso para cambiar paradigmas, no de un objeto funcional.
El cambio de paradigma que buscamos, sin embargo, me parece que va por otro camino. Debemos dejar de tratar de cambiar a nuestro entorno a nuestro parecer y aprender a convivir con nuestro sistema nuevamente. Debemos de dejar el egocentrismo de lado, esa necesidad de ver sólo por nosotros mismos, y crear empatía entre individuos y comunidades. Esto es un paso muy importante para el ecodiseño también, pues se requiere atender a los cuatro pilares de la sustentabilidad. Me agrada tu referencia al documental (me parece que te refieres a los de Nature’s Microworlds de la BBC; si no, ahí también hablan del Okavango) y me parece muy pertinente. Para que un ecosistema de recursos finitos funcione, necesitamos colaborar entre todos para que todos salgamos beneficiados. Puedo incluso decir que este tipo de colaboraciones sí se ven fuera del mundo occidental, sobre todo en lugares donde existe una convivencia en comunidad y no se separa al individuo por familias nucleares. Después de todo, ¿qué mejor para crear empatía entre individuos que conociendo a los que les rodean?
La colaboración interdisciplinaria se vuelve quizás la solución más pertinente, pues en este tipo de equipos se tiene ya el intercambio de distintos puntos de vista, de conocimiento profundo de muchas áreas, lo que nos brinda resultados mucho más enriquecedores. Si buscamos un deconstructivismo productivo, puede que aquí se encuentre la solución. Debemos de dejar de querer devorar todo lo que se encuentra a nuestro paso y tomar un paso atrás para reconocer nuestros errores y enmendarlos. Como el mismo personaje Sin Cara, hacia el final de la película.
Ya que mencionas este tipo de prácticas como en ‘The Purge’, no puedo evitar pensar en festividades que se han celebrado en el mundo desde hace años, el Carnaval, la noche de Walpurgis y demás festividades basadas en el exceso, en la celebración. Estas festividades se supone que se llevan a cabo justamente como un pequeño escape de la vida cotidiana, donde debemos comportarnos como dicta la sociedad. Son heterotopías donde las reglas normales no tienen validez. No estoy segura qué tanto hayan funcionado hasta ahora, si te soy sincera. Quizás existen otros métodos que no se basan en voltear todo de reversa (como en El Jorobado de Notre Dame) sino en algo que pueda ser aplicado todos los días, donde la gente no se sienta reprimida y con la necesidad de tener que sacar todos sus ‘impulsos de exceso’ en un día en particular. Pero claro, esto puede agregarse a nuestra lista de utopías. Sin embargo, creo que el limitar algo sólo nos hace querer tratar de llegar a ese límite, por lo que eventualmente se vuelve contraproducente. Mi pregunta va por un camino similar. Como diseñadores, ¿qué límites nos debemos aplicar? ¿O te parece que es bueno dejarlo al criterio moral de cada diseñador?
Saludos y un cálido abrazo,