El sentimiento me invadió tan fuerte que esta vez no fue un nudo en la garganta lo que tuve que aguantar. Ahora sentí que mi garganta se desgarraba por completo. Pero no pude gritar, pues no servía de nada. Lo único que pude hacer fue retener las lágrimas y esperar a que no tuviera que pasar mucho tiempo hasta que pudiera estar sola. Sola para poder desplomarme y llorar, para liberar entre sollozos silenciosos esta tristeza que parece ser ya parte de mí, y que día tras día pesa más en mi corazón.






