Se ahoga en el recuerdo de la tarde de abril
en que los centímetros la separaba
de lo único que podía salvar su alma
de aquél pecado cometido sin pena
en firme decisión de poner punto final
a lo que con amor se creó,
una vida castigada
por la subjetividad del desconocido.
Su cuerpo tembloroso
ansioso de encontrar en aquellos ojos
una señal o el camino
que la haga olvidar lo vivido.
El cielo le daba
la fuerza que necesitaba para no huir
y aquella presencia
conectando con la suya,
buscándola entre la gente
para decirle que todo iba a estar bien.
Se ahoga en el recuerdo
de un otoño en llantos
donde creía que no iba a perderla
ahora que llegó la primavera
y ya no la encuentra.













