La vida de mis mascotas me importan más que el antojo de tu criatura
Una de las cosas buenas del edificio en el que vivo es que tiene departamentos chicos. Esto, sumado a que el alquiler es algo elevado debido a su cercanía al centro de la ciudad, hace que no sea una buena opción para familias con prole. Con una sola habitación. no es conveniente siquiera tener bebé. Tampoco mascotas a partir de cierto tamaño (excepto la vecina de la planta baja, que tiene el jardín).
De tanto en tanto vienen visitas. La madre de la chica de abajo, las amistades adolescentes de alguien que aún no identifico y parece ser muy joven también, la madre de un muchacho con una moto que vive en un piso distinto al mío.
Nadie recibe la visita de gente con criaturas, pero si lo hiciesen, sé que se preocuparían por sus mascotas.
Me gustan los animales, en especial si son adorables, peludos, se dejan tocar, no me toman de baño y no están mugrientos. De momento no tengo ganas de cuidar de ningún ser vivo, ni siquiera una planta, así que no tengo mascota. Me acuerdo de cómo era yo de nena con los animalitos, y luego me imagino esa manos regordetas acercándose a un animalito pequeño e indefenso.
“Oh, no te hagas problema, no le va a hacer nada” dirá la madre agotada, el padre superado, con el cansancio y el estrés convienciéndoles que es mejor dejar a la criatura hacer lo que quiera. Y no, no quiero esas manos cerca de mis futuras mascotas.
Quizás adore a los animalitos, pero no controle su fuerza. O piense que es un juguete. O apriete demasiado y el animalito le muerda (y el posible revoleo a la pared de la bolita peluda). Quizás el perro se ponga nervioso y le muerda, o el gato le arañe. O quiera tocar a los peces (yo lo intenté cuando era chica, pero los pescaditos no se dejaban, y por supuesto lo hice sin permiso y lejos de la mirada de mis padres). O le pegue. O se le suba encima y pretenda que el perro haga las veces de caballo (mi hermana menor lo intentó, y no funcionó). O le tire de la cola o las orejas o del pelo, y se enoje cuando le digo que deje en paz al animal.
O haga berrinche cuando le diga que no, que no puede tocar ni jugar con la mascota.
El agotamiento, el estrés, la falta de sueño de la madre o padre, y la energía de la criatura (más aún si es berrinchuda) puede resultar en una vida donde el nene o la nena mande y que nadie ponga en duda su autoridad. Y si quiere tocar al conejillo de indias lo va a tocar, aunque la dueña de casa le diga no. Seguirán las miradas agobiadas de sus progenitores, la discusión, el berrinche infantil, el inevitable intento de tocarlo igual y la dueña de casa alejando al bichito de su alcance o agarrando la mano infantil, diciéndole con tono firme un “NO” que la criatura no acostumbra oír.
Las madres y padres primerizos tienen, a veces, una etapa en donde siguen saliendo, llevando a su criatura, hasta que se dan cuenta que no pueden, que nadie les invita, que les dicen que no es para bebés el evento y cosas así. En el caso de las mascotas, la pregunta es algo en el tono de si prefieren a su mascota antes que a ellos.
Siendo honesta, si tuviera mascota, no la pondría en riesgo, colocándola al alcance de una criatura. El animalito depende de mí, y no pienso arriesgar su vida para que tu criatura no haga berrinche. Mi casa, mis reglas. Puedes pedir que saque al gato si tienes alergia, o encierre al perro si tienes fobia, pero sigue siendo mi casa y hay reglas que debes respetar. De última, iremos a otro lugar donde no haya animales, pero sí, mi mascota es más importante, para mi, que tu bebé chillón, tu nena berrinchuda, tu adolescente imbécil o tu nene con manos pegajosas y rudas.