Había una figura esbelta sentada sobre algunas de las piedras a la orilla del río, cual como si se tratara de una ninfa, sus curvas competían con las de sus hebras cayendo por su espalda. Sus piernas estaban sumergidas en el agua, esta se sentía maravillosa, claro está. Un tiempo relajado en medio del bosque le venía bien y no le importaba ni siquiera encontrarse cubierta solo con su largo cabello que brillaba de forma bella con el sol.
Tras su espalda se encontraba Flynn y, a pesar de realmente actuar como un tonto la mayor parte del tiempo, confiaba en él. Tenía un carácter que la sacaba de quicio, pero le demostraba ser un caballero. Sabía que no le pondría un dedo encima y por eso podía descansar de ese modo en el agua. Él no haría nada que ella no quisiera, eso pensaba. Sus manos grandes junto con los musculosos brazos solo podrían protegerla y no forzarla.
Pero como toda mujer, sabía que tenía cierto poder sobre él si manejaba bien sus encantos. Sonrió de forma ladina y hasta rió, mientras cepillaba su cabello con los dedos. No había pierde, de la forma en que ella lo viera. No le desagradaría tampoco si su guardián sabía convencerla de quizás iniciar un divertido juego de seducción en medio del agua.
Hazel aguardaría a ver si él haría aparición.