Una residencia en un colegio. SUPERFICIES SUMERGIBLES.
“La práctica de la imitación es la base de la educación artística”. M-A-Madero
“Cada superficie puede ser entendida como plano geométrico; cada piel puede ser considerada como película lisa, como envoltorio rasante, abstracto.”. C-Mesa
“La premisa es que todo está en el texto, incluso la imagen, solo que está en una parte invisible. El trabajo consiste en hacer visible lo que no se ve. Cuando uno lee por primera vez una obra, la lectura se hace con la capa más superficial del sistema nervioso, el neocórtex. Uno ve, lee, imagina y supone lo de siempre, pues en esa capa están instalados todos nuestros estereotipos. Entonces hay que ir desechando esos estereotipos poniendo a otras partes del sistema nervioso y eso se hace con la repetición, ahondando, abandonando en esa capa superficial los juicios de valor, los asentamientos teóricos sobre los que ya se ha tomado partido, las propias categorías morales. La primera lectura es moralizante, mi sistema nervioso es un sistema afectivo estereotipado. La lectura reiterada apunta a desarmar toda esa estructura codificada, preestablecida, prejuiciada. Eso toma tiempo y es tal vez el trabajo más difícil; consiste en deshacernos de nuestras categorías morales, de las categorías de conocimiento y de valor, y dejarse atravesar por otro sistema de valores, que es el del texto. Lo mismo ocurre con las imágenes, ellas están también cargadas de moralidad y prejuicios. El tiempo de la lectura es por ello largo, tenso, para penetrar en otro mundo, allí encontraremos las nuevas imágenes.” R-Abderhalden
La residencia para artista educador de NC-arte en el colegio Los Nogales es acerca del carácter colectivo y participativo que puede tener el arte, entendido como una serie de procesos de colaboración entre un artista y una comunidad. Este proyecto abre la oportunidad de vincularse a un colegio con el fin de aportar al debate contemporáneo en la búsqueda de metodologías y formas de encuentro entre el arte y la educación, proponiendo la residencia como un medio privilegiado de investigación y experimentación en la práctica. Obviamente esta premisa no asegura un éxito, tampoco un fracaso, no creo que la educación se rija por estos términos. Es fuera de éstos que el entorno comienza a usar un lenguaje que nos desvía de la importancia del proceso a la constante preocupación por obtener resultados, algo finalmente reduccionista y superficial.
Leyendo sobre superficies en un libro del autor Carlos Mesa: Superficies de Contacto. Adentro en el Espacio, aún desde su perspectiva filosófica, me gustaría abstraer una frase para usarla como punto de partida y de apropiación de una situación : “una superficie de separación es una superficie de contacto”; Un texto / Un tema / Un territorio / Un dibujo / Un mapa / Un hábito / Un juego / Una Narración / Una idea filosófica.
Para mí una residencia es como Un texto
El texto puede ser un libro; un libro compuesto de textos, no necesariamente de estructura lineal, ni jerárquica, más bien sin un orden preestablecido. Pero antes de que uno pueda considerar un libro, uno debe considerar lo que es tener un texto. Un texto es una matriz de palabras en papel; o, si no son palabras, otras cosas que deben leerse.
La residencia, como un texto, se lee dependiendo del contexto de cada lector, de los elementos que la compongan y el espacio tiempo en los que esté contenida; pero no como una superficie plana o vacía de separación sino como una superficie de inserción, de contacto, de sentidos y afectos. Hay una primera lectura de esa superficie que se puede atravesar dejándose afectar no sólo por lo que vemos; cada uno tiene sus propias formas de leer un texto y es sólo en el momento en el que es leído, que ese texto se encuentra o se des-encuentra con usted y su experiencia previa como lector. Esta lectura siempre sucede de diferentes maneras, de maneras distraídas mientras se hace otra cosa o imitando eso que se desconoce.
A partir de la idea de la imitación, de la copia, del remix, de la atención distraída, me he apropiado de un libro que me gusta, se llama UN ARTISTA (por Malena Pizani de Buenos Aires y editado por Big Sur Books), para hacer una versión que se llamaría UN AJEDRECISTA. He escogido este libro porque me genera curiosidad, me inquieta el carácter de sus palabras, su ejercicio de escritura riguroso e ineludible como usando las palabras para acercarnos a una idea de artista universal e individual al mismo tiempo, pero también para llevarnos a niveles de abstracción de las palabras como valores objetuales más que verbales que nos ayudan a imaginarnos un sujeto no un objeto, y una versión de artista como múltiples imágenes simultáneas.
Un tema
Cuando comencé en el colegio llevaba la idea de partir de un tablero de ajedrez y del juego como tal, retomando de los club de ajedrez su naturaleza y poder de abstracción, para hacer ejercicios de descomposición; pero sucedió que en el colegio ni me encontré con el club de ajedrez ni con el interés de descomponer un juego. Sonaba muy abstracto y Los Nogales se caracteriza por la búsqueda de lo concreto, siempre sabes por qué y para qué haces algo, entonces ¿por qué íbamos a inventar un juego sin reglas, ni lógica u objetivo final?
Pero hubo una primera discusión que tuvimos sobre las reglas del ajedrez y la posibilidad de crear nuevas reglas para un juego que no necesariamente tuviera que pasar en un tablero de 64 cuadrados. Pensamos en juegos mentales que nos pudieran poner en otro lugar, partiendo de preguntas que pudieran plantear hipótesis a una situación conjunta que estábamos viviendo.
¿Cómo jugar ajedrez sin jugar ajedrez? / ¿qué pasaría si el colegio existiera fuera del colegio? / ¿qué es lo primero que piensa cuando digo la palabra arte? / ¿qué cosas puedo / no puedo anticipar? / ¿y si fuera otro? / ¿prefiere que le den las reglas de un juego o inventarlas usted?.
Un hábitat fuera de sí. El colegio fuera del colegio.
Durante los primeros días me enfrenté a una rutina de la que era difícil hacer parte; horarios apretados, tareas, exámenes, eventos, programas. Pero el entorno físico, los distintos hábitats y su primera superficie de separación, permitió que pudiera entender los lugares a partir de sus usos y oficios, e inventar hábitos o maneras en las que me relacionaría con este lugar.
Cuando llegué la primera semana al colegio ese lugar era: un taller vacío, un entorno rodeado de árboles, campos de fútbol, una biblioteca muy activa con buenas ideas y buenos libros, un centro de artes con corredores amplios y distantes y salas de música, y un bio-refugio que imita ecosistemas propios de la Sabana.
Éste último ha sido mi lugar favorito, se llama Zasqua (en muisca significa algo como abrazar pero también echar agua), es un lugar que intenta lograr una sinergia de flora y fauna que se pueda observar de cerca y con la que se pueda experimentar de manera sostenible. A partir de la imitación, ha ayudado a involucrar programas de cualquier curso con las especificidades de lo que han creado allí, con sus lógicas de producción, rutinas de mantenimiento, métodos recursivos de participación, prácticas sensibles de observación, entre muchos otros hábitos, modos de dejarse afectar y de relacionarse con esta superficie.
Un hábito puede ser un mapa y un dibujo
Adquirí una rutina o un hábito durante los días que iba al colegio: recoger pequeñas ramas.
Este hábito se convirtió en una manía de mirar al piso y pensar en los fragmentos de un todo, en cómo atravesamos las superficies, en cómo mapeamos lo invisible, en cómo podemos dejarnos afectar por los entornos, cómo podemos imitar lo que vemos, o descomponerlo, moverse entre lo concreto y lo abstracto de lo que vemos.
¿Cómo podemos a partir de un objeto reconocible como una rama, abstraer otra cosa?:
un juego de pareidolia.
¿cómo podemos construir múltiples versiones a partir de los fragmentos de un todo?:
un juego de anagramas.
Una rama junto con otra rama, construyen un árbol, pero no cualquier árbol sino uno muy específico, ¿cómo podemos usar una rama de un árbol como un elemento de contacto entre superficies?
un juego de especulación.
“Every discourse is based on observation, but an observation isn’t the nature itself, it’s the nature exposed by our examination methods. And their meanings are as confused, provisional, and changeable as our thoughts.” David De Rozas.
Una narración
Sin hacer uso de técnicas o actos formales del arte, en los pocos encuentros que tuve con dos grupos de 4 chicas de concentración en artes de años 10º y 11º me pregunté ¿cómo podemos hablar del arte sin hablar de arte?, o, ¿cómo podemos hablar de ajedrez, producir pensamiento abstracto y disolver la noción de objeto de arte sin necesariamente hablar de ajedrez, o de arte?
Las conversaciones de corredor en el centro de artes solían ser entorno a una idea de arte como un oficio, una técnica, un tema, un resultado, algo bello, memorable y solemne. Con la idea de usar el ajedrez como metáfora y método por el que se alcanzan otras maneras de percibir el mundo visible, alcancé a pensar que a partir de las palabras podíamos percibir eso invisible del arte, usando el lenguaje escrito para imaginarnos ajedrecistas, no necesariamente artistas, que en un acto consciente de aprender sobre lo abstracto sin hacer pintura abstracta, terminaríamos haciendo visibles esas “imágenes mentales” que aparecen entre los textos aún sin tener fotografías o diagramas, o dibujos.
Escribir listas para UN AJEDRECISTA sería un hábito y ejercicio de descomposición, de pensamiento abstracto, para imaginarse en una serie de situaciones hipotéticas que a la vez rescataran hábitos y acciones cotidianas.
Un juego
Un juego puede suceder en cualquier momento. Puede prescindir de reglas o tener unas muy rígidas. La principal tarea del juego consiste en fijar unas instrucciones, o formas de llevar a cabo algo, inventar un conjunto de indicaciones para seguir un proceso. La historia del hombre, podría definirse a partir de estos inventos, a través de las relaciones con su entorno / hábitat y sus maneras de habitar. En inglés to play es jugar pero también to play es interpretar, ser un intérprete, ser quien representa un papel, en un juego somos tanto sujetos como objetos.
Esta residencia, tras el fracaso de generar un hábito de juego fuera de clase o del programa curricular, se terminó concretando en un libro-objeto y en una serie de elementos que pudieran registrar los hábitos que adquirí tras caminar para llegar al colegio y visitar clases de matemáticas, español, geografía humana, tecnología, cerámica e inglés donde las dinámicas de grupo consistían en la invención de situaciones hipotéticas, de ficción e intento de juego como una intuición de las formas en que aprendemos de nosotros mismos y sobre los otros; el juego entendido como un proceso de organización de recursos creativos útiles, de hábitos, para generar un momento de interacción, de interpretación, de invención, de estado emotivo y de comportamiento inusual para llegar a lo impredecible, a lo imitable, a lo modificable, etc.
Es curioso, terminar haciendo un libro-objeto es como leer de una manera distinta una residencia en un colegio, que pudiera tener más interpretaciones en un espacio fuera de sí, fuera del arte, fuera del salón, en una biblioteca, en un bio-refugio, en una deriva, en una salida de campo. Rescatando las conversaciones con las chicas, diseñé un tablero que serviría para construir instrucciones o distintas maneras de anticiparse a un proceso, sin preocuparse por el resultado.
Durante la residencia, no logré parasitar el área de arte en el colegio y salir del cubo blanco de una exposición que haría el grupo de concentración en artes; pero para terminar la lectura de esta residencia, sugerí en colaboración con las de la biblioteca y el centro de artes, hacer un ciclo de lecturas que sucederán durante una semana en el corredor frente a la biblioteca.
Monica Zamudio














