Para mí, el diario íntimo es un espacio de escritura múltiple. Dentro encuentro anécdotas, sentires, notas, pendientes, recordatorios y uno que otro garabato. En años recientes, al estar siempre en la mesita de luz al lado de mi cama, se convirtió también en una bitácora para el registro de mis sueños.
Me siento afortunada de poder decir que desde chica tengo una relación muy estrecha con los sueños, en especial porque siempre pude acordarme de ellos, y conservar sus imágenes en mi mente incluso días después de haberme despertado. Entiendo que no es equiparable a la experiencia de los sueños lúcidos, o su manipulación consciente, pero para mí, tener la capacidad de volver a ellos y recordarlos durante semanas era suficiente.
Hace unos días abrí mi diario porque sentí que tenía mucho que decir, pero antes de ponerme a escribir, noté que la última entrada era de abril; dos o tres meses en mute. Y antes de eso, otros tres o cuatro meses más, y así sucesivamente en casi un año. Ni sueños, ni anécdotas, ni sentires, ni notas, ni garabatos, ni nada.
Me di cuenta que desde que comenzó la pandemia, uno de los cambios que noté fue la falta de sueños, o mejor dicho, mi incapacidad para recordarlos. Con frecuencia los pienso en un intento de imaginarlos, de evocarlos para atraparlos, aunque sin éxito. Mariana Enriquez, en uno de sus cuentos, dice que hay tres grandes procesos en la vida del humano: el duelo, la mudanza y el despido. A eso le sumaría ‘una pandemia’, y yo palomée tres de cuatro en menos de dos años.
Hace unas semanas —coincidentemente invadida con estos pensamientos— asistí a Neuracama, la exposición individual de Elisa Malo en Unión. La muestra presentó parte del trabajo que la artista ha desarrollado durante su actual participación en el programa educativo de SOMA. El show, conformado por pinturas, dibujos, una litografía, textiles, y una gran instalación, se derivó de sus investigaciones alrededor del sueño lúcido.
Su cercanía y entendimiento de lo onírico destapó en mí esta preocupación que había arrastrado desde los inicios de la pandemia. Adentrarme en su mundo de sueños, me hizo voltear hacia el mío.
En las piezas de Neurocama, más que replicar las situaciones que experimenta en el sueño, Elisa reproduce lo que para ella representa un sueño, cómo se enuncia, más no lo que sucede dentro de él. En sus obras descubrimos escenas que aluden a la acción de soñar, personificaciones de pesadillas, fantasías que solo pueden encontrarse en la imaginación del inconsciente somnoliento. A su vez, damos con descripciones gráficas de las etapas o estadíos por los que atravesamos para llegar a la ensoñación. Puertas que conducen a ventanas que conducen a puertas. Glitches como el insomnio, la pesadilla, los viajes astrales, la parálisis del sueño o como es comúnmente apodada ‘subida del muerto’, que en lo personal encaja mejor con el tenebroso universo de Malo.
Elisa insiste reiteradamente en la naturaleza poco horizontal y rizomática de los sueños, así como en sus múltiples niveles —no solo constructivos, sino de interpretación— que logra asemejar con el uso de sábanas anudadas y retazos de ropa de cama que cuelgan del techo y cubren los muros del espacio.
Para la artista, contrario a lo que propone el psicoanálisis, los sueños no son extensiones o síntomas de la realidad, sino mundos autónomos, realidades alternas potencialmente habitables con ecuaciones internas que rebasan al mundo físico. Alcanzarlo implica una liberación del cuerpo que solo se logra con ejercicios metódicos que revolucionan la mente y la ayudan a estar consciente a la hora de acceder al inconsciente.
En mi caso, ni síntomas ni causas ni mundos alternos porque en este momento los sueños ni siquiera están a mi alcance. Se me escapan.
Atravesada por estas inquietudes decidí compartirlas con Elisa hacia el final de la visita. “Yo creo que le dejaste de prestar atención a tus sueños”, contestó.
¿Qué fue lo que sucedió en el último año como para que se haya modificado mi relación con el sueño?, ¿cuál fue la razón de que la aparición de registros de sueños, de garabateos o de confesión de sentires se volvieran cada vez más espaciados entre las hojas de mi diario?
Ahora entiendo que procesar el año y medio de pandemia me obligó a disponer tiempo y energía para adaptarme a los cambios que esta trajo, sin darme cuenta que estaba descuidando la fuente principal que hasta entonces ma había permitido obtener un entendimiento de mi mundo interior.
Finalmente puedo decir que de Neurocama aprendí que a los sueños hay que procurarlos y que si dejas de prestarles atención te condenan porque para mí, olvidarlos, o nunca haberlos recordado es un castigo comparable a que te despierten de un sueño del que no quieres despertar.
La pipa y la fuente #38: Elisa Malo – Imagen: «Actor 14» (2021), acrílico y tinta sobre papel, 15 x 20 cm. | Invitada: Elisa Malo (@_elisamalo_). Conduce Jesús Pacheco Vela (@peach_melba). | Transmisión: martes 27 de julio, 2021, 17:00-18:00 h por Radio Nopal.