Lo que viene, lo que va, lo que siempre está y lo que nunca duele.
Pensaba escribir muchas cartas, demasiadas felicitaciones y unos cuantos recuerdos, pero aquí estoy en líneas seguidas, en líneas sin limitación, en líneas sin rumbo fijo
Nunca he sabido despedirme, ni siquiera de un año, cómo vienen los recuerdos a mi, cómo quisiera cambiar este año, o un mes, siquiera un día. A veces las circunstancias nos hacen despedirnos, aunque no queramos, aunque sea muy temprano, aunque te mate por dentro. Por ser fin de año creo tener el derecho de escribir lo que desee, esta vez no me pondré a pensar en quien podrá leerme.
Gracias tiempo, por doblegar mi fuerza, gracias vida, por hacerme fuerte, gracias familia por romperse, gracias amigos, por todo, gracias amor, por los corazones rotos; Gracias año, por acabarte pronto.
Felicidades a los que me rodean, por tener una vida a la que pueden echar a perder, por tener un mundo a su alrededor, por seguir aquí, conmigo y sin mi.
Recuerdo el primer día del año, lágrimas, familia y vino, baile, besos y abrazos, diciembre, enero y un sólo deseo: Vivir. Recuerdo la primera risa, el primer enojo, la primera lágrima, el primer beso... y pensar que las personas causantes de tales cosas, simplemente vienen y van
Entraron personas, hicieron de las suyas, me hicieron feliz, me hicieron llorar, permití engaños, cometí errores, creí hacer el bien, terminé haciendo añicos, y el tiempo seguía pasando...
No debo olvidar la música, ella siempre fue constante. Canciones con recuerdos, canciones que duelen, canciones que nacen, canciones que crecen... música para todos, música que une.
¿Qué pasa con el amor? El amor es una osadía, el amor es un misterio, es un asco y a la vez una dicha. El amor no se exige. tampoco se quita, no se limita y siempre facilita muchas cosas, rara vez es, pero siempre se supone sentir. El amor es de dos, el amor es de todos, el amor no es, pero nosotros lo hacemos; el amo va y viene, de boca a boca, de mano a mano, de promesa a lágrimas y de herida a muerte.
365 días. Trecientos sesenta y cinco días que nos condujeron aquí, que nos hicieron ser quienes somos, que nos hicieron aprender, que se fueron sin avisar, que no volverán, pero que siempre estarán justo en donde deben de estar. Qué no debemos repetir, que no se deben debatir, que no merecen morir, que deben de continuar, ir por un número infinito, como el mar, los sueños y el dolor.