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Los caminos de la luz Sobre “Pixel” de Nicolás Manning en Campus Creativo UNAB, mayo 2017
“Pixel” de Nicolás Manning continúa la senda planeada e intuida desde el “El eterno brillo de los diamantes” (Galería Concreta, 2009) pero avanza a pasos agigantados la trayectoria propia del artista. Hoy Manning es capaz de verse a sí mismo y pensar sus etapas, algo que comenzó a gestarse en la instalación “Testigo” (Galería Tactile, 2015) y que se planteó como tal en “Mitos” (Galería Animal, 2016). En este mural Nicolás sabe que “Kodak” (Sin título, Matucana 100, 2010) puede ser obra, pero también trama. La descomposición geométrica en technicolor aparece referenciando el quiebre con la técnica y sus edades, y se apropia de una poética que hoy puede ser utilizada como un recurso más. Manning es Kodak, pero también es esos colores. Nicolás no es muralista, sin embargo, trabaja murales.
Testigo (Instalación)
El brillo de la espera
Noviembre 2015 en Galería Tactile, Santiago de Chile
Nicolás Manning es testigo. Testigo de algo que está por ocurrir o que tal vez ya ocurrió, pero que, sin embargo, atisba a incorporarse. Entre la confusión y la luz, el pop y el new age, la avanzada y el sopor vintage, el carácter de su obra reside en equidistar no solo de cierta sobriedad estética, sino que también de lo que comprendemos como espera, al poner en tensión el status del tiempo y su representación.
¿Es que acaso vuelve aquello que ya se ha ido? ¿Cómo regresaría si es que acaso regresase? O bien ¿cómo acceder a aquello que ha emprendido vuelo, sin emprender vuelo uno mismo? Pensar ese tiempo implica una pérdida fulminante, un agujero, un hoyo negro que opera como una fuerza capaz de centrifugar las imágenes hasta volverlas caleidoscopio. Eso fugado pone al límite nuestro pensamiento y, al mismo tiempo, nuestras percepciones. Por lo que, queriéndolo y no, Nicolás imprime sobre nuestro cuerpo, ropa y ojos, la sospecha de algo que al arribar se desintegra o bien, aparece evaporándose.
Así el pop de Manning se vuelve un pop paranormal. Responde a aquello residual que cuenta con un tiempo paralelo, fugándose del status quo y de la incontinencia discursiva del sentido común. Su obra interroga sobre cómo la cultura pop es destinada a sus remanentes, exhibiéndonos el resto resistente al consumo en el instante en que éste se torna memoria. Memoria infantil, memoria technicolor y/o memoria animada que urde la narrativa e identidad de un sujeto confiado en ser vestigio de sí, pero también reminiscencia de otro. De pronto, la abstracción de las formas, el brillo de sus colores y el vigor sólido de sus trazos componen un modo de rebeldía voyeur, donde el atestiguar aquello que escapa y se pierde en la espera (de sí), acude a nuestro encuentro como un extraño fulgor.
Andrea Ocampo Cea
“Mitos” de Nicolás Manning
Agosto 2016, Galería ANIMAL.
Los años no han pasado en vano. Desde el mural “El eterno brillo de los diamantes” (Galería Concreta, 2009) hasta el día de hoy, la investigación y narrativa de Nicolás Manning ha corroído y desfondado sus cimientos. Ya sin afán mimético, vuelve sobre su trayectoria al poner en suspenso asuntos fundamentales como el color y la técnica. Desde un universo donde vibran los colores Kodak, vemos que se suspenden las líneas, se distiende la recta geométrica y se ingresa a cierta descomposición geométrica a technicolor. Asistimos a un repliegue narrativo, visual y biográfico.
Narrativo pues, desde el momento en que se retoman hitos visuales, que son también temporalidades y velocidades de la luz, se constituye cierta ensoñación de los colores sólidos sobre el muro. Lo que pareciese ser algo, parece –al mismo tiempo- no serlo. Cuando los colores están en la niebla, es la técnica la que alumbra. Y, en ese punto, el giro narrativo se torna visual. Contamos con un nuevo eje: un doblez de la mano y de la geometría atienden el espacio donde la técnica pregunta sobre el estatuto de la técnica y por tanto, de la obra.
“Kodak” (Sin título, Matucana 100, 2010) vuelve hoy a presentarse, sin embargo, vuelve trastocado, revuelto, alterado. Mas ¿Cómo volver al prisma, al recuerdo, al corazón, sin empantanarse en las apariencias? ¿Cómo dar un paso más allá de uno mismo sin perderse, sin olvidarse de sí? Lo que de algún modo también equivale a preguntar ¿Cómo ser fiel a los recursos del arte y, sin embargo, ponerlos en tensión?
Manning resuelve por los vasos comunicantes y epocales en su pintura, en el legítimo intento de encontrar a un artista original, al que ya no está, al que se perdió, al que se quedó al otro lado del limbo, al otro lado de una cordillera. Ahí está el giro, el nudo de “Mitos”. Ahora sabemos que estamos al otro lado de la representación de sí, acusando algo que perdemos al recordar. Perdemos la noción del tiempo, perdemos la certeza de los hechos y nos queda un discurso, una ficción. Entre los recuerdos y los nombres, nos desconocemos. Prolifera entonces, una mitología plástica que reúne y trama aquello que desconocemos y que, no obstante, resulta tan familiar.
“Mitos” expone el programa de investigación pictórica de Nicolás Manning, el avance, derivaciones y secretos índices narrativos de su obra. Programa contagiado por la iconografía pop, crisis de poderes y galaxias personales que, en el frenesí del color, nos muestran cuán inabarcable y fértil son las matemáticas de los colores primarios. Pero toda hazaña conlleva un riesgo. En este caso, el riesgo es el desfondamiento del discurso visual. Pues, una vez que lo visual autosatisface las deudas con su propia historia, es el plano narrativo y biográfico el que avanza con colores como palabras. Al desfondarse lo uno, prolifera lo otro. Al borrar y sobreponer un color sobre otro, Nicolás habla de sí.
Este mural fue borrado tres veces. Y su borradura es parte del ejercicio. Porque ¿Cuál es el primer mural? ¿Cuántos murales secretos hay bajo este mural? ¿Cuántas historias hay bajo la que hoy se cuenta? ¿Cuál es el original, cual es la copia? ¿No es acaso este mural el eco de otro anterior? Este mural se desoculta como una divinidad que afloja sus ropajes para encarnar cualidades o formas humanas, familiares y/o reconocibles. Una divinidad que como línea acelerada se estrella en un espacio blanco, presto y resistente a cargar con una representación.
Como en la Caverna de Platón, cuando el hombre descubre su conocimiento fundado en sombras; o cuando Narciso se enamora de sí mismo mediante y por su reflejo; o como el ser andrógino de Aristófanes se halla escindido de sí e inicia la búsqueda de algo que pudiese ser la satisfacción y clausura del deseo. En esta triada de mitos se busca aquello que se carece, la mirada se hunde en el anhelo y en la fricción del pop. Se busca con vértigo y ansiedad pop: la luz ciega los recuerdos, los testimonios de vida se pierden en la ficción y nacen los mitos. ¿Acaso toda biografía es ficción? ¿Acaso los colores de esa pared son sólo una fantasía de color?
En ese sentido “Mitos” es el ejercicio de ficcionalización / mitificación de una obra; es avance y retroceso, a un mismo tiempo. Es una reflexión que utiliza la fuerza centrífuga de los colores y el choque entre cierta geometría orgánica y otra recta, para definir los fragmentos que se contrarían, se superponen y encandilan la investigación. “Mitos” avanza en un imaginario donde cada fragmento presente encubre un recuerdo y cada recuerdo va siendo nublado por la representación. Así, una mitología personal se despliega y atraviesa el espacio, propaga su coloración, aborda un relato repentino que emerge en la dificultad de su cita y traducción. Emerge y nos pregunta si acaso lo que estamos viendo nos recuerda algo. Otra cosa. De esas cosas que hacíamos cuando éramos chicos.
Andrea Ocampo Cea Escritora y dj. @andreiii
el eterno brillo de los diamantes. pinturas de gran formato de nico manning.