En agosto de 1976 De Palma estrenó “Obsesión” en los Estados Unidos. Menos de tres meses más tarde hizo lo propio con “Carrie”, basada en el ya muy célebre libro de Stephen King. Dos títulos muy diferentes en temas y estilo: el primero ligado a una manera de hacer cine propia del Hollywood clásico y el segundo un botón de muestra de lo que durante muchos años sería el sello personal del realizador: baños de sangre y grandes dosis de violencia, literalmente. El suceso crítico y comercial de “Carrie” dejó en el olvido a “Obsesión”, a la que le costó una buena cantidad de tiempo convertirse en un film valorado, de culto.
El disparador del argumento (coescrito con Paul Schrader) fue una proyección de ‘Vértigo”, de Alfred Hitchcock, título que estaba aún muy lejos del status de culto (¿el film más importante de la historia?) que ostenta hoy día. En ocasión de su estreno dos décadas atrás la película no había sido entendida y fracasó en la taquilla. Ofuscado, Hitch mandó retirar las copias y prácticamente prohibió su exhibición comercial hasta después de su muerte. De Palma salió de la sala fulminado por la historia, la banda sonora y el clima surreal, y empezó a escribir un guión. El resultado fue un pastiche que volvía sobre varios motivos del legendario maestro (el hombre que encuentra a una doble de la persona amada fallecida por su culpa, la mansión familiar presidida por el recuerdo de una muerta, raptos y persecuciones, identidades falsas y una sofisticada intriga criminal) para crear un original que homenajea a Hitchcock pero que es también un punto de partida para otra cosa y no una mera copia.
El virtuosismo y la elegancia de la cámara de De Palma, la fotografía de Vilmos Zsigmond y la extraordinaria partitura compuesta por Bernard Herrmann obran el milagro. Al igual que en “Vértigo” el espectador cae en un hechizo fascinante, lírico, desasosegador. La película tiene un clima de constante ensoñación, en donde lo onírico y lo real se yuxtaponen. Especialmente evocativo es toda la parte de la película que transcurre en Florencia, filmada en un otoño gris, al alba o durante la noche. Si bien ‘Obsesión” no alcanza el nivel febril ni cínico del original ni mucho menos ese romanticismo desaforado, De Palma construye un relato bello, con mucha fuerza narrativa y mucha altura. Cliff Robertson no es un actor demasiado convincente pero hay que reconocerle al menos transmitir algo de la felicidad, culpa, fascinación e insatisfacción por las que pasa su personaje en los dieciséis años que dura la acción. Mucho más elocuente está John Litgow, en el primero de sus tres papeles para el director. Pero por supuesto todas las palmas se las lleva Genevieve Bujold, excepcional actriz que aquí tuvo el desafío de dar vida a dos personajes diferentes. La complejidad emocional de su personaje termina constituyendo un tour de force interpretativo y emocional en todas sus escenas.
Herrmann prácticamente se despidió del cine con esta banda sonora gótica (murió apenas concluida Taxi Driver). Sin fuerzas para dirigir a la orquesta en la iglesia londinense donde se llevó a cabo la grabación, conservaba el don intacto para crear una atmósfera envolvente, inconfundiblemente herrmanniana (que esta vez incorpora coros). Su autor fue nominado al Oscar de manera póstuma y por partida doble. Tanto “Taxi Driver” como “Obsesión” se ubican entre lo más alto de su carrera, pero la Academia no lo entendió así y le entregò el premio a Jerry Goldsmith por “La Profecía” (que no es una mala banda sonora pero no puede compararse con estos trabajos). La grabación original fue reconstruida y lanzada completa hace unos años, y en el 2015 una nueva grabación -Nic Raine dirigiendo la Filarmónica de Praga- mereció el premio a relanzamiento del año.