Capítulo ocho.
A veces siento la necesidad de volverlo a hacer, desenterrar viejas heridas, y tener una muerte lenta, desquitarme con mi piel y llorar en el baño, verme desangrar por placer y venganza, día tras noche y por cada error, a veces siento que mirarme al espejo produce alucinaciones y luego escucho a alguien decirme que solo es mi imaginación. Estoy enloqueciendo y no sé quién tiene la culpa. Quizá el dolor de mi pasado, o la culpa han estado rindiendo cuentas en mi vida, despierto en la madrugada con ganas de morir (o quizá de vomitar) y me pregunto si tiene solución. Me he vuelto adicta a tu piel A tu olor A veces deseo apartarme, llorar. Pero me habías dicho hace tiempo que llorar es malo. Me he vuelto adicta a tu compañía A tus brazos Y me dijiste que no debía depender de ti Pero me enseñaste que eras mi única salida Pero ya no me encuentro en esos laberintos que creaste con mi pasado Solo tú lograste sacarme un par de veces de ese manicomio. ¿Por qué dijiste que puedo contar contigo, si te enoja a veces mi única presencia? Dime por qué, ¿si ya no soy la de antes, por qué me amas? He creado una monstruosa relación de dos... o tres... o cinco No quiero dejarte pero entiende que no tengo solución... A veces Tengo miedo de que decidas dejarme De nuevo De nuevo Amor, por qué no te callas y me besas? Dime qué ocurre No me sueltes Y sálvame Como yo.

















