Justamente anoche le pedí, le rogué a Dios; le dije que si tú no estabas destinado para mi, que mejor te apartara de mi... y hoy, hoy hiciste acto de presencia; de verdad no lo entiendo. Muchas personas me preguntan por qué escribo. No escribo para dar lastima o para que se apiaden de mi dolor; escribo para desahogarme, para que las cargas de problemas disminuyan un poco.
El día de hoy aprendí muchas cosas, la familia no siempre es familia del todo, aprendí que las personas son malagradecidas, aprendí el poder que tiene el orgullo, el dolor inmenso que provoca tocar una herida cuando pensaste que todo marcharía bien, aprendí que a veces cuando sientes que tu mundo está hasta abajo, hay personas que llamamos amigos, que te ven, te abrazan y te dicen un: no llores, todo va a estar bien. Aprendí a descubrir que el camino no es fácil, que el amor no siempre lo vence todo y qué hay veces que las personas que más te han dañado son las mismas que probablemente podrán curar las heridas, aprendí que el karma existe y que nadie se va de esta vida sin pagar las cuentas pendientes; aprendí muchas cosas menos olvidarte.