Hay un pensamiento en filosofía que me ha afecto bastante y es el darme cuenta de la interacción con el yo, ¿qué justifica al yo?
no se puede decir aquí está mi yo, ni tampoco se puede promover que tenemos un alma pues nadie la ha vito.
Cuando se trata de justificar el yo no se encuentra mucho como sustentar esa figura, entonces algunos se ven como una figura de representaciones de modo que son únicamente un objeto sensorial al azar, se interpretan de esta manera sin creer que existen realmente.
Esto debe ser una de las cimas del nihilismo.
Ser un pesimista está de moda, la figura de un sujeto adolorido y esculpido a través de múltiples dolores es un argumento que vende mucho en el capitalismo. Me atrevería a decir que cada actor hombre y reconocido tiene un papel de estos, por ejemplo, Will Smith en Soy Leyenda, Brad Pitt en Troya o el Club de la pelea, Ryan Gosling en Drive, la figura de Tony Soprano, Nate en Euphoria.
Todos estos hombres han pasado por desventajas, pero se alían con el mal para tener ciertas ventajas. Este tipo de hombre decrece éticamente y moralmente para alcanzar beneficios. Por ejemplo, algunos de estos sujetos hacen cosas ilegales, se dedican a negocios turbulentos y siempre tienen una esperanza que está dada al fracaso, una tendencia a no poder desarrollar vínculos reales. Como si fueran una bestia talentosa que todos ignoran porque no son lo que los demás esperan.
La idea del hombre que se debe promover no es esta que desarrolla hombres que no están, no es el hecho de mirar al espejo y no reconocerse, ni tampoco es este olvido en el que se cae pensando que somos creaciones de la naturaleza que sólo sienten y reaccionan al ambiente de forma compleja...
El evadir el estado natural de nuestra naturaleza es contradecir a la misma, seguramente la presencia que deberíamos tener se parece a la que teníamos cuándo éramos niños, pero muchos están muy asustados de sentir miedo o vergüenza, por eso abarcan estas ideas de no-presencia. Algo tan absurdo como el querer beber agua de un charco sucio.