¿Merece siempre la pena hablar?
Hay asuntos de los que no merece la pena hablar. El instante en el alguien, impotente, renuncia a abordar una cuestión es porque da todo por perdido y no alberga esperanza de que una brizna de aire desempolve alguna grieta o vericueto por el que entrar. La vorágine desatada impide el matiz, la posibilidad de percepciones distintas y se intenta imponer una versión como la verdad, única e…














