Esas miradas de complicidad que lanzaban esos ojos cafés, me hacían querer besarlo en ese mismo instante. Miradas espontáneas acompañadas de sonrisas coquetas, lo acababa de conocer pero ya sabia todo de mi y yo no podía descifrarlo. Me frustraba la idea de no poder saber que estaba pensando o que seria lo próximo que diría, nada predecible. Algo me estaba pasando, el era interesante, atractivo… ¡Basta! Debería dejar de pensar en él. ¿Y si solo es su forma de ser? No puedo volver a ilusionarme tan aprisa, otra vez no.






