🥊No temas, yo te ayudo.
seen from Türkiye
seen from China
seen from Türkiye
seen from Georgia

seen from Bolivia
seen from Russia
seen from Sweden
seen from Vietnam
seen from Netherlands
seen from China
seen from China

seen from United States
seen from South Korea
seen from United States
seen from South Korea

seen from China

seen from Australia
seen from Italy
seen from China
seen from Guyana
🥊No temas, yo te ayudo.
No temerás
Suena a mandamiento; por iniciar con un “NO” y por parecer una orden o un precepto de algo que no deberíamos hacer: tener miedo. Pero en realidad pasa más a menudo de lo que pensamos o de lo que quisiéramos (eso de temer).
Están los miedos más comunes o evidentes. Al mismo tiempo, son de los que uno más fácilmente habla y que al tener identificados se pueden controlar un poco: miedo a cierto tipo de animales, a las alturas, a la oscuridad, a lugares que puedan parecer o ser inseguros.
Están los más trascendentales, hasta dolorosos cuando se piensa en la posibilidad de que realmente ocurren, pero que no hay forma de evitar: miedo a la muerte (a la propia y a la de los demás), a las enfermedades (sobre todo a las más largas y las que no son fácilmente solucionables), a los accidentes, a las tragedias (las familiares, las de los amigos y amigas, las de los seres queridos, y a las que ocurren en la ciudad y el país en el que vivimos o, incluso, en cualquier parte del mundo). Por ahí mismo, a los temblores, a los desastres naturales, a la violencia (directa o indirecta; cercana o no), a la soledad, a los malos momentos o a las tristezas más profundas.
Y están los miedos más inconscientes, esos que nos tardamos un poco más en identificar, aunque paradójicamente son los que tal vez llevan más tiempo con nosotros. Son esas cosas que nos cuesta más reconocer o manejar, pero hasta que no pasa (reconocerlos) no podemos decidir no temer(les). Tener miedo paraliza. Y eso lo entiende cada quien cuando puede, cuando quiere y se dispone a hacerlo, o cuando alguien, o la vida misma, le da un empujoncito para descubrirlo.
Hablo de temer, por ejemplo, a no ser lo suficientemente buenos (en lo que quiera que sea importante para cada uno); temer a los “NO” por respuesta y por esa razón preferir (equivocadamente) no arriesgarse; no tenerse la suficiente confianza, dudar, pensar más de la cuenta o tener la manía de ser demasiado duros con nosotros mismos (con nosotras mismas). Y en medio de esto, creer que temer te puede mantener a salvo del fracaso o de la frustración, cuando lo único que provoca este tipo de miedo es perderse de hacer, vivir, experimentar lo que puede venir bien, dejando (lo que es peor) el mal sabor de ni siquiera haberlo intentado.
“No temerás”. No por ti mismo, no porque otros te hagan hacerlo. No temer para tener presente (cada vez más a tiempo) que siempre hay que correr riesgos; que no hacerlo puede ser lo más cómodo, pero también lo más aburrido. No temer para dejar de tener excusas, para no perder ni el tiempo, ni las oportunidades.
No pedimos esta habitación o esta música, nos invitaron a pasar por lo tanto, por que la oscuridad que nos rodea? Giremos nuestras caras hacia la luz. soportemos los malos momentos para poder agradecer los buenos. Nos dieron dolor para que nos sorprendiera la alegría, nos dieron vida para denegar la muerte, No pedimos esta habitación o esta música, pero como estamos aquí bailemos. Sadie Dunhill Serie 11.22.63