Donar (finalmente) mis libros
Nunca he sido buena para dejarlos (a los libros). Creo que más bien hasta me puede caber la denominación de “acumuladora” de libros. No sólo empecé a ubicar en un solo lugar, en casa, los que me regalaban o los que compraba porque quería leerlos, sino también aquellos que llegaban a mis manos por otras vías: temas del trabajo; “adopciones” que terminaba haciendo de los que iban a botar a la basura o de los que alguien se quería deshacer; algunos usados, o los que compraba, sabiendo que no iba a leerlos nunca por completo, pero que su sola apariencia (su edición) me resultaba el mejor, más valioso, y único motivo, para tenerlos.
Hay una (más bien pequeña, que felizmente crece) biblioteca en casa. Hay también libros empezados en la mesa de noche y en el escritorio. Ponerlos ahí es como mi propio recorderis de una tarea pendiente, que al terminar tendrán algo así como un visto bueno para ir a parar a la biblioteca y poner así, finalmente, algo de distancia con los libros que voy leyendo. También, de cuando en cuando chequeó mi biblioteca y hago varios arrumes con los libros que quiero sacar de circulación. A veces solo quedan ahí, por meses, en una esquinita. Llegan a ese lugar medio olvidado cuando al abrirlos, o con solo ver sus portadas, no siento que quiera ojearlos de nuevo, y porque sé que si necesitara consultarlos los podría ubicar fácilmente en alguna biblioteca de la ciudad.
He hecho algunos intentos por dejarlos (a los libros). Varias veces he visto en redes sociales lo de los “intercambios”; en el parque nacional, en Bogotá, por ejemplo. Llegar con una maleta llena de libros que uno esté dispuesto a entregar, a cambio de uno o varios que le interesen de los que lleva alguien más. A pesar de que la iniciativa me parece bonita, al final termino haciéndome la loca y no me animo mucho ni a escoger, ni a empacar, ni a entregar alguno de mis libros. La sensación es que… son míos y así los quiero, conmigo, míos.
Lo otro es que muchos, de verdad una gran mayoría, de los libros que tengo, están firmados por sus autores. No es una exageración eso que puse en mi perfil en twitter, desde que abrí la cuenta, y que nunca he cambiado: “Queriendo más (siempre!) libros firmados por sus autores. Se ven, se leen y sienten distinto”. Las firmas de los escritores en sus obras, hacen que los libros se vuelvan para mí pequeños tesoros que me gusta reunir y guardar, cuidar, casi que coleccionar. No los presto. No salen de casa. Los pongo donde los pueda ver y de vez en cuando vuelvo a ellos solo para ver las notas, firmas y hasta dibujos en las primeras páginas.
Hace algunos meses, quizás un poco más, los montoncitos de libros de los que quiero salir ya fueron tantos que tuve que guardarlos en un par de cajas. Mi primera idea fue donarlos a una biblioteca, pero hay todo un trámite en eso, que no tuve ni el tiempo ni las ganas de hacerlo. La segunda opción fue dárselos a un amigo periodista, a quien tiempo antes le entregué algunos libros, cuyo destino fue una biblioteca que su mamá armaba en una vereda muy cerca de Bogotá. Hubo un acuerdo para entregárselos, pero nunca pasó.
Hoy mis libros, en sus dos cajas, finalmente encontraron un nuevo lugar, vía www.lafuerzadelaspalabras.com, una página en la que hablan del “fomento de la lectura y del amor a los libros”. Con eso ya me convencieron. A ellos llegué por sugerencia de otro amigo, quien seguro aburrido de mi constante quejadera por las vueltas que hay que dar para donar libros, afortunadamente los ubicó por mí. Don Alberto Gutiérrez, fundador de esta iniciativa, aceptó mis libros a través de un correo electrónico, en el que además de enviar “un abrazo gigante”, me agradece la donación. Por lo pronto, las cajas saldrán de mi casa en los próximos días, rumbo al barrio “La Nueva Gloria”; los arrumes en las esquinas de mi biblioteca en algún momento empezarán a aparecer de nuevo; los “intercambios” (de libros) seguirán siendo una idea bonita que dudo que yo concrete alguna vez; y las donaciones, cuando las vaya a hacer, seguirán siendo entregadas a don Alberto, quien le apuesta a compartir con otros, en su comunidad y en el país, estos objetos (los libros), los cuales a mí me sigue costando tanto trabajo dejar.











