Llovía, pero la lluvia no impedía lo que mis ojos observaban, lo que mi corazón sentía, lo quebrada que se se sentía mi alma. El agua resbalaba por el la ventana, por entre mi cabello, se mezclaba con las lágrimas en mis ojos y empapada totalmente la realidad me corto como navaja desde el cerebro hasta los pies. No hizo falta enfrentarme a ellos, la verdad, la realidad, estaba ante mis ojos. Seguí llorando y me aleje, no quería seguir viendo lo que me causaba extremo dolor. Dejarme ir es lo más sano. Adiós amor soñado, adiós cariño mío. Leregi Renga













