El estratega de la furia (y el ogro de la estrategia).
OgaFuru Week 2015.
Day 7: Role Reversal.
Summary: Cuando a Furuichi le encargaron que adoptara a un niño demonio, creyó que sería la tarea más complicada en su vida. Aunque mantener las manos de Oga lejos de su trasero resultó ser incluso más difícil.
Había decidido que no se alteraría y que se tomaría todo ese asunto con la mayor calma que le fuera posible.
Así que simplemente había tomado un espejo, la pinza de depilación y se dispuso a depilarse las cejas. El bebé, ¿cómo había dicho la rubia que se llamaba, Géiser o algo así?, parecía cómodo en su regazo, y al parecer le gustaba dibujar, así que lo dejó ahí; quizás cuidarlo no sería tan complicado después de todo. Sí, Furuichi estaba disfrutando de un momento de paz y tranquilidad suficiente como para emparejar sus cejas, entre su hermana menor tocando cada dos minutos a su puerta, los insufribles delincuentes en el colegio buscando pelea y el ruidoso de Oga constantemente sobre él, no encontraba tiempo que dedicarle a su refinado rostro.
Aunque esa armonía duró menos de diez minutos; la silenciosa mirada fulminante de Oga al bebé había evolucionado hasta un gruñido, y que el pequeño estuviera intentando imitar el sonido no ayudaba en nada. Oga era lo suficientemente listo como para saber que ese niño no era su hijo biológico, pero eso no quitaba que la pequeña fracción de él que era un imbécil no intentara buscar pelea con un bebé de dos años. Furuichi sólo suspiró y lo miró entornando los ojos. En tres, dos…
—Escucha, mocoso —uno. ¿En serio estaba mirando de manera tan amenazante a un bebé? Claro que sí—, no me importa el futuro rey de qué país seas, ni que técnicamente seas el hijo adoptivo de Furuichi.
—Ya déjalo, Oga, no es como si fuera a entenderte. —Para colmo, Kaiser había soltado su crayón y miraba atentamente al castaño, como si realmente entendiera todo lo que estaba diciendo.
—El trasero de Furuichi, es mío —apoyó el brazo izquierdo sobre la mesa donde dibujaba el bebé, que simplemente dijo “da-buh” y se inclinó hacia adelante—, así que no te acerques a él, ni nos interrumpas cuando te estemos buscando un hermanito.
El espejo impactó dolorosamente contra la cabeza de Oga, que se frotó la coronilla y lo miró estupefacto, Kaiser comenzó a reír y aplaudir, como si disfrutara del dolor que el otro estaba sufriendo.
—¡Mi trasero no es tuyo! —Estaba a punto de lanzarle un libro también, hasta que cayó en la cuenta de lo último que había agregado Oga, enrojeció en un instante y seguidamente le lanzó el libro—. ¿¡Y de qué hermanito hablas, imbécil, ambos somos hombres!?
—Eso no es lo que decías anoche. —La puntería de Furuichi disminuía un treinta y dos por ciento cuando estaba avergonzado (lo había calculado hace un tiempo) y esa fue la única razón por la que el libro terminó golpeando la pared y no la cara de Oga, que tenía una enorme y pervertida sonrisa ladeada, y ambas cejas elevadas.
—S-Sólo, cállate.
Cuidar de un rey demonio parecía extremadamente sencillo en contraste con los pervertidos y repentinos comentarios de Oga (y sus escurridizas manos que en cada momento posible buscaban su trasero).
Summary: Furuichi tendría que aprender a respetar a Oga si quería salir con él.
Furuichi estaba viendo a las chicas en el parque, él siempre miraba a las chicas cuando estaban en el parque. ¿Acaso no podía tener un poco más de tacto o al menos discreción?, ¡estaban en una cita!
O por menos lo estaban para la distorsionada mente de Oga, que afirmaba con total seguridad que aquello no era sólo la presentación en sociedad de bebé Beel, sino un importante avance en su relación de casi dos años, era la presentación en sociedad de su hijo adoptivo (a Oga seguía sin gustarle la idea de tener que cuidar del bebé, pero la idea de un hijo con Furuichi le llamaba mucho más la atención).
—¿No podrías ser un poco más discreto? —Bebé Beel intentaba subirse a la cabeza de Oga, mientras Furuichi babeaba por las madres jóvenes del parque y Oga sentía que estaba siendo traicionado en sus propias narices.
—¿De qué hablas? —Furuichi volteó a verlo por un pequeño momento, a veces le costaba entender lo que quería decir el castaño.
—De eso —señaló de manera general a las mujeres y Beel logró subirse finalmente a su cabeza—, siempre estás mirando a las chicas, no importa donde vayamos, deberías tenerme un poco más de respeto. —Intentó hacerse el desinteresado durante mucho tiempo, pero ciertamente las punzadas de celos comenzaban a carcomerlo por dentro. ¿Todas las personas se ponían así cuando se enamoraban?, no le molestaba ser posesivo, era el menor de la familia, todos los hermanos menores son posesivos de algo, pero le molestaba profundamente sentir celos, además, no tendría ni que sentirlos, Furuichi sólo debería mirarlo a él.
Rayos, ya estaba nuevamente con sus arranques de celos.
—En serio no entiendo de qué hablas —Oga lo miró por el rabillo del ojo, tenía las mejillas ligeramente rosadas y bebé Beel fingía que su cabeza era un caballo y él un caballero, o su equivalente en el mundo de los demonios. Simplemente miraba al frente, con sus brazos cruzados y los hombros tensos—, espera ¿estás celoso? —Furuichi no era un experto en el análisis de la gente, pero estaba seguro de ser un experto en las expresiones de Oga, después de todo sólo tenía tres: desinterés, enojo y regocijo cada vez que se le presentaba una pelea, así que ciertamente la evasión de la mirada y la extraña pose significaban algo distinto.
No entendía por qué podría estar celoso, pero que sus mejillas se hayan encendido más que antes y que sus uñas estuvieran presionando en sus bíceps, le decía que estaba totalmente en lo cierto. En serio, ¿por qué estaba celoso?, Oga no se ponía celoso, no tenía razones para hacerlo, él no sentía ese tipo de emociones, ¿verdad?
—Por supuesto que estoy celoso, idiota Furuichi. —Beel finalmente se bajó de su cabeza y volvió a sentarse en su regazo—. ¿Quién no lo estaría si su novio se pone a babear por otra persona, frente a él y cuando están en una cita? —Beel le dio la razón con un pequeño “da-buh”
¿Cita?, ¿novio?, esperen, ¿¡Oga en serio creía que él y Furuichi estaban saliendo!?, ellos no estaban saliendo, ¿qué le había hecho creer que estaban saliendo?, seguro siempre salían juntos (pero todos los amigos lo hacen), se besaban con frecuencia (luego de la cuarta vez, Furuichi comenzó a corresponderle los besos) y lo habían hecho unas dos o tres veces (incluso había accedido a ir abajo), pero eso no…
—Oh… —Ahora él también estaba rojo y acababa de entender que siempre habían actuado como una pareja, aunque de manera inconsciente—. Lo siento, no había notado que realmente estábamos saliendo. —Oga volteó a mirarlo y Furuichi se tapó el rostro con ambas manos—. Cielos, mi primer relación e hice sentir como mierda a mi pareja.
—Furuichi… —Oh, ahí estaba, esa era la voz; suave, casi en un susurro, sensual. Sus ojos se cerraron contra su voluntad y sus labios se estiraron inconscientemente, preparados para recibir los de Oga, que tenía su mano contra su nuca, acercándolo de manera impaciente para besarlo y seguir provocando en Furuichi ese sentimiento de “¿cómo es que nunca me di cuenta que estábamos saliendo?”, por suerte bebé Beel había encontrado una mariposa con la que entretenerse y Oga no tuvo que preocuparse por aplastarlo en cuanto atrajo a Furuichi por la cintura y se dispuso a incluir a su lengua en el asunto.
Sólo luego de haber suspirado, casi gemido, complacidamente fue que Furuichi lo recordó todo y abrió los ojos de par en par, no estaban en privado; estaban en el parque, todas las madres los miraban, bebé Beel se alejaba a gatas persiguiendo una mariposa y Oga no parecía percatarse de que Furuichi intentaba alejarlo de su cuerpo.
—¡Beel! —Dijo cuando por fin había cedido el castaño, que volteó a su izquierda y vio al futuro rey demonio alejarse tras una mariposa. Se pararon al instante y salieron corriendo tras él.
Sólo fue cuestión de unas pocas horas antes de que se esparciera el rumor de los padres adolescentes, pervertidos, gays y descuidados que no podían cuidar correctamente de un bebé, al que muy irresponsablemente siempre tenían desnudo.
Esa noche, el padre de Oga tuvo que pedir disculpas a la horda enfurecida de vecinos con todo su arsenal de posiciones, mientras el padre de Furuichi simplemente lloraba, pidiendo clemencia y asegurando que no recordaba que su hijo haya estado embarazado.
Summary: Beel estiró su mano y la apoyó en su mejilla izquierda, justo bajo su ojo rojo.
Debería haber sospechado que algo andaba mal el momento exacto en que una bella e inteligente chica había aceptado salir con él. Eso, o debería haberse quedado escuchando la delirante historia de Oga y los tipos partidos por la mitad que flotaban por el río dándole bebés a los delincuentes.
Pero no, Furuichi prefirió escuchar la historia de Oga escépticamente e irse poco después a su cita con la linda chica que milagrosamente le había dado una chance. Poco sabía él sobre lo mal que terminaría todo.
Y ahora se veía obligado a acompañar a Oga y Miki, luciendo como un pirata (o simplemente como un delincuente cualquiera de Ishiyama), y velando, por primera vez en su vida, por la seguridad del ogro de la furia (aunque quizás Miki solamente quería confesarse de una vez por todas, quién sabe). Oga definitivamente iba a defenderse si Miki decidía que quería un combate físico, pero si involucraba su kagune en la pelea, Oga era hombre muerto. Y si Oga moría, bebé Beel se pondría a llorar, y si Beel se ponía a llorar, Miki y él también morirían (y probablemente toda la población de Ishiyama).
Oga salió, literalmente, volando por los aires cuando el kagune de Miki golpeó el costado izquierdo de su cuerpo, mandándolo hacia el edificio abandonado en un instante. Furuichi se sobresaltó, y miró el rojo kakugan de Miki resplandeciendo en la oscuridad.
—Me pregunto qué sabor tendrá... —la cabeza del ghoul quedó enterrada en la pared de su izquierda; Oga estaba parado a su lado y bebé Beel a punto de llorar.
—Despertaste a Beel, bastardo. —Volteó a mirar a Furuichi; el parche se le había caído y su ojo izquierdo se había vuelto rojo; Oga elevó ambas cejas y el peliblanco se cubrió el ojo con la mano—. Vámonos, Furuichi. —El medio ghoul intentó agacharse para tomar su parche, pero el castaño se lo impidió, tomándolo por la camisa—. No necesitas esa cosa.
Beel lo miraba fijamente, sentado en su regazo; su kakugan seguía activado y su mejilla izquierda estaba cubierta de venas rojas. El bebé demonio se acercó a su rostro, apoyando su mano bajo el kakugan y riendo levemente. Oga no había cuestionado que fuera mitad ghoul, ni que no se lo hubiera dicho; simplemente le había dejado el bebé en los brazos y se había ido a la máquina expendedora.
—Lo sé, es asqueroso, ¿verdad, Beel? —El pequeño soltó un “Da-buh” y Furuichi sonrió—. ¿Debo tomarlo como un “Sí, es asqueroso” o como un “No, no lo es”?
—Creo que intenta decirte que le gusta tu ojo. —Oga golpeó su cabeza con una lata de café y se sentó a su lado; ambos se quedaron en silencio, mientras Furuichi tomaba su café y Beel seguía admirando su kakugan—. ¿En serio te sale una cosa de la espalda?
Furuichi soltó una pequeña risa y asintió.
—Aparentemente se llama kagune, y sí, tengo uno, es asqueroso. —Hizo una mueca, mirando hacia un lado y tomando el último sorbo de su café; los ojos de ambos Oga y Beel comenzaron a brillar, pidiéndole que se los mostrara—. Ugh, bien —el peliblanco se rascó la nuca y un brillante kagune en forma de alas salió de su omóplato. Su rostro se puso rojo ante las fijas miradas y Beel soltó un pequeño grito de felicidad.
—Woah —Oga quedó anonadado—, pareces un ángel. —Beel secundó su idea con otro “Da-buh” y volvió a acariciar su kakugan; Furuichi enrojeció aún más y Oga besó su mejilla—. Idiota Furuichi, deja de ser tan lindo.
Eso era todo; Oga sería su próxima comida, claro, si besar fervientemente a un humano realmente satisficiera el hambre de un ghoul.
Summary: Él no tenía idea por qué Miki siempre estaba con ellos.
Sólo tenía diez años cuando lo notó por primera vez, pero aun así, su corazón se aceleró de manera sobrehumana y tuvo que reunir todas sus fuerzas para acercarse y hablarle a la salida del colegio. Pero había valido la pena; claro que lo había apaleado y seguro que en el futuro se metería en muchos problemas gracias a él, pero al menos podía tener la satisfacción de ser su amigo y pasar tiempo con él.
Aunque lo que no entendía era qué hacía Miki siempre con ellos, no era como si le molestara, al menos no tanto, pero Furuichi había intentado confesarse tres veces, para que las tres fueran saboteadas por la repentina aparición de Miki, ¿acaso no podía leer el ambiente y esperar dos minutos para hacer su aparición?, incluso podría haber aparecido mientras Oga se reía de su patética declaración. O quizás lo había notado cada vez y lo había interrumpido adrede, porque él planeaba confesarse primero.
Lo había dejado pasar por simple coincidencia, hasta la quinta vez que interrumpió su intento de confesión, ¿en serio no lo hacía a propósito?, porque su entrada parecía totalmente intencional y Furuichi comenzaba a fastidiarse. Esa era su última oportunidad, después de todo, si Miki lo hacía intencionalmente, seguiría haciéndolo, ¿no?
—Oga —lo tomó por las solapas de su uniforme y acercó sus rostros, mirándolo fieramente; Oga simplemente elevó ambas cejas—, me gustas.
—Furuichi —lo miró con su inexpresivo rostro de siempre—, a mí también me gustas —el peliblanco abrió la boca, anonadado—, por eso me junto contigo, ¿no?
—No —lo sacudió repetidamente, sujetándolo por las solapas—, me refiero a que me gustas como más que un amigo.
—¿Como un sirviente a su amo? —Furuichi gruñó y lo sacudió una última vez, antes de tirar de su uniforme hasta que su labios colisionaran.
—No, de esa manera. —Lo soltó, el rostro de Oga perdió color en un instante y se dio la vuelta. Miki comenzó a aplaudir y Furuichi lo miró, confundido—. ¿Por qué aplaudes?
—Porque era hora de que lo hicieras. —Asintió, cruzado de brazos y se paró frente a Oga con una triunfante sonrisa—. Oh, Furuichi, creo que lo rompiste.
—¿¡Uh!? —Se acercó a ver al castaño, su rostro estaba completamente rojo, tenía la vista enfocada algún punto del suelo y se tocaba los labios con una mano—. Oye, Oga...
Oga elevó la cabeza, lo golpeó, sin decir nada, y se tapó el rostro con ambas manos. Furuichi se tocó la mejilla e intentó bajar las manos de su mejor amigo, ¿qué rayos le pasaba?
—¡Idiota, no me beses de repente! —Volvió a golpearlo, seguía rojo hasta las orejas, pero finalmente había destapado su cara y parecía muy indignado—. ¿¡Y no podías haberte acobardado una vez más!?, ¡ahora le debo dinero a Miki!
—¿¡Me estás diciendo que lo supiste todo este tiempo!? —Ahora el indignado era Furuichi, que estaba a punto de volver a tomarlo por las solapas y zarandearlo hasta matarle la última neurona que le quedara.
—¡Por supuesto que lo sabía, idiota, eres muy obvio!
Miki simplemente se sentó y los observó discutir, en cualquier momento se aburrirían de gritarse y las cosas volverían a ser como antes; o quizás no, pero le daba igual, de todos modos era divertido verlos pelear.
Summary: La primera palabra de la pequeña princesa demonio fue nada más y nada menos que “mamá”.
Hacía unos pocos días que Nico había dado sus primeros pasos y Beel había aprendido una nueva palabra (o frase, mejor dicho) “idiota Furuchin”, cortesía de Oga, que lo decía cada dos o tres oraciones.
—No, Oga, no es así —Furuichi soltó un gruñido de frustración y se tapó el rostro con la hoja, tirando la cabeza hacia atrás; llevaba más de una hora intentando que el castaño hiciera correctamente un mísero ejercicio de matemáticas—, lo has hecho más de diez veces, y todas de la misma manera.
—Es tu culpa, idiota Furuichi, no sabes explicar. —Oga se cruzó de brazos y estiró las piernas debajo de la frazada, pasándolas por encima de las de Furuichi.
—'dota Furuchin —señaló y asintió el bebé demonio, mientras jugaba con Nico y Hilda a reconocer objetos humanos.
—Muy bien, señor, ese es el Pervertidochi. —La sirvienta demonio lo aplaudió levemente, mientras miraba alrededor, buscando el siguiente objeto—. ¿Un oso? —Ambos infantes se miraron y comenzaron a mirar atentamente toda la habitación, en busca de un oso.
Furuichi volvió a gruñir, dejando que la hoja se deslizara por su rostro y mirándolo con el ceño fruncido.
—Si no te durmieras en las clases, no tendrías la necesidad de que te explique —se enderezó, tomó otra hoja y escribió un ejercicio distinto en ella—, intenta haciendo este. —Oga tomó la hoja y la miró durante unos segundos.
—Bien. —Volvió a flexionar las piernas, tomó nuevamente el lápiz e intentó hacer el nuevo ejercicio.
—¡Da-buh~! —Beel se puso de pie y corrió hasta el gran oso de felpa sobre la cama de Furuichi.
—Muy bien, ese es un oso. —Nico también aplaudía, orgullosa de su hermano mayor—. Ahora... ¿Un gato?
Los ojos de ambos brillaron con emoción y comenzaron a buscar desesperadamente un gato.
Oga le devolvió la hoja unos minutos después, llena a ambos lados.
—¿Por qué rayos te inscribiste en la universidad si no sabes nada? —Furuichi la tomó y, antes de comenzar a revisarla, añadió— ¿Cómo es que entraste siquiera?
Oga se encogió de hombros; la única razón por la que se había inscripto era para molestar a Furuichi, y había entrado sólo porque había intimidado al rector de la universidad (no apropósito, claro).
—No puedo creerlo, está bien hecho. —Oga sonrió triunfante ante la perpleja mirada de Furuichi, al parecer no era tan idiota como aparentaba—. Ahora haz este.
Y la tarde de Oga haciendo ejercicios matemáticos recién comenzaba.
Cuando por fin habían encontrado un gato (había estado en el estampado de la camiseta de Nico todo el tiempo), Hilda ya no tenía casi nada que hacerles buscar en la habitación para entretenerlos, Furuichi le había implorado que no llevara ningún juguete demoníaco a su habitación, así que esos también estaban descartados; y cuando intentó entretenerlos con Gohan-kun, Oga se distrajo de sus estudios alegando que “Era un nuevo episodio y parecía entretenido”. Los bebés comenzaban a ponerse inquietos, querían seguir buscando y demostrar todo lo que habían aprendido.
Por su parte, Oga estaba agotado, sus piernas sobre las de Furuichi y su cabeza contra su cuello, aquel chico era peor que un demonio y estaba explotando el recientemente descubierto potencial del castaño.
—Dime que ese fue el último. —Rogó, enterrando su rostro en el cuello del peliblanco y acurrucándose aún más cerca de él, en busca de comodidad; Furuichi sólo rodó los ojos y dejó la hoja a un lado, junto con el resto de los ejercicios correctamente resueltos—. Creo que no eres tan malo explicando después de todo, idiota Furuichi.
Beel volvió corriendo con un crayón rojo en la mano, y se lo extendió a la rubia, unos pasos atrás venía Nico tambaleándose con un crayón azul en la mano. Los crayones de distintos colores habían sido su último recurso en la habitación, pero por suerte parecía que Oga y Furuichi ya habían terminado con su sesión de estudio (y posterior sesión de insultos en susurros y románticos besos, todo muy desagradable de ver).
—Excelente, ahora, ¿dónde está papá? —Ambos soltaron un pequeño “Ai~”, emocionados y comenzaron a correr (bien, Nico iba caminando como podía, ¿es necesario aclararlo siempre?) hacia Oga.
—¡Dada! —Exclamó Beel, frotando su cabeza contra el brazo del mayor, que apartó su cabeza del hombro de Furuichi y le acarició la cabeza.
—Hey, Beel. —Nico llegó un poco después y también se aferró a su brazo—. Nico. —Le acarició la cabeza a la pequeña también, que rió levemente y volteó a mirar a Hilda, junto con su hermano mayor.
La rubia fingió que no le daba ternura la gran felicidad que mostraban los bebés cuando estaban junto a Oga e hizo una mueca que simulaba restarle importancia al humano.
—Bien, ¿y dónde está mamá? —Beel soltó el brazo de Oga al instante y se lanzó a los brazos de Hilda, mientras Nico se subía a las piernas de su padre y, posteriormente, abrazaba el cuello de Furuichi—. No, señorita, ese es el pervertido de Furuichi.
—¡Da-buh! —Coincidió Beel, mirándola con confusión y preocupación. Nico negó con la cabeza y una pequeña pelea de Da-buh’s y Ai’s se desató entre los pequeños—. ¡'dota Furuchin! —Intentó hacerla entrar en razón, pero ella sólo seguía negando.
Nico era muy lista, pero no sabía hablar (los da-buh’s y ai’s no contaban); entendía a la perfección muchas de las cosas que le decían, pero por alguna razón, no lograba pronunciar ninguna palabra coherente. Y eso frustraba a la pequeña de dos años; quería hablar, quería decirle que no, que Furuichi no era un idiota, y que si lo era, no importaba, los quería y quería a su papá, pero su hermano sólo seguía diciendo, en el mismo limitado lenguaje que ella, que él era un idiota y que Hilda era su mamá.
Abrió la boca y miró a su papá, que nuevamente estaba apoyado sobre Furuichi y bostezaba, luego miró a Furuichi, que realmente no entendía el intercambio entre los hermanos demonio, y finalmente miró a su hermano mayor y Hilda, el primero cruzado de brazos, como si estuviera ofendido por alguna razón.
—Ma... ma. —Dijo luego de un rato de luchar con sus cuerdas vocales, los tres adultos y el otro infante la miraron, sorprendidos—. Ma-ma. —Volvió a decir, y esta vez señaló a Furuichi.
—¡Da-buh, 'dota Furuchin! —Volvió a objetar Beel, provocando una nueva pelea de 'dota Furuchin’s y Mama’s.
Summary: Para Oga esa era la mayor confesión de amor que nunca había pedido.
Si alguien le pedía a Oga que escogiera entre besar a una linda chica y un puñetazo en el rostro, su elección sin dudarlo una fracción de segundo sería el puñetazo. Pero si entre las opciones estaban besar a Furuichi y un puñetazo en el rostro, su elección inmediata hubiera sido un puñetazo en el rostro de parte de Furuichi, y luego besarlo (o al menos ahora sabía que eso sería lo que escogería).
—¡Oga! —Furuichi parecía furioso, no simplemente enojado o molesto, furioso con todas las letras, en mayúsculas y con cada letra separada.
Oga esperaba que llegara y le diera un zape en la nuca, que lo patera o que simplemente comenzara a insultarlo y decirle lo muy imbécil que era por lo que sea que había hecho (seguramente tendría razones para hacerlo, así que se limitaría a llamarlo ‘idiota Furuichi’ y salir del lugar), pero realmente no se esperaba el puño que acababa de impactar contra su mejilla y lo había dejado mirando hacia su derecha. Se tomó la mejilla, realmente había dolido, ¿quién hubiera dicho que Furuichi podía golpear tan fuerte?, y en cuanto volteó a verlo, dispuesto a indignarse por el puñetazo sin razón aparente, simplemente se quedó boquiabierto y mirando a Furuichi como si fuera el más magnífico ser existente en la faz de la tierra.
—Furuichi… —Dijo casi en un susurro; Oga tenía catorce años y acababa de descubrir lo que era el amor; un extraño resplandor, mejor dicho una tenebrosa aura, rodeaba a Furuichi, que parecía haberse calmado ligeramente luego de aquel arranque de furia y agresividad con el rostro de Oga. Su cara seguía roja, respiraba aceleradamente y abrió los ojos de manera sobrehumana en el momento en que Oga tomó su rostro y lo besó repentinamente—. Sí, Furuichi. —Estaba asintiendo (¿por qué rayos estaba asintiendo?), y seguía con sus dos manos en las mejillas del peliblanco.
Furuichi, por su parte, estaba tres veces más rojo que unos segundos atrás y su respiración estaba igual o más acelerada. ¿Qué rayos creía Oga que hacía?, ¡estaban en medio del salón de clases!, sin contar que Furuichi seguía enojado con él. Todos a su alrededor estaban mirándolos, lo hacían desde que Furuichi llegó enfurecido con su mejor amigo, nunca se enojaba tanto con Oga, pero ahora tenían en sus rostros una especie de combinación entre perplejidad, miedo y ternura (en serio, ¿¡ternura!?)
—A partir de ahora, estoy a tu cuidado. —Oga seguía asintiendo y haciendo afirmaciones que Furuichi realmente no entendía, ¿¡de qué rayos estaba hablando, si él simplemente lo había golpeado!? Debería estar cuestionándole el puñetazo, o llamándolo idiota, no besándolo y diciendo que estaba a su cuidado, ¿acaso creía que eso era una confesión?, el cerebro de Oga funcionaba realmente mal, sobre todo porque había vuelto a besarlo y Furuichi no encontraba manera alguna de quitárselo de encima.
Summary: Desde ese día, Honoka no pudo volver a mirar a su hermano y Oga a la cara.
No es como si Honoka fuera chismosa, en lo absoluto, pero tú intenta resistir ante la curiosidad cuando escuchas a tu hermano mayor entablando una comprometedora conversación con su mejor amigo, además, Takayuki tenía sus tijeras, y Honoka las necesitaba casi con urgencia.
—¿Cómo puedo estar seguro de que no dolerá? —Preguntó Oga, su voz sonaba algo preocupada.
—¿No te basta con mi palabra? —La voz de Takayuki era baja, casi seductora, y Honoka supo en ese momento que se arrepentiría de estar escuchando esa conversación.
—Es mi primera vez, así que… —Pudo oír a su hermano mayor reírse levemente, y su voz se tornó repentinamente dulce.
—No te preocupes, seré delicado contigo. —Honoka se golpeó la cara con ambas manos, su rostro estaba completamente rojo, y ya no sabía dónde meterse. Su hermano no sólo era un lolicon, también le gustaban los chicos, y Oga, entre todos. Desde afuera, pudo oír la fricción de sus ropas—. ¿Estás listo?
Salió corriendo hacia su cuarto, tenía que quitar esas horrendas imágenes de su mente, lo más rápido posible.
—No, no lo estoy. —Oga alejó su rostro, estirando el cuello, Furuichi estaba sentado a horcajadas sobre él, y atentaba su rostro con unas pinzas de depilación.
—Vamos, Oga, ya te dije que no dolerá —bajó las pinzas y dejó caer sus hombros—, me he depilado las cejas cientos de veces, sé lo que hago.
Oga suspiró, sí, Oga Tatsumi suspiró, cerró sus ojos y relajó los músculos del rostro. Porque, por Dios, era el ogro de la furia, no podía tenerle miedo a un pequeño par de pinzas, ¿cierto?
—¡Hazlo, Furuichi! —El peliblanco sonrió satisfecho y, de un sólo tirón, arrancó tres vellos de raíz. —¡Auch, dijiste que serías delicado!
Y esa es la historia de cómo Furuichi Takayuki tuvo que amarrar a su cama a Oga Tatsumi para terminar de emparejarle las cejas.
—Honoka, ¿me pasas la sal? —La menor de los Furuichi dio un respingo y miró a Oga durante un segundo, antes de apartar la vista, tomar la sal y extendérsela, todo el tiempo esquivando su mirada—. Gracias… —Oga sazonó su comida y luego la de Furuichi, que lo miró con confusión.
—¿Por qué hiciste eso? —Oga dejó la sal en la mesa y miró a Furuichi, encogiéndose de hombros—. ¿Por qué pregunto siquiera? —Se cuestionó a él mismo en voz baja y siguió con su comida.
Durante toda la cena, Honoka miró su plato o a sus padres, en su defecto; no sabía cómo mirar a su hermano mayor y su amigo, ¿estaba bien llamarlo amigo?, esas no son cosas que uno hacía con un amigo, ¿verdad? Aunque Oga y Takayuki no parecían notar que los evadía a cada momento posible.