Escribo por todas las que han abortado de manera segura y libre
Nos alegra mucho que la compañera que escribió el siguiente testimonio haya experimentado el aborto sin ningún trauma y al contrario se haya sentido segura tanto emocional y físicamente.
Anhelamos tanto que todas las que en algún momento decidiéramos abortar podamos tener una experiencia igual o mejor satisfactoria que ella, sin importar la clase social. ¡Aborto seguro, libre y gratuito!
Es siguiente testimonio fue escrito por una mujer colombiana, joven y profesional, que se cuestiona muchas cosas de este sistema patriarcal.
Siempre hay un imaginario popular que recae sobre las mujeres que deciden interrumpir sus embarazos, ya sea a favor o en contra de esta decisión; casi siempre, también, cuando se argumenta a favor de estas mujeres es bajo el presupuesto de que su decisión está mediada por circunstancias como embarazos como consecuencia de abusos sexuales, enfermedades que pongan en peligro la vida de la mujer o el feto, o inviabilidad biológica. Los argumentos en contra del derecho a abortar van en oposición a toda lógica humanista, tanto, que ni merece la pena nombrarlos: los hemos escuchado ya demasiado.
Ninguna de estas fue la circunstancia de mi historia.
Cuando decidí interrumpir mi embarazo fue en medio de una relación estable, tranquila y amorosa de 6 años, en la cual tuve el total apoyo de mi compañero en todos los sentidos, así como el de mi familia y amigos más cercanos. En ese momento recuerdo bien que trotaba 4 veces a la semana en la pista de la Universidad Nacional, que quedaba cerca a nuestra casa; algunas veces, cuando nuestras obligaciones lo permitían, trotaba con mi compañero, otras veces sola, y en menor medida, con el grupo de atletismo conformado por administrativos de esta institución.
Ese día recuerdo levantarme normalmente, sin ninguna sensación extraña, desayunamos y salimos en bicicletas, mi compañero a clase y yo a trotar. Recuerdo que ese día, cuando iba más o menos en la sexta vuelta a la pista, me hice consciente de que no sentía del todo bien, estaba un poco cansada, lo cual es normal según el día del ciclo en el que una esté, sin embargo, sentí algo que nunca me había pasado: sentía un dolor y un peso extra en mis senos, lo cual me pareció extraño, aún así, decidí terminar mi entrenamiento y regresé a casa.
Foto: Farmatodo.com
Ese día, dentro de un domicilio de productos de aseo que hacíamos regularmente de manera virtual, pedí una prueba de embarazo de Profamilia, más porque estaba en promoción y su precio era muy bajo que por sospechar estar embarazada, de hecho, estaba segura de que saldría negativa. Al llegar el domicilio, mi compañero aún no había llegado y yo estaba preparando unos documentos de mi trabajo, así que no presté mayor atención al paquete y lo dejé sobre el comedor hasta las 5 de la tarde, cuando desempaqué las cosas y vi la prueba, que con toda tranquilidad fui a hacerme, para descubrir la mayor sorpresa que he tenido en mi vida, que se veían claramente las dos líneas que indicaban un resultado positivo. Estuve en el baño más o menos 20 minutos, en shock, pensando qué hacer, pensado en que no teníamos planeado tener hijos, en que mi contrato laboral se acababa en un mes, en que mi compañero trabajaba también pero aún no había terminado su maestría, en que ambos somos de otra ciudad y aún decidiendo tenerlo, no teníamos una red de apoyo familiar cercana que nos acompañara en el proceso de embarazo y crianza.
Foto: Pinterest.com
Cuando logré salir del baño, pensé en mi mamá y en cómo ella había quedado viuda a sus 22 años, con una hija de 3 años y aun terminando su carrera universitaria, pensé que habían historias de personas que habían historias de personas que lograron tener hijos de una forma no traumática con condiciones mucho más complicadas que la nuestra, finalmente, ambos éramos profesionales, ambos trabajábamos y cursábamos estudios de posgrado en esos momentos, vivíamos solos en una relación estable que era un proyecto de vida; sin embargo, no me sentía preparada para asumir lo que una maternidad no planeada en ese momento implicaba.
Llamé a Oriéntame, pedí una cita para el día siguiente a las 8 de la mañana. Al otro día llegaba el Papa a Colombia y había un revuelo increíble en la ciudad por ello. En la noche llegó mi compañero, comimos, hablamos de cosas de trabajo, nos acostamos y solo cuando estuvimos en la cama tuve el valor de decirle que estaba embarazada, pero que ya había tomado una decisión y había pedido una cita en Orientame.
Hubo un silencio lleno de nerviosismo por parte de ambos por más de 20 minutos. Después de eso, él me preguntó: ¿Es una decisión que ya tomaste? ¿Quieres que lo hablemos? ¿Quieres tomarte unos días para pensarlo? En ese momento confirmé que realmente compartía mi vida con un hombre maravilloso, pero la decisión ya estaba tomada.
Esa noche no dormí mucho, él tampoco. Al otro día nos levantamos y salimos en un taxi hacia Orientame, que quedaba bastante cerca de nuestra casa, las calles estaban inundadas de carteles alusivos a la visita papal y había mujeres y hombres rezando por todas las calles. Yo iba a abortar mientras las calles estaban atestadas de personas esperando al Papa, era un escenario surreal.
Foto: Orientame.org.co
Cuando llegamos a Orientame, recuerdo pensar en la sala de espera que la mayoría de chicas que allí estaban esperando su cita, difícilmente pasaban de los 20, nosotros ya estábamos cercanos a los 30; sentí pena por ellas, pensé cuán difícil debía ser tener 15 años y enterarse de un embarazo no deseado, si para mi era atemorizante, aun contando con un apoyo firme y sincero y siendo mayor, ellas debían estar horrorizadas, pensé.
Recuerdo pasar a recepción y preguntar por el valor del procedimiento, estábamos dispuestos a pagar lo que fuese necesario con tal de que fuera seguro, allí la mujer que me atendió me preguntó si estaba afiliada a EPS, entonces me enteré que el procedimiento estaba cubierto por la EPS ya que se había establecido un convenio entre ambas instituciones, primera sorpresa grata. Cuando pasé a que me hicieran la ecografía descubrí que tenía 8 semanas de embarazo, y que si me hubiese demorado 2 semanas más, el procedimiento habría tenido que ser invasivo necesariamente. En este punto aun podía decidir si practicarme un legrado o abortar por medio de pastillas, en mi casa, como siempre he tenido miedo a intervenciones quirúrgicas, me decidí sin pensarlo por las pastillas. Me sorprendió pensar en que había pasado 2 meses de mi vida en embarazo sin siquiera sospecharlo, sin ninguno de los síntomas que se supone deben alertar, nada de mareos, vómitos, cansancios o cambios de humor.
En el consultorio le comenté al médico, un hombre amable y mayor, que mi periodo era bastante irregular y que era habitual no menstruar en dos o tres meses, por lo que no sospeché nada por no menstruar en esos dos meses, así mismo, le dije que hacía 12 años planificaba con la inyección mensual, a lo que respondió: ¨Esto a veces es una lotería, y esta vez te la ganaste¨, me explicó que además de que ningún método anticonceptivo era 100% seguro, también factores externos como cambios en la alimentación, estrés, más o menos ejercicio, o cualquier otro factor pudo tener efecto en mi comportamiento hormonal, dando lugar a quedar embarazada.
Ese día me pasaron a una charla privada con una psicóloga y posteriormente el médico me dio una tableta de Mifepristona para interrumpir el crecimiento del embrión, así mismo me dio 2 tabletas de Misopostrol que debía tomar 24 horas después, ya en mi casa, con el fin de generar las contracciones necesarias para la expulsión del embrión. También me dieron las indicaciones médicas, una prueba de embarazo que debía realizarme a los 20 días, un número de emergencia al que podía comunicar las 24 horas por si sentía dudas de cualquier tipo o tenía una hemorragia que creyera fuera de lo normal.
Foto: BBC News
Al otro día, tomé las dos tabletas que me indicaron. Mi compañero canceló todos sus compromisos durante una semana para acompañarme. Más o menos a la hora empecé a sentir algo así como un cólico menstrual normal, y entonces él me empezó a poner paños de agua caliente en el vientre y a prepararme comida e infusiones. A las dos horas los cólicos fueron fuertes y empecé a sangrar. Intermitentemente sentía cólicos muy fuertes, estuve, como me indicó el médico, guardando reposo durante 2 días y con poca actividad durante 5 días, aunque no incapacitada. Todo el proceso fue como tener síntomas menstruales algo más fuertes de lo acostumbrado. Sangre durante un mes y medio, pero solo la primera semana fue un sangrado abundante, todo estuvo dentro de lo normal.
Aun hoy, cuando paso por Orientame o alguna persona me pregunta sobre el tema, pienso con profunda gratitud que no pude llegar a una mejor institución, en la que en ningún momento sentí algún tipo de juicio, en donde procuraron un trato respetuoso en cada paso del proceso y me hicieron un seguimiento personalizado por 3 meses, ofreciéndome incluso la posibilidad de acceder a citas ginecológicas y planificación familiar totalmente gratuita.
Además de ello, debo decir que mi proceso fue tranquilo no solo por esto, sino por el apoyo incondicional de mi pareja y nuestras familias, quienes nunca hicieron ninguna clase de juicio respecto a mi decisión. En este momento de mi vida siento que fue la mejor decisión que pude tomar y agradezco profundamente a quienes hicieron parte de este proceso por permitirme un espacio seguro para decidir sobre mi cuerpo y mis necesidades de manera libre.
Me parece importante recalcar que no necesariamente un proceso de interrupción de un embarazo no deseado debe ser una experiencia traumática, que hay varias instituciones de salud serias que realizan procedimientos seguros, que abarcan no solo la salud física sino también la emocional de las mujeres y su círculo más cercano, debe dejar de se un tabú abortar y sobre todo, deber ser de común conocimiento la ruta de acción en un caso de estos, la información salva vidas y debe, como acto político, ser difundida.












