LAS PUERTAS ROTAS
Tuve miedo. Del otro lado, él estaba riendo conmigo. De repente, mi risa cesó.
- ¿Querés que llame al 144? ¿Está muy violenta la cosa?
-No, ya está todo bien. Gracias.
Me quedé en silencio viendo a Los Rotos llorar. Otra vez.
La puerta ya estaba rasgada. La madera, fortaleza de un tronco que apellida y fué vida de muchas hojas y que prosperó en los frutos que las mismas ramas desprendieron, ahora morían, porque la puerta estaba definitivamente rota.
Así de fuerte es el umbral que rompiste, la puerta que golpeaste hasta rajar, los límites que trasgediste.
Gracias al joven muchacho que me escuchó. Creo que en ese momento no se lo dije, pero hoy, es un “gracias” perdido que no tiene ningún valor para él. Sin embargo, fue un rescate, un manotazo de fortaleza que aún recuerdo con profundo amor. Gracias, hermano mío.












