El Pacto Verde Europeo ha fracasado... la Comisión ha comenzado a dar marcha atrás, de forma silenciosa pero decidida, en muchas de las disposiciones clave del Pacto Verde. Entre los recientes retrocesos se encuentran la suavización de las normas sobre seguridad del suelo y de los productos químicos, la reasignación de los fondos climáticos al gasto militar, la suavización de las medidas de protección de la biodiversidad y la censura de la expresión «Pacto Verde» en los informes del Parlamento... La raíz del problema radica en el enfoque adoptado por el bloque. Mientras que Estados Unidos y China han aplicado una política industrial verde mediante subvenciones masivas, inversión pública e investigación y desarrollo específicos en sectores estratégicos como los vehículos eléctricos, los paneles solares y las baterías, el modelo de la Unión Europea se basa en impuestos punitivos y un exceso de regulación... La arquitectura fiscal del bloque, anclada en la austeridad, las estrictas normas presupuestarias y un presupuesto común ineficaz, impide el tipo de inversión ambiciosa necesaria para una verdadera transformación ecológica... Las estrictas normas de la Unión Europea en materia de ayudas estatales, su sesgo contra la propiedad pública y su obsesión por la legislación en materia de competencia obstaculizan sistemáticamente la reindustrialización verde a gran escala. El resultado es una mezcla paradójica de hiperregulación y estrangulamiento fiscal, que no estimula la innovación ni alivia los costes que soporta la población... Las pequeñas explotaciones agrícolas, que son más ecológicamente sostenibles que la agroindustria industrial, están siendo expulsadas por normas que aceleran la concentración de la tierra. El resultado no es solo la devastación económica de las comunidades rurales, sino también un retroceso ecológico, ya que las explotaciones más pequeñas son sustituidas por otras más grandes e intensivas. El hecho de que estas políticas se hayan promovido bajo el pretexto del ecologismo pone de manifiesto la ceguera tecnocrática e ideológica del aparato de la UE, un sistema que pretende ser verde pero que acaba empoderando a la agroindustria corporativa y castigando a quienes realmente cuidan la tierra... El defecto fundamental de la Unión Europea no es que carezca de ambición climática —al menos sobre el papel—, sino que carece de los instrumentos económicos y políticos para hacer realidad esas ambiciones de forma coherente, democrática y socialmente justa (Thomas Fazi)