"Para llorar, Elisa tuvo que volver al dormitorio, apoyarse en el respaldo de
bronce y abrazarse a la almohada. De ese modo podría aprovechar el llanto:
un poco por el sudor amarillento y las rodillas débiles, otro poco por Martín"
-Elisa
Pag 72 Elisa y la Rosa Inesperada












