La buena noticia, por lo general
y más limpia que simplemente expuesta.
El viento anuncia sus colores.
La tormenta se mostró antes
a un árbol aquí cerca.
El mapa inhóspito se despliega de nuevo.
Pasan los días y veo que no estoy.
(Encima mío, acabas. Trato
de no acabar para que tú encima mío
dure más.) Mudarme. Amanece
nublado—no llueve y todo es agua.
Cada casa implica su propio lenguaje:
aprenderlo y dejar que te aprehenda
es para poder decir desde el nuevo lugar
la ciudad, sus bosques y desiertos:
su intemperie de signos y modas, incendios
e inundaciones, amores, gente
que anuncia su nuevo empleo, la falta de.
(Sólido/líquido/gaseoso igual
pero distinto: infiltrado en otras
proporciones en el cartílago de la memoria).
Pasa la tormenta de anteayer y quedan
claros entre nubes—aunque se sepa
que se prefiere seguir siempre adelante.
Luego esa huelga instantánea de la conciencia.
El camino se avisa en árboles enredados
al brillo de la mañana, alarmas de autos
y otras electrocuciones, gasolineras
decapitadas, funerales bajo arco iris.
El triunfo de lo soñado por sobre lo escrito
y lo dicho sobre lo imaginado:
ese espacio intermedio en el que todo
lo demás sucede y se entrega.