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Me gustan los besos del siglo pasado.
Tus pecas
parecen una constelación cansada
que decidió dormir
sobre tu rostro.
Como si el verano
hubiera dejado pequeñas ruinas de sol
en la piel,
y nadie se hubiera atrevido
a borrarlas.
Hay algo peligrosamente tierno en eso.
Porque el mundo insiste
en las superficies limpias,
en la perfección lisa
de las estatuas sin historia,
pero tu cara
parece escrita a mano.
Como los poemas franceses
anotados al margen
de un libro húmedo,
como las mesas viejas de París
donde alguien todavía fuma
pensando en un amor
que ya no vuelve.
Tus pecas no decoran: confiesan.
Dicen que has vivido bajo la luz,
que el sol te tocó demasiado tiempo,
que hubo tardes enteras
deshaciéndose lentamente
sobre tu cuerpo.
Y cuando sonríes
parecen moverse apenas,
como si la noche respirara
debajo de tu piel.
A veces pienso
que si el universo desapareciera,
si las ciudades ardieran
y el ruido del mundo se hundiera en el mar,
todavía quedarían tus pecas
encendidas en la oscuridad,
pequeñas galaxias imperfectas
negándose
a dejar de existir.
.
3043- Y si dormimos juntos me encargaría de besarte los lunares en lugar de contar ovejas, de tomar tus manos para entrelazar nuestros “te amo” y de hacerte reír hasta que ya no puedas. Si hoy duermes conmigo, te prometo que será tu mejor noche y mi despertar favorito.
Desconozco el autor
no comprendo a los que se quedan en la orilla,
los que solo miran cuerpos y olvidan almas,
los que confunden apariencia con autenticidad.
no entiendo cómo alguien puede pasar de largo
sin querer saber que me pierdo en van gogh,
que monet me enseña a volver a la naturaleza,
que me río en momentos incómodos
y que el sol me regala pecas que nunca se van.
que escribo cuando siento que me ahogo
y que, aunque mis pensamientos no siempre
tengan sentido,
ahí estoy más viva que nunca.
la mayoría prefiere quedarse en lo evidente.
en la orilla,
siempre en la orilla.
no entiendo.
porque hay universos esperando en mis palabras,
y solo eligen mirar la superficie.
- b
Tus pecas son las estrellas más bellas!
— Lone Quixote