Darach hizo una mueca de aprobación en el momento que vio la bonita fachada de la mansión que quedó frente a él mientras a su espalda se alejaba el carruaje que lo había traído. Subió las escasas escaleras que daban a la puerta principal y llamó con energía portando en su rostro una amplia sonrisa. En cuanto el servicio abriera la puerta, se hizo oír — Buenos días, ¿el señor de la casa?— hizo ademán de asomarse, alargando el cuello hacia un lado —Dígale que su hermano predilecto ha llegado—dijo en tono jocoso, y a la espera de que le dejara pasar.
Darach MacLeod











