Ella no tiene miedo
Ella no tiene miedo a estar sola, porque ha aprendido a quererse. Disfruta de su sonrisa cuando recuerda buenos momentos. Saborea lo salado de sus lágrimas melancolía. Se aventura en el mar, en la montaña, en los ríos de personas que caminan a su alrededor. Sabe calmar un berrinche y un mal argumento. Encuentra respuestas, no siempre las correctas, pero las busca.
Duerme en sábanas de seda futuras y sobre el petate de sus ancestros. Corta limones y pisa uvas para preparar vino tinto. Escribe sus ideas en las paredes jóvenes y les pide escribir sobre ellas las propias. Impregna de sentimiento, con metate, la piel. No teme reconocerse bella e inteligente. Actúa, resuelve, y sabe pedir ayuda. Sabe que tan importante es un “no” como un “claro que sí”. Agradece, disfruta, ríe, se enamora, prueba, admira, se admira, conoce, recorre, camina por este mundo sabiendo que no hay nadie como ella y aun así siente mucha alegría al encontrar a otro similar.
Se da cuenta que no es eterna, que no siempre tiene la razón, que siempre hay alguien a un lado, arriba o abajo. Respeta el orden para fluir sin sentido por ahí. Sabe de sus límites y sus poderes. Ayuda a los demás porque le importa al mundo, ¿quién no quiere vivir en un lugar mejor?. Escucha, analiza, entiende y aunque no siempre es así, busca sentirse bien, sentirse feliz; porque entendió que la clave para no tener miedo a estar sola, es primero, aprender a quererse.










