«La culpa inexpiada y, más aún, el propio mal forman sin duda la materia del perdón: la existencia del mal constituye, si no la “razón” propiamente dicha del perdón (pues el perdón no tiene razones), al menos su razón de ser; si no su motivo, al menos el fundamento de su aparición; la existencia del mal no es desde luego una razón para perdonar, pero tampoco representa un obstáculo para el perdón: más bien representa la misteriosa y escandalosa condición del perdón o, como decíamos, el órgano-obstáculo. La infinita “perdonabilidad” de la culpa de ningún modo implica la inexistencia del mal, todo lo contrario: ¡esta inexistencia más bien retiraría al perdón el pan de cada día!»
Vlademir Jankélévitch: El perdón. Seix Barral, pág. 212. Barcelona, 1999.
TGO
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