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Tlazoltéotl, Mon Amour*
28/11/15
Tlazoltéotl (del Náhuatl: tlazōlteōtl, 'diosa de la inmundicia' 'tla, prefijo; zōlli, inmundicia; téōtl, dios')
Este performance esta referido como una especie de tributo postcolonial a esta deidad que dentro del panteón de los dioses náhuas es la patrona de las cosas abyectas, conductas perniciosas , del sexo adultero, y las cosas sucias o enfermas. Estas acciones son a la vez un recordatorio de los pequeños actos repulsivos que realizamos en público y privado. Hago referencia a esas actos, residuos y fluidos que producimos nosotros mismos y que nos rodean en casi cualquier lugar no como algo repulsivo en si mismo sino como actos cotidianos, nuestro convivir en el espacio y en nuestro propio cuerpo con sustancias que fuera de nosotros, despojadas de un cuerpo resultan desagradables. Este performance tiene por objetivo poner en escena algo de esta abyección y articularla en acciones para ofrendar a esa diosa podrida que come todo lo desagradable de este mundo y lo transforma (los náhuas decían que excretaba las cosas 'purificadas' pero yo prefiero pensar otra cosa). El espíritu de Tlazoltéotl sigue vivo.
*Presentado dentro de la muestra de performance “Ejercicios de Repulsión” de PerfoLink en ArtSpace México.
Registro por Rodolfo de Mattiels
M/ex/a/Mortem: Nuestras otras pesadas cargas (II) 11/2014
Al artista comúnmente se le cuestiona acerca de su trabajo con relación a problemáticas sociales y políticas. Se le llega a exigir un compromiso con el pueblo, concientizarlo y hasta educarlo. Este lastre ideológico se le puede localizar en la tradición de la gráfica mexicana y más anteriormente en el proyecto muralista/revolucionario que emprendió el Estado priista en los años 30s y aún antes esta idea se le puede rastrear en la producción de arte sacro del siglo XVI en México este arte en mucho creado para educar a las masas analfabetas en el dogma católico. Como artistas muchas veces se nos solicita recrear las utopías y fantasías frustradas de generaciones pasadas, hacer mimesis del mito social prometido para perpetuar la fe. Asimismo existe una creencia acerca del genio creador en el arte como si el artista fuera un ente divino casi espiritual y su misión fuera anunciar de este un mundo mejor. Esto rara vez se el exige a otro tipo de trabajadores. Pues bien el artista como cualquier otrx individuo/trabajador tiene derecho a no participar de estas practicas e incluso criticarlas. El artista puede hablar por si mismo y expresarse sin necesidad de un ‘pueblo’ al que educar ni una proyecto que dirigía su energía a un fin particular fuera de si mismo.
Registro por Miroslava Tovar