fiesta de disfraces — afterparty, habitación 13. ft @halvorscn.
tw: se van a morir de diabetes.
marius. sus labios se torcieron en una sonrisa de luna menguante. se encontraba ebrio todavía, más ebrio de lo que alguna vez había estado, más sin embargo, los efectos del alcohol parecían haberse aminorado desde hace rato, pues en un momento de lucidez había tomado la decisión de moderarse. ergo, se creía capaz a sí mismo de regresar hasta su habitación sin extraviarse en el trayecto. “una pizza suena excelente, ahora que lo mencionas.” le dedicó una breve mirada a su acompañante, antes de volver a enfocarse en el corredor delante de él. le parecía extenso, y el recuerdo todavía fresco de las luces multicolores de la fiesta daba vuelta por su cabeza, brindándole un suave mareo. sus pasos mostraban siento tambaleo, como si vacilaran al avanzar, más no parecía el joven noruego correr el riesgo de perder el equilibrio. “bah, no es necesario que me acompañes. sé cuidarme solo, khaleesi,” alardeó, procurando añadirle a su voz un tono presuntuoso, con el solo propósito de bromear. una pausa. presionó sus labios entre sí, considerándolo. “de igual manera, ya me está cansando esto.” dicho aquello, se despojó finalmente de su máscara de diablo, otorgándole a los poros de su rostro respirar libremente.
brynja. “lo sé, ¿verdad? tengo muchas intenciones de escabullirme en la cocina una vez que me haya quitado todo esto.” señaló su disfraz. si bien no estaba incómoda, había llegado aquel punto culminante de la noche en el que simplemente necesitaba darse un baño, colocarse el pijama, comer algo, beber mucha agua e irse a dormir. “—claro, eso si no me quedo dormida antes.” rió, ni siquiera sabía por qué reía, pero poco importaba aquello, atribuyéndole cada una de sus acciones al alcohol. continuó caminando, pasos casi inconscientes que la obligaban a moverse. parpadeó repetidas veces al ver quién había estado escondido debajo de la máscara todo aquel tiempo, ¡por eso su voz le resultaba conocida! “¿marius? ¡eres tú! no puedo creerlo... soy brynja.” volvió a reír, esta vez creyendo que tenía justificación para hacerlo. “al parecer, el camino a mi habitación y la tuya es el mismo.” comentó burlona, pasos ahora un poco más decididos, llevándola a destino. por alguna razón, no le resultaba raro haber terminado su noche con el joven. probablemente era una de las personas en las que más confiaba, sino en la que más, en todo aquel jodido lugar, y si bien podría haber terminado con cualquier idiota, la situación no era así, sino para su suerte, todo lo contrario.
marius. su mirada se dirigió hacia la fémina y, con párpados pesados, se tomó el atrevimiento de dedicarle un breve análisis a su atuendo. después, sin saber muy bien por qué, soltó una risa. en su mente, la sola imagen de la muchacha quedándose dormida a mitad del proceso de deshacerse de su traje resultaba de lo más cómica, sobre todo si se tomaba en cuenta que él probablemente sólo lanzaría su máscara lejos antes de arrojarse a la comodidad de su colchón. así, sin más. “hmm... comer antes de dormir de verdad suena bien,” vociferó, pensando en voz alta. la idea permaneció flotando dentro de su adormecida mente durante otro par de segundos. la escasa consciencia que le restaba le decía que durante la mañana se arrepentiría si no procuraba bajar su borrachera un poco antes de cerrar los ojos. su semblante se serenó tras la mención de su nombre y, casi por acto reflejo, su vista fue a parar de nuevo en las finas facciones femeninas. brynja. entrecerró los ojos, en un intento por darse a sí mismo un poco más de nitidez, como queriendo corroborar lo escuchado. ¿cómo era posible que no le hubiese reconocido antes? marius entreabrió los labios y vaciló un instante antes de hablar. “no...” comenzó. el ápice de una entorpecida sonrisa cosquilleó en las comisuras de sus labios. “eres daenerys.” fue cuestión de segundos para que una hilera de blancos dientes saliera a relucir, la sorpresa le resultó grata. un coro de risas le acompañó. “carajo, debo estar más ebrio de lo que pensé si no me di cuenta antes.”
brynja. no negaba que aquella noche había hecho más de una cosa de la cual se arrepentía, que deseaba poder envolverse en las sábanas y despertar al otro día como si nada de eso hubiese sucedido. pero ahora, caminando con torpeza hacia su habitación, en compañía del castaño, alcohol manipulando sus movimientos, diversión que nacía desde su interior... se sentía bien, se sentía correcto. tenía veinte años, divertirse debía ser algo así como un requisito, una obligación de aquella edad, cosa que había olvidad por largos meses. “¡oh vamos! tampoco era tan reconocible.” rodó los ojos, creyendo que de alguna manera sí lo había sido, pero no dejaba de ser cierto que el misterio fue parte de aquella noche, y realmente nadie había querido saber quién se escondía detrás de la persona con la que, quizás, habían decidido pecar. ahora, agradecía que nada hubiese sucedido con el castaño. “creo que tenemos sobras en el pequeño refrigerador de la habitación, ¿no?” inquirió, su estómago exigía comida. comenzó a subir las escaleras, tarea que resultaba bastante complicada, aunque para su suerte, no llevaba zapatos. porque claro, quién sabe dónde los había dejado, pero tampoco le preocupaba demasiado aquello, ya los encontraría al día siguiente. a cada escalón que subía, parecía dejar un pedazo de su alma, la necesidad de sostenerse de la baranda, precaución que prefería tomar antes que lamentar una caída, o pisar el escalón incorrecto. en ese estado, podía esperar cualquier cosa.
marius. pese a que su vista descendió hacia su máscara, con la que jugueteaba entre sus manos, la atolondrada sonrisita prolongó su estadía en el rostro del noruego. el silencio se hizo presente de su parte, más lejos se encontraba se hacerle sentir incómodo, como solía hacerlo durante la mayor parte del tiempo. no sabía si se debía a las grandes cantidades de alcohol corriendo por su torrente sanguíneo o si era más bien la compañía de la fémina, pero el castaño se encontraba disfrutando del momento que compartían. no recordaba la última noche en la que se había divertido tanto. tanto con sucesos inesperados como con gratas sorpresas, lo había pasado bien, y terminar la noche junto a su compañera de habitación parecía añadirle un toque especial a la velada. “uh... no recuerdo muy bien si quedó mucho, en realidad,” respondió luego de que la voz ajena se ganase su atención nuevamente. la cuestión lo llevó a fruncir sus delgados labios en gesto pensativo, mientras hacía un leve esfuerzo por recordar si se había comido o no las sobras durante la tarde, luego de haber fumado unos cuantos hits de su mariguana. no obstante, su debate mental se vio interrumpido cuando notó la pérdida de equilibrio en los pasos ajenos una vez que comenzaron a subir las escaleras. un paso en falso y la amenaza de que brynja golpeara el suelo se vio presente, más rápido fue el accionar el joven ebrio que, a pesar de torpe, logró interceptar la caída con su propio cuerpo. estuvo a punto de tropezar él también, pero encontró soporte en la menuda figura femenina, a la que sostuvo entre sus delgaduchos brazos. “hey, hey, cuidado... ¿todo en orden?” el ápice de una risa bailó sobre sus labios, mas toda comicidad se vio eclipsada por la reducida distancia entre ambos.
brynja. “¡¿qué?!” suave exclamación abandonó los labios de la joven, teñidos de un suave brillo, algo rosado y poco peculiar en ella, pero simplemente algo más para hacer justicia al disfraz que portaba. “¿terminaste la pizza? créeme que vas a—” sus esmeraldas viajaron en la búsqueda del rostro contrario, un regaño inocente, incluso rozando lo divertido, palabras que se vieron interrumpidas en el momento en que sus traicioneros y cansados pies evitaron un escalón, logrando que perdiera el equilibrio. antes de siquiera poder reaccionar, su cuerpo ya se veía aprisionado por el contrario, sus manos buscando apoyo en los brazos ajenos. abrió los ojos a modo de sorpresa, al igual que sus labios. “a pagar.” finalizó la oración en un susurro, suave sonrisa escalando sobre su comisura derecha. su mirada se vio deambulando en la ajena, recorriendo su rostro, como si intentara reconocer a la persona frente a ella, aunque claro que ya sabía quién era. ¿acaso siempre había sido tan atractivo? su cabeza se ladeó hacia la izquierda en cuanto aquella pregunta se hizo presente en su interior, pero decidió ignorarla con rapidez. “gracias por eso.” elevó los hombros en un gesto que rozaba lo inocente, el alcohol y el cansancio no eran una buena combinación... oh, claro que no. “anda, vamos, todavía nos queda un largo camino hasta la habitación.” exageró, porque no era así, pero su habitación era una de las últimas, en eso no había mentira. se apartó con cautela del joven, añorando la calidez de su cuerpo, para luego aferrar su diestra a la baranda y emprender nuevamente camino hacia arriba.
marius. inevitablemente, sus pupilas descendieron hacia los rosáceos labios de la muchacha cuando se curvaron en una nueva sonrisa. de pronto, el aire entre los dos pareció tornarse denso. la sensación rondando por su epidermis le desconcertó a primera instancia, atrapándolo dentro de un trance que se vio roto solamente cuando la voz ajena se hizo escuchar una vez más. trazó con la punta de su lengua su labio inferior y, como si hubiese sido atrapado con las manos en la masa, se apresuró a buscar nuevamente los claros orbes de la castaña. una sonrisa fue la primera respuesta que otorgó, suave, con una pizca de socarronería vislumbrándose en su mirada. “el diablo de hell’s kitchen ha rescatado a otra damisela en apuros,” musitó a modo de broma, arrastrando más de una sílaba al hablar. la euforia de la fiesta se iba desvaneciendo de a poco, y la aparición de cansancio era el primer indicio de que el alcohol comenzaba a pasar factura. hubo una parte de sí mismo que quiso negarse a abandonar su posición, sucumbir ante el súbito deseo de sus manos por mantener cerca el cuerpo de la fémina, más sin embargo, marius permitió que se apartara sin más. meció su cabeza en asentimiento y, luego de que la castaña retomara el ascenso por las escaleras, le siguió el paso, procurando prestar atención a dónde pisaba. se sentía extraño, mas se negaba a pensarlo demasiado. “¿dónde están tus dragones cuando se necesita un aventón, huh?”
brynja. no supo exactamente a qué atribuir aquel escalofrío que recorrió su piel ante la ausencia de la cercanía ajena, pero decidió no analizar la situación. después de todo, ¿qué caso tenía hacerlo? estaba ebria, drogada, al borde de caer dormida y en compañía de una de las únicas personas en el hotel con quien se sentía en libertad. claro, quizás tenía que ver con que dormían en camas contiguas, pero fuera lo que fuera, así era. “si me llamas damisela en apuros una vez más, voy a golpearte.” aseguró, aunque la burla se podía apreciar en cada una de las sílabas mencionadas. el trayecto escaleras arriba fue difícil, pero finalmente consiguió llegar, un suspiro de alivio abandonó con lentitud sus labios una vez que el trayecto que restaba era derecho; realmente lo agradecía. volvió a reír, el repentino comentario ajeno provocando aquello, orbes esmeralda buscando encontrarse con los impropios una vez más. “eres un idiota. anda, carrera hasta la habitación.” dicho esto, comenzó a correr. o bueno, trotar, porque correr resultaba una tarea imposible. era consciente de lo infantiles que se tornaban sus acciones en ese estado, siempre que el final de la noche llegaba, pero lo cierto era que poco le importaba reprimirse. al llegar a la puerta, intentó abrirla, sin éxito. “¿esta es nuestra habitación, verdad?” inquirió la joven, entrecerrando los ojos, presa de la curiosidad. alzó su mirada hacia la puerta, podía jurar que el número trece estaba plantado sobre la madera, pero no le cabía duda de que podía equivocarse.
marius. marius elevó las manos con las palmas en exposición, como quien busca defenderse. agradeció la distracción que le ofreció la broma de la desconcertante sensación que continuaba rondando por su interior. “ya, nada de violencia durante esta noche, por favor,” acotó con un lánguido y falso tono de súplica, por puro teatro, mientras sus pupilas se mantenían fijas en los escalones que debajo de sus talones había. cuando el ascenso terminó y frente a él se abrió el corredor que los conduciría hasta su habitación, volvió a mirar a brynja. por alguna razón, sentía la necesidad de observarla, de apreciar como si fuera la primera vez sus facciones. marius no era ciego, se había percatado antes de lo hermosa que la joven era, más sin embargo, no había sido sino hasta minutos atrás, cuando cerca le tuvo, que se detuvo a apreciarlo. “e-espera --- ¿qué?” tiempo no tuvo de oponerse, pues cuando menos lo esperó, la figura opuesta se vio acelerando el paso en dirección a su destino, dejándolo atrás. con torpeza, el joven artista apresuró a seguirle, pero sus pies parecieron enredarse entre sí durante un momento y trastabilló; su máscara voló hasta caer al suelo y maldijo en voz alta, mas una risotada se brotó de su garganta al levantarla. sin más preámbulos, siguió el rastro de su acompañante. “¡eso ha sido trampa!” exclamó, olvidándose de la hora y de la gente que probablemente se encontraba ya dormida. cuando se detuvo frente a la menor, el mundo parecía darle vueltas. “huh.” con ojos entrecerrados, se esforzó por enfocar su mirada en el número en la puerta. volvió a reírse. “número quince. estamos en la trece -- por allá.” las yemas de sus dedos rozaron la palma de la mano ajena, en invitación.
brynja. “no puedo prometer eso, si roncas en la noche tendré que atentar contra tu vida.” rodó los ojos, la burla haciéndose evidente al hablar. lo más seguro era que en el instante en que su cuerpo se recostara sobre el sofá, el sueño la vencería y morfeo la recibiría con alegría en sus brazos, completamente ajena al mundo que la rodeaba. pero claro, de eso no podía estar segura, y cierto era que a veces su sueño era bastante ligero. no pudo evitar reír al ver la escena protagonizada por el joven, al parecer, las risas la acompañaban desde que se había encontrado con él, y realmente no le sorprendía. “¿trampa? excusas, estás más ebrio que yo y eso es simplemente tu culpa.” lo señaló con su índice, somo si estuviese acusándolo de algo. “¿quince?” volvió a observar el número, ahora el cinco haciéndose un poco más claro ante sus ojos, aunque claro, si no fuese porque el castaño lo había mencionado, probablemente ni siquiera se hubiese dado cuenta. el ligero roce sobre su mano provocó que su piel se erizara, mirada viajando una vez más hacia las facciones masculinas, su cabeza elevándose para de esa manera poder encontrarse con el rostro impropio, que estaba bastantes centímetros más arriba. sostuvo su mano, presionando sus labios en una pequeña y casi invisible sonrisa antes de emprender el paso hacia la puerta correspondiente. una vez que llegaron, intentó abrirla, teniendo éxito ésta vez. al adentrarse en la habitación, su mano libre buscó encender la luz. “declan no está aquí.” comentó, curiosa ante la ausencia de su compañero restante, pero claro, quizás seguía en la fiesta, o se había entretenido con otra cosa. “necesito tomar un baño, no tardaré. ¿qué dices si mientras tú buscas lo que sea que tengamos de comida? y tienes que prometer no dormirte.” a pesar de que había anunciado que iba a retirarse al baño, no dejó ir la mano contraria, sino que aguardó quieta por una respuesta.
marius. una sensación de satisfacción se esparció por su pecho cuando sus dedos se vieron entrelazados con los de la fémina. en silencio, permitió que se le fuese guiado en dirección a la habitación correcta. si bien su cuerpo parecía pedir a gritos un descanso, la idea de que la noche culminara no acababa de ser aceptada por completo por el noruego. quería permanecer de aquella manera, disfrutando de la compañía de la joven dentro de la burbuja de felicidad artificial que el alcohol les había obsequiado. se vio obligado a parpadear cuando la luz fue encendida dentro de la habitación, pues le tomó unos cuantos segundos acostumbrarse a la iluminación, que cegadora resultaba ante sus pupilas luego de haber pasado la noche técnicamente a oscuras. una vez que se ajustó al cambio, recorrió el interior con la mirada, corroborando la ausencia del aludido. “parece que encontró cómo disfrutar de la noche,” comentó el castaño, medio burlándose, medio bromeando, pues seguro estaba que más de uno despertaría en habitación ajena durante la mañana. con el dorso de su mano, frotó uno de sus ojos, en un intento por despabilarse del ligero sueño que amenazaba con tornar pesada su mirada. los irises teñidos de un verde esmeralda que le hicieron frente de nuevo consiguieron distraerlo. una vez más, la distancia entre ambos se veía reducida y, como por consecuente, el inquietante cosquilleo volvía a hacerse presente. la comisura izquierda de su boca se elevó con ligereza, trazando media sonrisa. “vale, esperaré por ti,” aseguró sin pensárselo mucho, el enronquecimiento de su voz dejando a la vista cómo el cansancio rondaba ya por sus adentros. temía quedarse dormido de ser dejado a solas, pero estaba dispuesto a hacer el intento de permanecer despierto hasta el regreso de la joven. aguardó a que brynja se apartara.
brynja. “bien, no tardaré.” repitió, aquella promesa que aseguraba cumplir. por alguna razón, le resultó complicado apartarse del joven, como si se tratara de una especie de imán. pero finalmente lo hizo. sus dedos abandonaron el agarre que mantenían contra los ajenos, retrocediendo un paso hasta finalmente voltearse. se acercó hacia el armario, para buscar algo de ropa, y luego desapareció detrás de la puerta del baño. no tardó demasiado en bañarse, aunque sí un poco más de lo normal. tuvo que remover todo el maquillaje de su rostro, y deshacerse de la mayor cantidad de pintura temporal que tiñó su cabello de níveos colores para aquella noche. como claro, también deshacerse de las impurezas que marcaban su cuerpo, producto de las malas decisiones en las que se había visto envuelta, pero que por alguna razón, se veían un poco más disipadas en ese momento. luego de unos quince minutos, abandonó el cuarto de baño, vistiendo una amplia camiseta de fútbol y unos pantalones de pijama color negros con puntos blancos, que alcanzaban hasta el suelo. su húmedo cabello descansaba sobre uno de sus hombros, restos de tintes blancos aún se podían percibir en sus mechones. “hey, ¿sigues despierto?” inquirió, sus esmeraldas buscando encontrar la figura del castaño. se sentía más limpia, más cómoda. “y sí, sé que debo lucir como un completo mounstro sin el maquillaje pero no te horrorices.” añadió divertida. no solía utilizar demasiado maquillaje, por lo general ni siquiera lo hacía; pero era consciente de que el cansancio se podría evidenciar perfectamente en sus facciones.
marius. cuando la silueta femenina desapareció detrás de la puerta del baño, el noruego tomó la oportunidad para deshacerse él mismo del traje que llevaba. en cuestión de minutos, el atuendo de daredevil fue reemplazado por su ropa para dormir: su pantalón de pijama de algodón y una sudadera de la que se despojaría más tarde, una vez que tuviese intenciones de adentrarse en la comodidad de sus sábanas. le echó un vistazo a la caja de pizza que se encontraba sobre la única mesa dentro de la habitación, descubriendo entonces que no había comido todas las sobras y que restaban unas cuantas rebanadas; no era mucho, pero supuso que sería suficiente para saciar todo antojo que su ebriedad pudiera darle a ambos. sin más, tomó un pedazo y se animó a recostarse sobre su cama. se sentía todavía ligeramente mareado, y sabía que si cerraba los ojos no habría marcha atrás, por lo que procuró mantenerse entretenido con su teléfono móvil para eludir que morfeo lo arrullara entre sus brazos. se hallaba viendo fotografías de la fiesta en redes sociales cuando el sonido de la puerta del baño se escuchó de nuevo, anunciando el regreso de la castaña. por acto reflejo, su mirada buscó la figura ajena; cuando le observó, una peculiar calidez hizo aparición en su interior. pese a la notoria diferencia entre su apariencia actual y la de minutos atrás, supo entonces que le gustaba lo que veía, que esa sensación que lo asechaba se trataba de atracción. “sí eres tú, después de todo,” musitó con voz rasposa, bromeando, y una lánguida sonrisita tiró de sus comisuras. el silencio se prolongó durante unos momentos. entonces, haciendo uso de esa pizca de valentía de la que el alcohol era autor y sin apartar su mirada de su interlocutora, se animó a decir, “me siento todo lo contrario a horrorizado.”
brynja. había necesitado ese baño, claro que sí. no simplemente para cambiarse de atuendo a uno más cómodo o para quitarse el maquillaje que a esas instancias de la noche ya se tornaba pesado y bastante molesto, sino porque despojarse de todo aquello que la ocultaba la hacía sentir un poco mejor consigo misma, se había visto en el espejo y había visto a brynja, no a una copia barata o a alguien tratando de esconderse detrás de un disfraz. era ella. ebria, cansada, y todo lo que ello provocaba, pero brynja a fin de cuentas. “soy yo.” aseguró, divertida sonrisita bailando en sus comisuras mientras su mirada viajaba en busca de su compañero. “pizza, yo quiero eso.” dicho esto, se aventuró en busca de una rebanada de aquello que en ese instante resultaba lo más similar al paraíso. tomó una rebanada entre sus dedos, y estuvo a punto de acercarla hacia sus labios, pero las palabras expresadas por el mayor alcanzaron sus oídos, provocando que su atención se desviara completamente hacia él. “tú... estás demasiado ebrio.” se animó a bromear, a pesar de que una cálida sensación se asentó en su pecho ante aquellas palabras, que le sonaron genuinas. quizás era culpa del alcohol, pero en ese momento poco le importaba. había recibido un par de cumplidos aquella noche, si es que a ese tipo de comentarios se le podía llamar cumplido, pero aquel fue el único que le agradó. le dio un mordisco a su rebanada de pizza, tomó una botella de agua con su otra mano y se encaminó hacia la cama ajena, tomando asiento en el borde de la misma si siquiera pedir permiso. “¿la habitación también te da vueltas a ti? ¿o sólo soy yo?” cuestionó divertida, llevando una vez más la rebanada de pizza hacia sus labios.
marius. si bien la manera en que sus palabras fueron reducidas a incoherencias producidas por el alcohol por la misma muchacha ocasionó que una leve punzada de decepción se hiciera presente, la acusación le robó una risa. el sonido fue breve y desganado -- tomó la similitud a un soplido tras deslizarse de entre sus labios, pero fue una risa, a fin de cuentas. luego de la lucha incesante entre su fuerza de voluntad y la somnolencia que buscaba apoderarse de sus sentidos, dejó finalmente que sus pesados párpados cayeran. había esperado algo más; algún indicio que le ayudara a averiguar si la joven castaña, por algún motivo, sentía la mismo que él experimentó al verla, más sin embargo, fácil le fue asumir que no era así. decidió no insistir más, repitiéndose que el magnetismo que insistente buscaba atraerle a la fémina era un efecto secundario del alcohol en su sistema. “sí, lo estoy,” concordó en un quedo murmullo mientras dejaba su teléfono celular sobre su pecho. así, sumergido en la oscuridad, el mareo volvía a intensificarse. la acidez en la boca de su estómago advertía de antemano acerca de las consecuencias con las que tendría que lidiar durante la mañana, y el solo hecho de imaginarse a sí mismo como una víctima más de la resaca le causaba malestar. a ciegas, se llevó la rebanada de pizza a medio acabar que llevaba entre sus dedos y le dio un mordisco con la intención de aminorar su ebriedad aunque fuese un poco antes de dormir. “no me da vueltas, pero siento que mi cama está flotando,” respondió con un toque de diversión, aunque hablaba en serio.
brynja. permaneció en silencio unos largos segundos, obnubilada por los efectos del alcohol, concentrada en alimentarse. no fue hasta que la rebanada de pizza desapareció, que creyó regresar a la normalidad. parpadeó repetidas veces, como si hubiese estado dormida despierta por como mucho un par de minutos. sus esmeraldas buscaron el rostro de su compañero, encontrándose con que sus ojos permanecían cerrados. bebió un largo trago de agua, sentía su garganta reseca, probablemente estragos del ardiente alcohol que había bebido durante la noche. “hey... ¿sigues despierto?” inquirió en un susurro, atreviéndose a hacerse un lugar junto a él, recostándose sobre la cama de costado, su rostro observando con atención las facciones impropias. “me prometiste que no ibas a dormir... —y tienes razón, la cama flota.” susurró divertida, su índice se presionó con suavidad contra la mejilla contraria, intentando de esa manera buscar su atención. interiormente se regañó a sí misma, se dijo que lo más inteligente debía ser recostarse en su cama, hundirse entre las sábanas y despertar la mañana siguiente con una resaca de los mil demonios, pero sin haber perturbado la situación con el castaño. sin embargo, aquella pelea en su cerebro duró apenas unos segundos, los cuales creyó eternos, pero no lo fueron. la hacía sentir bien, de alguna manera incluso segura. ¿todo eso podía ser producto del alcohol? quizás, no descartaba la opción, pero también era cierto que aquel elixir traía consigo algo de verdad, claridad, ¿entonces por qué reprimirlo?
marius. con otro par de mordiscos más, su pedazo de pizza desapareció. había perdido todo aquello que lo había mantenido ocupado hasta el momento, e imposible le resultó entonces no dejarse llevar por la sensación de arrullo que su ligero mareo le obsequiaba. su cama parecía balancearse de un lado a otro, como si de una misma cuna se tratase, más la inquisición que escucha fue suficiente para impedirle ceder ante la pesadez que aprisionaba a su cuerpo. sus sensores se activaron de nuevo cuando percibió movimiento sobre el colchón y, tras notar cómo el calor corporal ajeno parecía entremezclarse con el propio, sintió el impulso de abrir nuevamente los ojos para buscar aquel rostro de agraciadas facciones con el que estaba seguro se toparía. no obstante, no lo hizo. no quería hacerlo porque temía verse tentado nuevamente por la cercanía. “sigo despierto,” respondió en voz baja, enronquecida, sin moverse de su lugar. buscaba ignorar el deseo que sentía su cuerpo por acercarse, pero la escasez de distancia entre ambos se lo tornaba difícil. la presión sobre su mejilla, sin embargo, logró que el ápice de una sonrisa torciera levemente sus labios. giró entonces la cabeza en dirección opuesta y, dándose por vencido, volvió a enfocarse en la castaña. “sigo despierto,” confirmó de nuevo. sus pupilas deambularon por el sereno semblante que encontraron, detallando en silencio los rasgos impropios. una pequeña mancha de salsa fue divisada debajo del labio inferior de la muchacha y, tras un momento de vacilación, marius llevó su dedo pulgar hasta dicha zona para retirar los residuos, acariciando sutilmente su tersa piel. quiso decir algo, pero su boca se negó a cooperar.
brynja. por medio segundo, se preguntó si había hecho algo mal, si alguna de sus acciones o palabras habían llevado al mayor a molestarse, pero aquel pensamiento no deambuló mucho por su cerebro, simplemente porque apenas tenía espacio para concentrarse en una cosa a la vez, y en ese momento toda su atención estaba enfocada en lo agradable que se sentía aquella cercanía. sonrió al escucharlo hablar una vez más, expresión que abandonó su rostro cuando el contrario se vio tan próximo a ella, incluso pudo jurar haber contenido la respiración. batalló con todas sus fuerzas que su mirada no descendiera hacia los labios ajenos, pero le resultó imposible. sus esmeraldas se vieron hipnotizados por las curvaturas en su rostro por lo que pareció una eternidad, pero en realidad no fueron más que un par de segundos. ¿qué la regresó a la realidad? el tacto sobre sus carmines, orbes volviendo a colisionar con los impropios, un escalofrío recorriendo su cuerpo de pies a cabeza. “¿sabes?” inició en un susurro. “iba a preguntarte si vas a besarme... pero supongo que no quiero esperar a que me lo digas.” todas las señales de alarma se encendieron en su cabeza, pero sin embargo, las acalló completamente. y dudó, lo hizo, pero finalmente sus labios se acercaron al encuentro de los de marius, en un gesto suave, casi que podía definirse como casto en un inicio, mientras sus dígitos buscaban el cálido refugio en las oscuras hebras ajenas, y sus párpados cedían, cerrándose, pero no rindiéndose ante morfeo, sino ante un impulso, una corazonada. sus carmines comenzaron a moverse con suavidad contra los ajenos, intentando acompasarse a un ritmo calmo.
marius. no llegó a anticipar lo que por sus oídos se abrió paso después. lo escuchado consiguió pillar al joven artista por sorpresa, enviando por su interior una ola de desconcierto que pronto se vio reemplazada por ese cálido cosquilleo que desde hacía rato había hecho aparición en su persona. permaneció quieto y parpadeó. dudó durante un instante haber escuchado bien, más sin embargo, cuando notó cómo el reducido espacio entre ambos se veía aminorado, supo que no era su cerebro jugándole una mala pasada. su ritmo cardíaco ganó velocidad, el golpeteo contra su pecho se vio creciente conforme la espera se prolongaba. cuando los rosáceos labios de la joven se encontraron con los suyos, sus párpados volvieron a caer, casi con alivio. sin darse tiempo a sí mismo de cuestionar sus acciones, se afianzó con cuidado al rostro de la castaña con su diestra, sus dedos paseándose por su nívea piel en suaves caricias que recorriendo su mandíbula. de pronto, toda pizca de cansancio parecía haberse esfumado de su cuerpo y el mundo fuera de la habitación dejó de importar. a primera instancia, correspondió con la misma calma al inesperado gesto, más fue cuestión de segundos para que su interior se avivara. marius ladeó la cabeza hacia un costado para recibir mejor a los labios que danzaban a la par con los propios, un vaivén que si bien no dejaba de lado a la mesura, se veía adquiriendo ritmo con rapidez. embelesado por la embriagante sensación que en él despertaba la joven, se dejó llevar. sus sentidos más primitivos lo dominaron y, levantándose un poco del colchón, se abalanzó sobre brynja en busca de acercarse un poco más.
marius. su juicio se veía nublado por la embriagante calidez que inundaba su cuerpo de rincón a rincón. no podía pensar. no quería pensar. toda preocupación, toda posible consecuencia que pudiese llegar a presentarse debido a tan impulsivas acciones era eclipsada por el creciente placer del que se veía prisionero. cuidadoso de no aplastar a la joven muchacha bajo su cuerpo, el noruego se inclinó un poco más hacia ella cuando sobre su espalda fue trazado un sutil sendero de caricias; un cosquilleo le recorrió la espina dorsal y la piel se le erizó. el corazón amenazaba con atravesar su pecho en cualquier momento; el calor se acumulaba en su rostro, más sin embargo, demasiado embelesado se veía por la suave textura de los labios que los propios acariciaban que la alternativa de apartarse pasaba a ser descartada de manera automática. antes de esa noche, la idea de besar a brynja no se había cruzado ni una sola vez por su cabeza, mas algo le decía que después de haberlo hecho una vez, imposible le resultaría dejar de pensar en ello. un suspiro se le escapó cuando la menor se apartó. sus pulmones agradecieron el respiro que se les fue otorgado, más eso no impidió que echara de menos el contacto. sus párpados ascendieron nuevamente; su mirada se encontró con los verdes orbes ajenos, tan cercanos y profundos, y sintió perderse en ellos un instante. de a poco, el inicio de una sonrisa logró asomarse por las comisuras de sus labios, casi con timidez. “quería hacerlo,” confesó en voz baja, sin mencionar que probablemente no lo habría hecho de no haber dado ella el primer paso. una de sus manos descendió por el antebrazo impropio, acariciando su piel con las puntas de sus dedos, y recobró un poco más de distancia. si con aquello culminaba finalmente su velada, no planeaba quejarse. “gracias,” murmuró segundos más tarde, “por esta noche.”
brynja. en el instante en que se apartó, el fantasma de los labios ajenos bailó por largos instantes sobre los propios, la ausencia de su calidez sintiéndose más que cruel. sabía que haberse arriesgado de esa manera con marius probablemente había sido un error, pero simplemente no había podido evitarlo. ¿culpar al alcohol? podría hacerlo, claro que sí, librarse de responsabilidades, pero... no, no quería hacerlo. estaba más sobria de lo que había estado antes, y de todas formas, no había máscaras detrás de las cuales esconderse. lo había besado porque había querido hacerlo, y demonios, no se arrepentía. un escalofrío la recorrió de pies a cabeza, el tacto del castaño era tan suave, tan gentil, que generaba ese tipo de sensaciones en la noruega. sonrisita asomándose en sus comisuras. “sé que querías, por eso lo hice... soy buena notando ese tipo de cosas.” arrugó suavemente la nariz, sus dígitos deslizándose lentamente por su cuello, deteniéndose inmediatamente al escucharlo hablar una vez más. “¿qué?” inquirió, curiosidad marcando la sílaba inquisitoria. “no tienes que agradecerme, marius, quiero decir...” ni siquiera sabía qué era lo que quería decir, las palabras no eran su fuerte. una suave risita abandonó sus labios, párpados cerrándose durante esos segundos, finalmente volviendo a encontrarse con su mirada al abrirlos. “¿honestamente? me alegra que mi noche esté terminando así. ¿quieres —quieres que regrese a mi cama?” claro, esperaba que la respuesta fuera negativa, pero creía que lo correcto sería preguntar. y por las palabras contrarias, aquel agradecimiento, supuso que se refería a que la noche había finalizado. y sí, quizás era la idea correcta; pero cierto era que no quería apartarse de él.
marius. si bien las comisuras de sus labios se mantuvieron elevadas en una suave sonrisa, la duda no tardó en sembrar semilla en su interior. quiso preguntar si le había besado solamente por complacerlo de alguna manera, por apiadarse de su ser carente de valor en una obra de compasión que probablemente se le sería recompensada en un futuro, más sin embargo, no lo hizo. los gentiles dedos que se enredaban entre su desaliñada cabellera parecían arrullarlo cual canción de cuna, y la calma llegaba para apaciguar la tempestad que había azotado a su órgano rey, así como de a poco la pesadez regresada a sus párpados, que amenazaban con cerrarse en cualquier momento. la noche había sido larga y ajetreada, y su cuerpo insistía en sucumbir ante el cansancio. toda clase de incertidumbre se vio eclipsada, sin embargo, por el efecto que surtieron en él las palabras de su interlocutora. la ligera ola de satisfacción que se esparció por sus adentros fue suficiente para relajarle por completo; que la castaña apreciara su compañía tanto como él apreciaba la suya resultaba gratificante. sin más, marius permitió que sus ojos finalmente se cerraran, dándole autorización a morfeo para tomarlo entre sus brazos, y se acomodó sobre el colchón casi con pereza, su cuerpo lánguido en busca de comodidad entre las sábanas. “hay espacio suficiente aquí para los dos,” respondió entonces, en un quedo murmullo, ofreciendo a su contraria la oportunidad de acurrucarse junto a él. en ese momento, no contaba con la consciencia suficiente como para considerar el rumbo que tomarían las cosas durante la mañana, mas no le importaba compartir la cama con ella.
brynja. por alguna razón que desconocía completamente, aquel momento compartido con el mayor le había brindado una paz interior que creía imposible de alcanzar, muchísimo menos en una noche como aquella. se sentía bien, como si los planetas se hubieran alineado a su favor y le hubiesen regalado un final de la noche que podría pecar de ideal. y sí, era el final. por más de que quizás las intenciones de permanecer disfrutando de aquella nube de utopía en la que estaba sumida, el cansancio cada vez iba asentándose en cada músculo de su cuerpo, obligándola a ceder ante los brazos de morfeo. sonrió ante la respuesta que obtuvo, ciertamente era la esperada. se acomodó sobre el colchón, escondiendo su cuerpo debajo de las sábanas y frazadas, y su cuerpo se apegó al contrario, acurrucándose junto a él. “si te pateo en la noche, no digas que no te avisé.” susurró, sus labios depositaron un suave y casto beso sobre los impropios antes de que su cabeza viajara hacia la comodidad de su pecho, pudiendo apreciar el sonido de los latidos de su corazón y el vaivén de sus respiraciones. “buenas noches, marius.” añadió, finalmente cerrando los ojos, sumiéndose en la oscuridad. oscuridad que no se sentía para nada aterradora, sino que la abrazaba con calidez, y poseía el peculiar perfume de su compañero de cuarto. ¿tendrían que lidiar con consecuencias en la mañana? quizás, quizás no. pero en ese preciso momento, se sentía tan cómoda, tan tranquila, que nada podía importarle menos. pocos minutos pasaron hasta que finalmente viajó al mundo de los sueños, quedándose completamente dormida.













