Con el aumento de la capacidad de sensar la ciudad y sus habitantes (city-sensing y citizen-sensing), aparece la posibilidad lógica de explorar el concepto de una ciudad responsiva. Abordaré en otro post con mayor profundidad este concepto post-humanista, pero su desarrollo está vinculado al levantamiento de información y posterior uso por parte de un sistema y sus habitantes en contextos de problemáticas socio-políticas. Una ciudad puede ser responsiva en sus distintas capas, logicamente desde sus habitantes o ciudadanos, hasta su infraestructura.
Y si bien se ha abordado desde distintos puntos de vista, muchos asociados a ámbitos de eficiencia, un aspecto que es interesante de explorar es acerca de la relación persona-ciudad teniendo como foco la emoción: ¿Puede una ciudad ser responsiva a las dinámicas emocionales de su población? ¿Qué tipo de respuestas puede tener dinámicamente esta ciudad ante los sentimientos o emociones manifiestos durante un período de tiempo, o durante un contexto particular? ¿Qué efectos podría lograr en las personas el hecho que una ciudad cambie o se modifique según su estado anímico o sus emociones? ¿Qué información, lecturas y posibles interpretaciones puedo sacar a partir de visualizar el registro de la emoción en un período de tiempo?
Como parte de un proyecto de taller de segundo año de Diseño de Interacción Digital UDD, exploramos acerca de ésto a través de un artefacto físico que fuera capaz de levantar la sensación emocional de una persona, en un contexto especulativo y de reciprocidad usuario-sistema en que el ciudadano levanta esta data voluntariamente para ser compartida a la ciudad y ésta pueda tomar decisiones ad-hoc.
En lo específico, el artefacto permite construir un mapa territorial de emociones basada en cuatro dicotomías: dos positivas y dos negativas. Cada dicotomía, plantea conceptos que desde la intuición se pueden enfrentar desde una sensación inmediata y contingente, hasta otra más de largo plazo, instalada y trascendente, con las graduaciones entre ambos extremos. De esta manera, por ejemplo, el usuario puede ubicar su sensación emocional entre una dicotomía positiva CONTENTO<->SATISFECHO o negativa ENOJADO-RESENTIDO. En un extremo el concepto intuitivamente se reconoce más en lo inmediato, en el ahora, presente y contingente. En el otro, es un concepto más de largo plazo, una emoción instalada y profunda.
La visualización sincrónica en tiempo real o como registro diacrónico abre una serie de posibilidades de responsividad a un sistema: ciudad, gobierno, organismo, etc. y permite abrir también, la exploración hacia los distintos ámbitos en los que se desarrolla e impacta a las personas o ciudadanos a partir de su visualización territorial.
¿Cómo responde la ciudad a sensaciones emocionales inmediatas? ¿Qué las provoca? ¿Cómo impactan situaciones coyunturales en un determinado momento, en las emociones de las personas? ¿Cómo impactan situaciones de más largo plazo? ¿Qué puedo hacer como sistema para modificar sensaciones instaladas y negativas de los usuarios?
Sin duda estas preguntas son interesantes de abordar pensando en la responsividad de una ciudad. Preguntas que comienzan con esta exploración de interfaces físicas y artefactos en contexto de ciudadanías inteligentes.