Nº de Alumno: VL13051996-1117
Nombre del Alumno: Vladimir Laforët.
Edad: 19 años.
Fecha de nacimiento: 13 de mayo de 1996.
Lugar de nacimiento: Cannes, Francia.
Ocupación: Estudiante de medicina.
¿De dónde viene y a dónde va?
El pequeño Vladimir llegó al mundo una cálida tarde de primavera. Un nacimiento peculiar que todos los allegados a la familia Laforët estaban esperando con euforia. Pero todos ignoraban la verdad detrás de todo aquello, ignoraban que la criatura que acababa de llegar al mundo no era una realidad hijo de Bruno Laforët, y quizás era mejor así, para el pequeño recién nacido y para todos los demás. Amity, su madre, era una mujer desdichada al lado del ilustre hombre, que se vanagloriaba por una familia perfecta que era completamente inexistente de puertas a dentro. Tal vez eso la llevo a tener un amorío fuera del matrimonio, la necesidad de sentirse amada y viva, la necesidad de saber y sentir que podía ser deseada por un hombre, para más que sólo apariencias. Un pequeño desliz que le concedió el placer de experimentar la maternidad por aquellos inolvidables nueve meses de su vida, pero un acontecimiento que sembró el odio en el supuesto padre hacia su pequeño hijo. Las consecuencias que todo eso conllevaría después serian verdaderamente desastrosas.
La infancia de Vladimir fue completamente normal y feliz. En aquella época de inocencia donde su única preocupación era tener las suficientes ideas para divertirse nada podría salir mal, además de que adoraba la compañía de sus hermanos. Era sabido por todos que los tres pequeños eran inseparables. Eran un prospecto de familia perfecta, idea que el moreno odio una vez que su edad le permitió ser consciente de la verdadera situación. Su relación con su padre nunca fue la mejor y con el pasar de los años empeoraba, acabando con la poca tranquilidad que quedaba en aquella casa. Vladimir nunca sintió que aquel hombre fuera una figura paternal para él. Otro caso era su relación con su madre, el pequeño sentía una gran adoración y fascinación por la expresión suave que la mujer le ofrecía cada vez que le veía. Su progenitora siempre tenía una sonrisa llena de amor y unos brazos reconfortantes que le regresaban la esperanza. Pero nada de eso logró impedir que se fuera de casa una vez creció y tuvo la oportunidad de hacerlo. Convertirse en el mejor neurocirujano era uno de sus sueños más grandes, y sabía que el mal ambiente familiar no era el mejor entorno para un estudiante en su primer año de universidad. Así que empacó sus maletas y sus anhelos, y se abrió paso hacia una nueva etapa en su vida.
Vladimir es un chico con ideales trazados. Es determinante y constante con las decisiones que toma, los cambios le producen cierta inestabilidad así que los evita a toda costa. De la mala relación con su padre le quedó la rebeldía y la terquedad. Siempre tendrá la fuerza y la energía para llevarle la contraria a alguien si confía completamente en que su posición es la acertada. No le cuesta aceptar que se equivoca pero si le molesta tener pensamientos errados. Su manera de ser tan reservada tiende a volverlo un poco ermitaño pero lo cierto es que el joven Laforët disfruta de la compañía de otras personas, siempre y cuando se mantenga una línea de conversación en la que sienta que puede hablar y dar su opinión sin privarse de emitir detalles. Es un jovencito sensible ante las cosas que de alguna manera le afectan, y ante su madre y sus hermanos, que son las personas más importantes en su vida. Apasionado y leal, lleno de virtudes escondidas que solo pueden ser descubiertas una vez que él lo permite, lo cual no sucede muy a menudo.
Decidió que Australia era el destino perfecto para estudiar medicina. Vladimir pasó horas en la computadora, repasando opciones y viendo posibilidades. A pesar de la insistencia de su madre en que se quedara un poco más cerca, el moreno consideró más que necesario poner algo de distancia. Vaya sorpresa se llevó aquella ajetreada mañana al abrir la puerta de su confortable departamento y encontrarse con la figura de su progenitora justo frente a él. Para la mujer estaba más que claro cuál sería su respuesta si era su padre quien le hablaba de toda aquella idea, que para el ojimiel resultaba completamente absurda e innecesaria. Sin embargo, la angustia que percibió en Amity le hizo reconsiderar su negativa. Sabía que Bruno Laforët era un hombre importante, lleno de enemigos y sombras. Vladimir nunca se había preocupado por saber de más, pero ahora sentía cierta necesidad de alimentar su curiosidad. Finalmente aceptó, al ser informado de que sus hermanos estarían con él en aquel lugar, sin duda, quería volver a compartir algo más tiempo con ellos.
Su madre le contó la verdad sobre su procedencia justo el día en que le pidió que aceptara unirse a la iniciativa. A escondidas ha estado tratando de tener algún tipo de comunicación con su padre biológico.
Decidió que quería ser neurocirujano después de algunas visitas que hizo como voluntario a un hospital de niños, al cual tuvo que dejar de asistir por órdenes de su padre.
Vladimir siente una entrañable admiración por su hermano mayor, Rain. Lo considera un ejemplo a seguir, tanto como si él fuera esa figura paternal que nunca logró encontrar en Bruno Laforët.