LA UÑA
La uña del dedo gordo del pie derecho la tenía mal. Después de ir a varios médicos descartaron hongos, solo hablaban de una deformidad en el crecimiento de la uña por un accidente que tuve.
Me resigné por muchos años a tenerla asi. Los calcetines los rompía de ese lado, los tenis se iban desgastando donde tocaba el dedo; en verano andar con zapatos descubiertos me daba vergüenza, tenía que comprarme sandalias que cubrieran esa parte y en la playa siempre enterraba el dedo para que se llenara de arena y no llamara la atención.
Un día pase por un local donde arreglan y ponen uñas postizas y vi a una señora con unas uñas larguísimas y sucias. Ahí estaba, sentada, sin vergüenza, pagando por recuperar unos pies limpios y arreglados. Y pensé, si ella pudo, ¿yo por qué no? Me arme de valor y pedí cita rogando que tuvieran una solución.
No fue muy bien, aunque quitaron muchísima uña, me dejaron las orillas enterradas, fui a otro lado y me limaron más pero seguía con las uñas enterradas.
Hasta que fui a Centre Kinetic, yo vivía cruzando la calle. Me dejaron las uñas estupendas, tenía ya una infección en ambos dedos gordos, pero me recupere del todo. Ahora voy en cuanto siento una ligera molestia.
Ya no me da vergüenza andar descalza, voy enseñando los pies y camino normal por la arena.
Todo este rollo que he soltado es para recordar que nunca es tarde para cambiar, para mejorar lo que no nos gusta y acudir siempre a profesionales.













