Desde que Nano era más pequeño, disfrutaba de la bañera con sus sales de baño, espuma, burbujas; le ponía su vaso con zumo de uva, cromoterapia (si era verde, le agregaba gotas de eucalipto al humidificador del baño o si era morado, lavanda, etc.). No faltaban los pepinos en los ojos y una mascarilla facial mientras escuchaba música relajante.
Donde vivimos ahora no hay bañeras, solo ducha. Así que pensé en darle una sorpresa llevándolo a un Spa.
Por fortuna, encontré uno en la ciudad donde vivo al que pueden ir menores de edad acompañados de un tutor. Y este domingo se llegó la cita.
Había sauna, baño turco, pediluvio, duchas sensoriales, piscina con tumbonas con hidroterapia, chorros de agua, jacuzzi, piscinas de agua fría y caliente, tumbonas calientes fuera del agua, una piscina con cítricos (nadando entre limones), una barra con agua fresca y varios tipos de tés fríos y una fuente de hielo.
Pensé que una hora sería aburrido para él, pero nuestro tiempo se pasó volando. Le encantó, tanto que estamos pensando en volver por lo menos una vez al mes.
La mayor parte del recorrido estuvimos solos, solo entró una pareja unos quince minutos y se fueron.
Nadamos, reímos, nos relajamos y disfrutamos en silencio. Mientras él jugaba en el agua con los limones, yo descargaba la tensión de los hombros con los chorros de agua.
Sé que no es lo mismo, cada manera de relajarnos es distinta, lo valioso aquí es el tiempo juntos, el crear nuevos recuerdos y disfrutar cada día uno al lado del otro.
No se permite tomar fotografías, así que comparto imágenes de la página del spa.
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