Dibujo terminado, bueno tenia bloqueo, no sabia que dibujar o hacer, y gracias a consejos de varios dibujantes, pude realizarlo, me gusto las manchas de la piel, que seria la suciedad manchas de sangre, enserio me encanto, como salió la pose (la saque de una de pinterest, créditos al responsable), aunque, la verdad no me agrado mucho como las manchas de la sudadera, pero esta mejor que las del principio.
Gracias a @ballorita1010 @murders-laura @benjamin-red por los consejos que me dieron para poder hacer este dibujo.
PD: en si solo era un boceto, intente hacer el linear pero no me gusto...
Solo en sueños soy capaz de recordar a lo que muchos llaman: Tiempos mejores. Tan solo tenía trece años cuando esto sucedió, creo que me he acostumbrado a vivir en la desolación que existe en el mundo, que esos días me parecen tan lejanos que comienzo a dudar si realmente pasaron.
Cuando estoy despierto y sin nada que hacer, en lo único que puedo pensar es en como fuimos destruidos hasta casi quedar extintos. Los Invasores llegaron a la tierra hace diez años y de inmediato comenzaron a atacar. Se dedicaron a matar indiscriminadamente a todo ser humano que se les cruzara en frente. Intentamos enfrentarlos, pero nuestras armas de fuego, químicas y biológicas fueron inútiles contra ellos. La humanidad fue derrotada mucho antes de que comenzara a luchar. Sin ningún tipo de defensa, muchos huyeron a sitios supuestamente seguros, pero ahí a donde iban, los Invasores los encontraban y continuaban con la exterminación. Así fueron las cosas durante varios años, hasta que fuimos exterminados o eso creyeron. Muy pocos logramos escondernos en pequeñas comunidades olvidadas en medio de la nada y sobrevivir con las pocas cosas que logramos rescatar antes de los ataques.
Los Invasores llegaron a la tierra con una sola misión: Extraer recursos. Secaron los pozos y ríos de agua dulce, arrancaron de raíz centenares de árboles, extrajeron miles de hectáreas de tierra de siembra, se llevaron a los animales que sirven de alimento, nos quitaron todo lo que necesitamos para vivir, pero lo que no nos quitaron fue nuestro orgullo y eso es lo que hasta ahora nos mantiene en pie.
A pesar de que el mundo está en la basura, aún hay personas que se dedican a hacer el mal, hay algunos que se dedican a hacer apuestas, a vender “medicina” y otros que roban y yo estoy en estos últimos. En este mundo de porquería cada quién debe hacer lo que puede para sobrevivir.
Esta última vez, mientras trataba de huir de la bodega con mi botín para venderlo a en la comunidad más cercana, tropecé con un cable que nunca había estado ahí. Hice mucho escándalo al caer y me atraparon. No hay cárcel en este lugar, pero acondicionaron un viejo cuarto como tal. Me quitaron todo y me arrojaron aquí, sin decirme cuando me iban a sacar. Llevo dos días sentado en la oscuridad, sin otra cosa en que pensar que no sea en cómo pasamos de vivir a sobrevivir.
De pronto, mis pensamientos son interrumpidos por el chirrido que hace la puerta al abrirse, tengo que entrecerrar los ojos para que la luz que se cuela a mi glamorosa habitación no me lastime. Logro distinguir la figura de un hombre alto y fornido. Estoy tentado a hacer una broma por su visita, pero tengo la boca tan seca que no quiero gastar saliva.
–Afuera –ordena con una voz grave y llena de autoridad que no dudo ni un segundo en hacer lo que me pide. Nunca he peleado y no pienso empezar con ese enorme tipo.
Me pongo de pie y paso a su lado al salir. Una vez afuera otros dos tipos aparecen de la nada y me toman con fuerza por los brazos. El primer sujeto les ordena que me lleven a la Central. Un escalofrió recorre mi espalda al saber a dónde me llevan, pero el susto dura poco, ya que un fuerte golpe en la nuca me manda a los brazos de Morfeo.
Mis ojos se abren de forma perezosa al despertar de mi forzado sueño. Pestañeo un par de veces para acostumbrarme a la brillante luz que inunda la habitación. Me siento un poco decepcionado, esperaba que la Central (el imponente hogar de los jefes de la comunidad) fuera más impresionante, pero en cambio solo veo una mesa de plástico amarillenta por el sol y una silla de madera a punto de caerse.
No tengo tiempo de maravillarme con la vista cuando la puerta se abre y entra el mismo hombretón de antes acompañando a uno menos fornido que él. El tipo pequeño se sienta en la vieja silla de madera y me mira con una sonrisa que me desconcierta, solo espero que no esté pensando en cómo va a destriparme ¡Vamos solo fue un par de latas de comida y tres botellas de agua! No pueden matarme por eso ¿O sí?
–Oigan, lamento haberles robado. No fue mi intención y me arrepiento de hacerlo. Prometo que no volverá a suceder, ya aprendí mi lección – o al menos eso espero que crean. Necesito asegurarme de tener más oportunidades de continuar mí hasta ahora, exitoso estilo de vida, y para ello tengo que salir de aquí lo antes posible.
–En realidad, no es por eso que estas aquí, pero acepto tus disculpas –El tipo que está sentado coloca una hoja sobre la mesa y la acerca. Tengo que inclinarme hacia adelante para lograr ver lo que creo son frecuencias de sonido– interceptamos un mensaje de los Invasores hace unos días.
Desde hace un par de años los técnicos lograron interceptar la señal que usa los Invasores para comunicarse. Usamos esa información para saber cuándo van sobrevolar la zona y escondernos para hacerles creer que no queda nadie, hasta ahora nos ha servido bastante bien para sobrevivir.
–El mensaje fue: La tierra desaparecerá en cuatro días.
Aparto la vista del papel para fijarla en el hombre que está frente a mí. Su sonrisa ha desaparecido. Mis ojos se abren por completo y reprimo el primitivo impulso de gritar cual maniaco ¡No quiero morir! aun soy muy joven y tengo muchas cosas por las cuales vivir en este porquería de planeta.
–Pero no todo está perdido. Hemos estado trabajando en un dispositivo explosivo a largo alcance. Nuestro plan consiste en entrar a su base, colocarlo a escondidas en su arsenal y hacerlo explotar. Nuestras armas no pueden dañarlos, pero la de ellos sí. Después de diez años de estar viviendo la oscuridad, por fin volveremos a la luz.
–¿Y qué pinto yo en todo esto?, ¿Por qué me lo cuentas? –pregunto sin poder ocultar la molestia en mi voz. Sé que los tiempos no van a mejorar, pero jamas imagine que podrían empeorar.
–Necesitamos a alguien rápido y ágil para hacerlo, y que mejor que tú. Nos has estado robando durante años, a pesar de que la bodega es el lugar más vigilado, te las ingeniaste para entrar múltiples veces–dice con un ligero tono de reproche– Los Invasores piensan que ya no hay humanos, dudo mucho que haya vigilancia en su base. No es algo del otro mundo, solo es entrar, colocar el dispositivo, huir y explotar. Así de simple, nada que no hayas hecho antes.
–¿Me estas pidiendo ayuda? –el hombre asiente. Me tomo un unos minutos para pensar en lo que me pide. Yo sé (porque he estado afuera) que no hay Invasores en las calles o en la ciudad, y tampoco hay peligro de ataque. Aunque no quiero, debo aceptar que éste tipo tiene razón, no es algo que no haya hecho antes, desde que quede huérfano ese ha sido mi estilo de vida, así que no sería problema hacerlo, pero...– ¿Qué gano yo si los ayudo?
–Sabía que preguntarías algo así. Que te parece si a cambio de tu valioso servicio nosotros te damos riquezas. Jamás volverías a robar, siempre tendrías que comer y tendrías una preocupación menos en tu castaña cabeza. Te daríamos un cómodo lugar en el cual vivir, no pasarías frio y el azotador clima no sería un problema para ti. Serias algo así como el tipo rico de la comunidad. Vivirías mejor que nosotros ¿Qué dices?
–Me parece una excelente recompensa, no puedo darme el lujo de rechazarla, pero tengo que asegurarme que alguien más también estará incluido en trato –el tipo frunce el entrecejo en gesto dudoso y desconfiando– Mi amigo Sam. Está enfermo y no puede valerse por él mismo. Necesita medicamentos y estos solo los he encontrado en la otra comunidad –pero claro, no menciono que los he conseguido robando, aunque creo que es obvio– es como mi hermano y no puedo dejarlo atrás. Quiero que él esté conmigo cuando regrese y en caso de que no lo haga –aunque sé que lo haré sin problema alguno– debes jurarme que lo seguirás cuidando. Solo así aceptaré tu dichosa misión, o como quieras llamarle.
El silencio se apodera de la habitación por un par de minutos, sé que está meditando mi petición, se le nota por la marcada arruga que se le dibuja en la frente. Quizá lo que pido sea demasiado, pero él me pide que arriesgue mi vida, así que creo es bastante justo.
–Esta bien, lo juro... –dice soltando un resoplido de resignación– supongo que no tengo otra opción –estira su mano hacia a mí y la estrecho con fuerza– espero que tengamos éxito.
El sujeto (el cual se presenta como Abraham) después de cerrar el trato me pide que lo acompañe. Caminamos en silencio por el pasillo de la vieja casa hasta que llegamos a otro cuarto en donde solo esta una caja fuerte. Abraham saca lo que a simple vista parece ser una caja de zapatos aplastada, pero al verla más de cerca me doy cuenta de que tiene un pequeño aparato eléctrico encima. Me dice que ese es el dispositivo en el que han estado trabajando, me explica cómo lo crearon, como funciona y porque está seguro de que va tener éxito.
Él no lo sabe, pero soy malo para prestar atención a detalles que no importan, así que solo logro entender que contiene un explosivo que es una mezcla de dinamita y C4, y que es activado a control remoto, dándome tiempo de colocar el dispositivo y huir como alma que lleva el diablo, para después hacer explotar la jodida base de los Invasores.
Salimos del cuarto para ir hacia la bodega, donde me prepararan una mochila para el viaje y me proporcionaran un medio seguro en el cual trasportar el dispositivo sin temor a que me explote en la espalda.
Un día después de la reunión con Abraham, ya tengo todo listo para la dichosa mision;mochila con provisiones y el dispositivo sano y salvo. Antes de que me marche pido que cambien a Sam de nuestra destruida casa a la nueva. Sé que le preocupa cuando salgo, pero siempre he regresado y esta no será la excepción. Me despido de un abrazo de mi amigo prometiéndole que nada malo pasara y me dispongo a marcharme.
La base no está muy lejos, queda a cinco o seis horas caminando a buen paso, llegare ahí al anochecer, eso es algo que viene muy bien, la oscuridad me servirá de escondite en caso de encontrarme con algo, aunque lo dudo.
Como predije no hay humanos o Invasores en la ciudad, está desolada, pero aun así procuro avanzar con cautela sirviéndome de la poca luz de la luna. Ya casi he llegado a la base, está detrás del único edificio que aún se mantiene en pie. En tiempos mejores, detrás había un estadio de baseball, pero en estos días sirve como hogar de esas horripilantes criaturas.
Observo con un poco de miedo el lugar en donde aterrizaron los Invasores, hay un agujero de un par de metros de profundidad y en medio está la nave principal. Justo como dijo Abraham la nave está abierta y no hay quien la vigile. Antes de que el miedo se apodere de mí, obligo a mis pies a moverse y corro con sigilo hacia la entrada. Al llegar, me aseguro de que no haya nadie, miro el techo y no encuentro ninguna cámara que me delate.
Según los informes que Abraham, y su equipo han recolectado de los mensajes interceptados, la sala del arsenal está del lado izquierdo al fondo, así que corro en esa dirección, pero justo cuando me falta un par de metros para llegar dos Invasores salen de ahí. Rápidamente me escondo detrás de un ducto... no me han visto.
Me respiración se agita e intento no hacer ruido llevándome la mano a la boca, pero eso solo lo empeora, me entran ganas de toser. Los ojos se me ponen llorosos y hago uso de toda mi fuerza de voluntad para ahogar la tos. Escucho los gruñidos de los Invasores, sueltan un par de frases que entiendo y otras que no. Asomo la cabeza para verlos y me doy cuenta que no había visto uno tan de cerca desde que mataron a mis padres.
Son seres enormes de casi dos metros, muy musculosos, tienen tres dedos en cada mano y uñas filosísimas al final de estos, su dentadura está compuesta por centenares de colmillos capaces de arrancar el brazo de un hombre de un solo mordisco. No llevan ropa, pero no hacen falta, están cubiertos de una fina capa de pelo gris. Uno de ellos gira violentamente el nervudo cuello hacia mi dirección, me escondo de nuevo y ruego al cielo que no me haya visto.
Escucho sus pesados pies arrastrarse hacia a donde estoy, casi puedo sentir sus garras en mi pecho, pero se detiene, recoge algo del suelo y da media vuelta. Suelto un silencioso suspiro y espero un par de minutos hasta que ya no escucho nada.
Salgo de mi improvisado escondite, sintiendo un gran peso irse de mis hombros al encontrarme de nuevo solo. Entro sin mayor espera a la sala del arsenal, pero antes de que pueda esconder el dispositivo la puerta de abre y me encuentro de frente con un Invasor. En su mano derecha lleva el gorro que había estado usando y el cual está empapado de sudor. ¡Mierda, se me debió caer cuando me escondí!
Mi instinto de supervivencia se hace presente y antes de que el Invasor pueda atacarme, le arrojo mi mochila a la cara. Tengo unos pocos segundos de distracción y salgo corriendo con el dispositivo bajo el brazo. Una chillona alarma comienza a sonar y las luces dentro de la nave se vuelven rojas.
Corro lo más rápido que me dan los pies, pero no tengo idea de adonde ir, cada vez que estoy a punto de alcanzar la salida los invasores me cortan el paso y comienzan a seguirme, obligándome a tomar otro camino.
»Debo dejar el dispositivo en algún lugar y salir corriendo de aquí.«
Es entonces que me doy cuenta de que ya no puedo hacer eso, la misión ha cambiado. Ya no importa donde deje el dispositivo, ellos sabrán su ubicación y lo desactivaran mucho antes de que yo puedo hacer explotar la base, eso claro suponiendo que logre escapar. Tampoco puedo pasarme toda la vida huyendo, tarde o temprano me atraparan (ya sea aquí dentro o fuera) y me mataran, y de nuevo desactivaran el dispositivo, por donde mire la misión ha fallado... Yo he fallado.
Solo hay una opción para el éxito y no me gusta ni un poco, pero es la única forma que se me ocurre para deshacerme de esos malditos. Me detengo a tomar aire un momento, pienso en todas las cosas que he hecho mal y las pocas que he hecho bien. Sé que nunca fui un muchacho que se puede considerar como bueno, siempre fui tratado y me comporte como un maldito infeliz, no voy a negar que hay cosas de las que me arrepiento y de las cuales no me siento orgulloso, pero que se le va a hacer, estas son las cartas que tocaron y las jugué las mejor que pude, pero ahora me toca hacer mi último movimiento ganador.
Me giro y vuelvo sobre mis pasos. No se me dificulta volver hacia la sala de arsenal, recuerdo cada vuelta que di. Los gruñidos de los Invasores llenan el ambiente, la alarma ya casi no se escucha por el escándalo que hacen. Creo que jamás en toda mi vida fui tan popular. Una boba sonrisa se posa en mis labios sin que pueda evitarlo ante mi tonto pensamiento.
Cuando estoy punto de llegar al arsenal, una decena de Invasores aparecen por el pasillo, freno bruscamente casi yéndome de bruces, me doy la vuelta pero detrás de mí y a los costados aparecen más criaturas. Giro sobre mí mismo, observando sus grises ojos y sus bocas babeantes y feroces. Estoy a punto de decir una estupidez, pero un zarpazo en la espalda me tumba. Caigo boca abajo con el dispositivo en el pecho.
Las garras se comienzan a clavar en mi carne, grito de dolor, pero aun en mi sufrimiento logro sacar del bolsillo de mi pantalón el control para activar el dispositivo. Tengo un segundo de tranquilidad al ver el control, aquí termina mi viaje esta es mi última jugada, me iré como el héroe que nunca planee ser y me llevare a estos malditos conmigo. Lo único que me consuela es que Sam quedara en buenas manos y que vivirá tranquilo los pocos años que le quedan de vida, él se merece tener una vida feliz.
Al apretar el botón escucho el clic que hace al activar el dispositivo. En menos de un segundo siento algo extremadamente caliente en el pecho y una luz destellante me deja ciego y después... ya no siento nada, solo hay una tranquila y reconfortante oscuridad.
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