Solo habían pasado 24 horas. Atribuyo la visión apocalíptica de mis apreciaciones a este hecho y al estado de shock que al mismo puede asociarse. Aunque ello no quita que a veces me pregunte hacia dónde va todo esto; aunque disfrutarlo sin necesidad, sea la mejor respuesta y en el fondo nunca haya dejado de saberlo.
Hace mas de un mes, me encontraba en sintonía en esta ciudad. Hoy no digo que no lo esté, pero me pesa mucho mas estar lejos de mi familia y de mi tierra. Solo mi edulcorada y, hasta cierto punto, edulcorante situación sentimental, mantiene en mi esa energía que hace cada día distinto.
Es un punto de apatía, un día gris, sentimiento circunstancial; pero debo saltar el muro y no rodearlo, esto era un sueño: con sus recurrentes sobresaltos, y así seguirá siendo mientras me mantenga activo. Es la única manera de luchar contra la desubicación, que parece comenzar a invadirme.
Así pues, tomar cada día como una aventura parece mas una obligación moral que una opción. Sea como fuere, el camino andado no se volverá a desandar; y es por eso que el sonreír en todo momento sigue resultando tan natural.