LEYENDA DE LAS MONTAÑAS
El eco de la brisa vespertina llegando de las lejanas cumbres menea una solitaria prímula que florece en silencio en la hierba del altiplano.
Los potros se llaman ruidosos desde las sombras de bosque y prado. De vuelta brincan exultantes, como siempre, relinchando fogosos.
Si el olor del polen deriva en el crepúsculo flotando suave sobre el pastizal será porque galoparon por toda la planicie.
Pronto, al caer la noche en la meseta y colgar la luna su farol, los potros, exhaustos, duermen hondo y la solitaria prímula se mece en un sueño.
Akiya Yutaka








