Un día nuevo comienza, Te frotas los ojos, Haces tu vida, Te encuentras con aquellos que te crean una sonrisa, Ese día no ves el noticiero, No quieres oír sobre un hermano muerto. Llegas a la tarde, Tomas el té, Terminas la tarea que te sobra, Pero escuchas el noticiero atrás, quizá alguno de tus familiares encendió el televisor, Una alerta, Un video, Una tragedia ha nacido otra vez de los intereses enfermos del humano. Te sientes asqueado, Te vas a tu habitación, Abres Twitter con la esperanza de que todo sea una falsa alarma, Pero todo es real, Escuchas los gritos, Ves las estampidas, Oyes las bombas, Es una pesadilla transmitida en vivo. Sientes como el llanto quiere aparecer, Pero, ¿para qué? Ninguno de ellos va a volver. Le escribes al aire virtual una condolencia, No sabes como apoyarlos, No hay palabras que detengan sus llantos. La noche cae y te acuestas, En el silencio las dudas te reclaman, ¿Por qué? ¿Quién será el próximo? ¿Esto alguna vez va a parar? Cierras los ojos, tratando de no sobre-pensarlo, Pero en esa oscuridad aparecen las imágenes, Los gritos fantasmas, La bomba que inició el pandemónium. Ahí te pega, Lloras, Lloras porque no sientes humanidad, Solo sientes desesperanza, Y te sientes inútil por no poder hacer nada. Aunque esto esté cargado de dolor quiero que recuerden que todos juntos podemos cambiarlo, esto no tiene religión, no tiene nombre, es odio puro respaldado por intereses. Hoy más que nunca tenemos que rezar y/o unirnos para brindarle ayuda a los que lo necesitan. Hagámoslos vivir para siempre, que estén en nuestros corazones, y que no haya nadie más muriendo de esta forma.