El problema de la libertad va más allá de nosotros mismos.
Una persona está en medio de una calle transitada, quieta. Está gritando. Sus manos apuntan hacia su corazón, sus ojos hacia el cielo. Los dedos de los pies tienen la forma de uñas de animal, aferrándose al suelo. Está desnudo. Su labio inferior tiembla. Su labio superior intenta morder al inferior para que pare de temblar. Los brazos se le mueven agitados, como intentando volar. Los ojos los tiene resecos, pestañea menos de lo normal.
-Perdone, ¿Qué hace ahí quieto?- Le pregunta una chica que, entre la muchedumbre, ha conseguido verle.- ¿Necesita ayuda?
El hombre no contesta. No puede contestar. Se abre entonces un silencio doloroso entre la chica y nuestra persona. Al ver que no hay respuesta, la chica, sintiéndose rechazada, le mira con compasión y se va. Anda unos minutos con total normalidad. Pero el hecho da vueltas en su cabeza.
“Lo he intentado. Le he preguntado y no me ha contestado, lo he intentado. He sido buena, he hecho lo que he podido. Si no me ha querido contestar es su culpa, yo he hecho todo lo posible.”
Esta chica comienza a sentir un irrefrenable calor por todo el cuerpo al tiempo que anda entre las masas.
“¿Y sí no me podía contestar por alguna razón? ¿Y si le han obligado a estar en esa situación? Tengo que ayudarle.”
El calor y la mala sensación provocan sofocos. Se quita la chaqueta y la bufanda y las guarda en el bolso. Sigue andando.
“Recuerda lo que te dijo tu abuela. Debes hacer lo que quieres que hagan por ti. Es la única manera de saber que haces lo correcto.”
-Que calor joder, que horror.- Exclama la chica sentándose en un banco.
“Pero, ¿Qué es hacer lo correcto? ¿Qué significa exactamente hacer lo correcto? ¿Hacer lo que está bien según tu propia opinión? ¿Y la opinión de los demás? ¿Cual era la opinión de ese hombre? Los silencios pueden significar algo. El silencio de ese hombre a lo mejor quería decir algo que no puede expresar con palabras. Estaba desnudo y en silencio. Puede servir como metáfora. Las metáforas van más allá de la propia realidad. El silencio puede contener gritos.”
-¿Y a mi de que me sirve saber el significado de su silencio? Lo importante es ayudarle. No está bien ahí desnudo, tiene que estar mal.
La gente empieza a mirar con ojos extraños a la chica. Se da cuenta de que está hablando sola. Mira hacia abajo, mientras se quita como puede el sudor de las manos.
“Es importante entender y comprender a cada una de las personas. Yo me he acercado, le he preguntado si necesita ayuda y no me ha respondido. Me ha mirado a los ojos, pero no me ha respondido.”
“A lo mejor alguien le ha cortado las cuerdas vocales y no puede hablar. A lo mejor está retenido por alguna mafia extranjera que le obliga a estar desnudo para despertar el morbo de la gente. A lo mejor es un simple loco que está en medio de la nada en un brote psicótico.”
“Si tu estuvieses en su misma situación, querrías que alguien te ayudase. Pero no vas a estarlo nunca, porque ese hombre se nota que tiene problemas. Problemas gordos a los que tú nunca podrás llegar. Tu ayuda no sirve de nada, solo va a hacer que el hombre se sienta avergonzado consigo mismo.”
“¿Y sí todo es producto de tu imaginación? ¿Has visto a alguien más ver al hombre o ayudarlo? No hay nadie más. Tú sola. No puedes tu sola.”
“Pero ese hombre me necesita.”
La chica empieza a hacer sonidos raros mientras encoje las piernas en el banco. Se levanta de golpe, pero al andar dos pasos se vuelve a sentar. Luego se vuelve a levantar y va en busca del hombre con pasos inseguros.
No lo ha oido gritar. No lo ha visto llorar. Solo le ha visto en silencio y desnudo. Pero estaba gritando, ¿No?
¿Por qué ella no le ha escuchado? ¿Por qué el no le ha contestado? ¿Por qué ella decide ir en busca de él de nuevo? ¿Qué hubiera pasado si ella le hubiese escuchado gritar?
¿Donde está la libertad aquí?