LA PAZ, ANHELO COLOMBIANO.
Autor: GUILLERMO MANTILLA RAMÍREZ
Universidad Nacional de Colombia
“La paz empieza desde adentro, desde nuestros corazones y con voluntad…”
La Paz, ha sido un anhelo desde que tengo memoria, la palabra paz, la llevo escuchando desde mis primeros años, tanto en mi hogar como en todo mi entorno. Ahí es cuando comprendo, que una solución de anhelo, nace de su antónimo, un problema. Ese problema es la constante e incesante guerra que mis ojos han presenciado, y que muchos como yo, antes y después, han tenido que vivir de una u otra manera. La guerra, se ha convertido en el pan de cada día de los televisores Colombianos y demás medios en los hogares, pero hoy, quiero pensar, ¿Por qué?, de ¿dónde viene tanta guerra?, porque la nombran todo el tiempo, en noticias, revistas, libros y películas; desde juegos hasta en fiestas, ¿Por qué?, para esto, definitivamente me he dado cuenta, de que así como veía que se nombraba a mi entorno la tan anhelada PAZ, quería comprender el entorno de la guerra, por qué esta aquí, para esto es necesario, ir a su contexto, entenderlo y analizarlo, porque siento que a pesar de nacer y crecer en ella, de presenciarla a diario de distintas maneras, en definitiva debemos comprenderla, conocer su procedencia y contexto para luchar contra ella y así definitivamente combatirla.
Todo inicia con la polarización de ideales geopolíticos que surgen incluso desde antes de la primera guerra Mundial, tras la industrialización y el aumento de la economía mundial y el comercio, entre las nuevas potencias, de occidente y de oriente, estas, dan como resultado, una lluvia de seguidores ideológicos a nivel mundial. Occidente, dominado principalmente por la potencia de los Estados Unidos, quien controla en su mayoría la parte comercial, política y militar de ésta región; es opuesto a un lugar del mundo que tampoco ha sido susceptible a los ideales comunistas y socialistas como los países vecinos de Rusia. Un claro ejemplo de esto, es la república de Cuba, en el corazón de América, teniendo como principal vigilante a su vecino los estados unidos, decide poner en marcha un proceso revolucionario, que sentó las bases del poder socialista en Latinoamérica. Este proceso de cambio en Cuba, inicia con su principal líder, Fidel Castro, quien logra derrocar al régimen del dictador Fulgencio Batista y se gana el poder de la republica desde el año 1959 hasta hoy.
Este proceso en el corazón de américa, abrió las puertas a distintos sucesos en el resto de países latinoamericanos. Hablamos de una consecuente serie de golpes de estado, momentos recalcitrantes en las venas de América latina que a hoy nos siguen formando como estados y nos continúan enseñando una historia que no paramos de escribir, lamentablemente con ayuda de “unos cuantos fusiles”.
Colombia, no sale de esta lista de sucesos, es más, de los países que sufrieron del conflicto, de las naciones que llevaron a cabo procesos internos, guerras civiles, conflictos armados o no, Colombia es el único país de Latinoamérica que tras más de medio siglo, continua en conflicto interno hasta el día de hoy. Argentina sufrió también un conflicto interno, tras la dictadura del 76, esa que se hizo llamar como “proceso” es una de las más sangrientas que ha sacudido al país gaucho. Tras culminar en el ’83, el proceso finaliza, e inicia un “mejoramiento” en la democracia del país. Simultáneamente, la dictadura de Augusto Pinochet en Chile se da a lugar, y no como cualquier acontecimiento, no menos que la realizada en Argentina, y no más que muchas otras en el continente, de mayor o menor nivel, según varias encuestas, lo que sí es seguro, es que fue aberrante, no solo por el hecho político, sino por las consecuencias de violación a los Derechos Humanos tan grandes como cualquier fatídico holocausto Europeo que repiten con vehemencia tantas películas, cada año.
Latinoamérica ha luchado desde antes que la “descubrieran”, su saqueo estalló aún más ese afán de liberación, se logró y aun así la lucha continua, pues al parecer la historia se repite y aunque no en las mismas circunstancias, los procesos son muy similares.
La corona española al parecer ya cayó a principios de ese famoso siglo XIX en el continente americano, sus naciones lucharon y se apropiaron del territorio; sin embargo, hoy a pleno siglo XXI, hijos de un violento siglo XX, marcado con sangre en los libros, estamos recibiendo unos sistemas resultantes de estos fusiles empuñados, de estas carreras por una "paz” que llego distinta a como se soñaba. Recibimos un territorio, que ni siquiera conocemos, estamos viviendo en un lugar que parece, según los libros, ya lo liberaron, pero nuestros ojos al salir a la calle ven algo distinto. Las calles están plagadas de algo que no es de acá. Los productos que comemos, nos los han traído de lugares que tal vez nunca conoceremos, y la comida que vemos nacer de nuestra tierra, nos la quitan de las manos sin tener la sensación de compararlas, y así saber que tan diferentes son entre estas, las calles son sinónimos de violencia, y esto es lo poco que podemos mencionar de todo lo que realmente sucede a nuestro alrededor.
Hoy me he dado cuenta que somos muy distintos, y aunque recibimos una nación “liberada”, parece que la estamos es vendiendo, y lo peor de todo, es que al parecer no nos están dando nada a cambio. Somos hijos de combatientes, de estos hemos heredado sus batallas. Todos los países latinoamericanos han oído hablar en su historia de una palabra nombrada Revolución, esto se debe a que estas naciones, han buscado alguna vez en un punto de su historia, el cambio; han querido algo distinto y siempre han luchado por esto.
Cuando una ley es injusta, lo correcto es desobedecer, dijo Gandhi, sucede que esto lo ha hecho siempre Latinoamérica, debido a que desde hace varias décadas tenemos un sistema geopolítico que ha logrado maquinar estos acontecimientos a su antojo, por un lado hay un afán perturbador y obsesivo de Estados Unidos, por un mayor dominio de la región, lo que ha llevado a inmiscuirse en los procesos de desarrollo de las naciones latinoamericanas, a influir en quien tomaba el poder en cada país en determinado tiempo, según sus intereses, y así comparar que beneficioso seria para su gobierno. Estados Unidos y sus ideales consumistas-saqueadores, ha influido en la separación de los pueblos latinos, en las pérdidas, en muertes y en la indiferencia, en la violación de derechos humanos, en la pobreza y la desnutrición, en el hambre y la violencia, en el continuo desconocimiento de nuestras riquezas y en el continuo saqueo de nuestros recursos, algo de lo que sabemos que directa o indirectamente existe en nuestras tierras y que aun así, nos hacemos de oídos sordos, pues no nos han pisado nuestros talones.
Todo esto, ha tocado a cada latino, ha llegado a cada proceso en busca de cambios, y en Latinoamérica han surgido distintos grupos, con distintos procesos, distintos intereses tal vez, distintos métodos, de varios países, con objetivos que tal vez muchos de ellos perdieron en el camino, otros los cambiaron, otros los acordaron, otros los lograron y simplemente otros nunca lo consiguieron y otros que aun luchan pero ven ese sueño lejos. Batallas de cambio ante los sistemas, batallas revolucionarias han existido a todo lo largo del continente. Nicaragua con su frente Sandinista, Guatemala con apoyo de la Unidad Revolucionaria de liberación, El Salvador, con el FMLN, Perú con Sendero Luminoso, Argentina, con los montoneros entre otras, Chile con el MIR, el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, nuestros hermanos de Ecuador con ¡Alfaro vive!, Uruguay con los Tupamaros, México con la liga comunista, Venezuela con la FALN, y esto, sin nombrar los demás hermanos países.
Aquí aparece el otro actor, que apenas nombramos al inicio, y es de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, hoy RUSIA, el otro responsable de estos acontecimientos que llevan siglos escribiendo historias marcadas en Latinoamérica. Nombramos a Rusia por sus ideales de gobierno comunistas. Estos principios juntos con pensamientos Marxistas, Leninistas, Socialistas y Nacionalistas, fueron el motor que impulso la lucha revolucionaria en Latinoamérica. Colombia, inicia un proceso revolucionario contundente a mediados del siglo XX (con algunos antecedentes). Nuestro país en un momento de su historia, con los índices de violencia al máximo, y cuyo nombre en los libros aparece como “los tiempos de la violencia” para referirse a estas instancias, es sin más uno de los hechos más desgarradores de la nación. El poder, disputado unas veces y repartido unas cuantas, entre los dos partidos políticos más importantes o dictatoriales del país, impusieron en la sociedad una cultura de muerte y violencia a favor de los colores políticos, a favor de ideales de burgueses que solo con víctimas de clases sociales inferiores atestaban sus partidos. A este nivel de violencia, contra la sociedad, contra trabajadores, contra inocentes, contra campesinos, etc. ; fueron ellos mismos quienes decidieron actuar, las víctimas, directa o indirectamente implicadas, la gente, los intelectuales, campesinos, socialistas, comunistas, universitarios, llevaron a cabo la creación de varios grupos con ideales socialistas y políticos, con intereses en común y con objetivos de cambio. Entre estos partidos, nacieron las fuerzas armadas revolucionarias de Colombia, o las FARC-ep, una terminación que nunca se menciona debido a su contexto totalmente absurdo, terminología que define “ejercito del pueblo” en su bandera, algo realmente inadmisible cuando la mayor cantidad de víctimas a mano de las farc son muertes del mismo pueblo, civiles inocentes del conflicto. Su creación es antecesora a 1964 como lo estipulan algunos textos, año en que Guillermo León Valencia decide bombardear Marquetalia, lugar de asentamiento de un grupo de guerrilleros autoproclamados independientes, y el nacimiento contundente de la Revolución en Colombia.
Esta postura anti-gubernamental de las FARC, inició con ideales políticos, ideales a favor del pueblo, de su igualdad social y de sus derechos humanos. Lamentablemente, el gobierno no responde tan diplomáticamente ante la creación de un grupo insurgente, y no es por apoyar su lucha, sino por criticar que de entrada el conflicto hubiese podido empezar sin esa muletilla “conflicto”. Ante la respuesta del gobierno de no negociación y en su afán codicioso de repartición de poderes públicos sin enfrentar lo que le esperaba mas adelante, el grupo revolucionario se convierte en fuerzas armadas, y se ubica en puntos geográficos estratégicos del país, más común verlos en zonas rurales a lo largo y ancho de Colombia.
Estos movimientos ya no tan políticos sino más bien militares, dan paso al origen de un conflicto interno, o como también podríamos denominarlo una guerra civil, entre el gobierno de Colombia, sus fuerzas armadas y la guerrilla de las FARC. Un grupo ya organizado con unos 2000 hombres en sus filas, maneja jerarquías, controla regiones del país y lo que es mayor, se lucra con la ilegalidad para mantener su control.
Esta cruenta guerra, continuaría por más de medio siglo, dejando en el camino miles de víctimas civiles, hechos lamentables a la violación de derechos humanos, se vuelve común en los medios escuchar las palabras atentados, muertes, secuestros, pescas milagrosas, zonas de distención, frentes aquí o allá, y demás frases que se convirtieron en el pan de cada día de cada colombiano por más de 50 años. El grupo revolucionario, comandado por el ya fallecido Manuel Marulanda alias Tirofijo, actualmente está dirigido por un secretariado de 7 miembros, que han ido cambiando gradualmente a través de los años; en remplazo de Manuel Marulanda, nombran en un comunicado al nuevo comandante alias Alfonso Cano, quien fue abatido en el 2011, en remplazo de este y a hoy continua como “comandante en jefe” Rodrigo Londoño Echeverri, alias timochenko o Timoleón Jiménez.
El grupo beligerante de las FARC tiene un solo objetivo en todas sus filas y en cada uno de sus integrantes, es convertir a Colombia en una nación Socialista; sin embargo en camino a este objetivo, han usado recursos que poco tienen que ver con un cambio político, y es el uso de la violencia; desde el narcotráfico para recibir dinero, pasando por guerra de guerrillas, atentados con cilindros bomba y demás armamentos unos hasta no convencionales, la minería ilegal, el uso de minas antipersona, el asesinato de civiles, de miembros del estado, de secuestros ya sean con fines políticos o extorsivos, han producido una herida inmensa en la sociedad colombiana, han provocado multitud de desplazamientos forzados, perdida de tierras, reclutamiento de menores, destrucción frecuente de la infraestructura del país, el aumento en los índices de pobreza y miles, miles de muertes que duelen en el espíritu nacional, y un sinnúmero de acontecimientos que desconocemos y que la mayoría quisiéramos ni escuchar.
A raíz de esto, la escalada de violencia a partir de los años 80 -90’s aumenta, las farc pasa de ser una organización de 3000 personas a un grupo revolucionario de 16000 integrantes en sus filas, asimismo, se crean partidos políticos, entre estos la Unión Patriótica, respondiendo a procesos de diálogos con el gobierno nacional y proponiendo participación política para la búsqueda del cese al fuego; sin embargo la violación por parte y parte al cese, nunca permitió un fin definitivo al conflicto armado.
Las farc continúan realizando atentados, y esta violencia entra de lleno en las zonas urbanas, en las principales ciudades del país, asimismo el gobierno realiza frecuentes operativos en busca de eliminar los cabecillas, esto continua año tras año. En el año 1998, en pleno proceso de crecimiento de la guerrilla, llega al poder el presidente Andrés Pastrana, su gobierno propone disponer una zona de distención o zona desmilitarizada por parte de los dos actores, para realizar un proceso de diálogos y así concretar la tan anhelada paz. Sin embargo, con la frecuente inasistencia de los cabecillas, y con la continua presencia de guerrilleros en cascos urbanos de ciudades cercanas, la continuidad de insurgencia y conflictos militares, desestabilizo el proceso y no tuvo ningún avance a pesar de la documentación realizada.
A partir del año 2002, con la llegada del político investigado por paramilitarismo, bacrim, narcotráfico y las convivir, entre otras, Álvaro Uribe, la violencia sufre una escalada inigualable, el gobierno realiza operativos que intensifican el combate, con el llamado “plan patriota”, sosteniendo que en Colombia no existe un conflicto interno sino una guerra anti-terrorista (algo que contradice absurdamente en twitter durante su campaña de odio previa al plebiscito en septiembre de 2016). Esto, provoca una pronta respuesta del grupo guerrillero, las guerras entre guerrillas, aumenta, los atentados en las capitales también, los secuestros, y demás hechos de violación a los derechos civiles son aberrantes. Es secuestrada la ex-candidata presidencial Ingrid Betancourt, y al siguiente año, realizan un atentado contra el club el nogal en Bogotá, con un resultado de 36 víctimas y más de 200 personas heridas; asesinan al gobernador de Antioquia Guillermo Gaviria y su asesor Gilberto Echeverri, son asesinados cruelmente 11 diputados secuestrados, el gobierno asesina a alias Raúl Reyes en un operativo realizado en ecuador, lo cual agrava la relación diplomática entre el vecino país y también con Venezuela, continúan hechos de álgida violencia de parte y parte que deja más y más víctimas civiles sin ningún avance político ni militar, solo muerte y destrucción. Notas como estas, se ven a diario en los medios, los niños pasan de ver sus caricaturas favoritas, a interrupciones de última hora, con imágenes de personas asesinadas como telón de fondo, tal vez, pretendiendo que el amarillismo se refleje en rating televisivo y ventas para el canal.
Más adelante es común ver que los partidos políticos en Colombia, pasan de ser 2 totalitarios, a ser más de 7 partidos, con intereses múltiples, donde los ideales están más que perdidos, y el movimiento estratégico de cada integrante a cada uno de los partidos es comparable con los asensos en una empresa o el movimiento de un deportista de un equipo a otro según intereses de por medio. Esto, vuelve pluralista el sector, pero francamente un pluralismo privado manejado por las clases altas que controlan las relaciones exteriores y la economía en el país, un pluralismo de partidos, en definitiva sin ideal alguno, o con ideal insaciable de poder.
Juegos de fichas frecuentes imposibilitan una verdadera paz. Mientras tanto, aunque algo reducidos, los grupo revolucionarios en Colombia se mantienen, unos representados en partidos políticos, otros operando militarmente en zonas rurales, otros en el exterior, otros presos y demás. Colombia es un país de hechos plurales, de variedad de acciones, de gran diversidad en todo el sentido de su palabra, de múltiples conflictos y de acontecimientos que aun hoy, ningún colombiano entiende. Llega el gobierno del anterior ministro de defensa, y ahora presidente Juan Manuel Santos, da boicot a un momento violento de parte del gobierno, pues han efectuado la baja de los principales cabecillas de las farc, el boicot mencionado, plantea el inicio de un “verdadero proceso de paz”, avalado por gobiernos internacionales, inicialmente realizado en noruega, el proceso empieza a coger mayor veracidad y credibilidad que los realizados anteriormente (9 procesos anteriores). Consiguientemente Cuba, es seleccionada la siguiente nación anfitriona, mediador para la resolución del conflicto. El gobierno nacional escoge a chile como país garante, asimismo las farc escogen a Venezuela como el otro país garante. Con Humberto de la Calle como representante del gobierno de Colombia y con alias Iván Márquez, como representante del equipo negociador de las FARC, se inicia el proceso oficialmente en el año 2012.
Para el orden del proceso, se definen puntos importantes para discusión, en los documentos, o como lo mencionaba el presidente Santos, se pacta una “hoja de ruta”, que define claramente los puntos a ser tenidos en cuenta. La instalación de la nueva mesa de negociación en la habana, plantea los siguientes puntos de negociación del conflicto: 1. La política del desarrollo agrario integral, (punto de partido al estallido de la violencia en Colombia), 2. La participación política, de grupos insurgentes con ideales socialistas. 3. El fin del conflicto armado y no armado. 4. La solución definitiva al problema de las drogas ilícitas y al narcotráfico, y 5. Determinar quiénes son víctimas del conflicto armado para su consecuente reparación. Estos puntos finalizarían en unos lapsos de tiempo acordados entre los dos negociadores, al finalizar la negociación se trataran los mecanismos de refrendación de los acuerdos realizados, o un método de validación constitucional de los acuerdos pactados; las farc plantean una Asamblea Nacional Constituyente con la conformación de 141 integrantes representantes de fuerzas guerrilleras, por otro lado el gobierno establece la refrendación por medio de un plebiscito aprobado por el congreso de la república y pendiente por ser refrendado a finales del presente año. Actualmente se encuentra en proceso de negociación el punto 2 y 3 de la lista.
En cuanto a las reacciones, el sector de ultra derecha al interior del país, se ha mostrado en contra del proceso, argumentando que no deberá existir negociación sin un cese al fuego bilateral; sin embargo desde el inicio del proceso de paz, el conflicto en Colombia descendió hasta un 70%, una cifra realmente histórica en la nación y se pactó el cese bilateral.
A diferencia de este punto de vista sectorial, la comunidad internacional y la población colombiana en general abogan, aprueban y festejan el desarrollo de este proceso de paz, necesario y urgente que merece el país. En cuanto al correcto desarrollo de este, es necesario, insistir en que el conflicto deberá incluir los distintos grupos revolucionarios y armados que existen en el país; la resolución del conflicto sin la participación del ejército de liberación nacional, ELN, y demás grupos revolucionarios, es insuficiente. Colombia debe plantear un pluralismo equitativo, debe desescalar su nivel de corrupción interna, las injusticias sociales, sus sistemas de infraestructura, salud y producción interior, las políticas de enriquecimiento absurdo de familias más poderosas, y la ilegalidad de sus dirigentes, para así conseguir una mejor calidad de vida de sus habitantes y por consecuente una paz estable y duradera.
CONCLUSIÓN SOBRE EL PROCESO DE PAZ
Hoy, como integrante de la autodenominada generación de paz, creo fervientemente en que la culturización de la sociedad, la equidad y justicia social a lo largo y ancho de nuestro territorio, crearan una sociedad de paz, sobre todo si este sueño va ligando directamente a la educación. Una sociedad educada, será una sociedad que critique, analice y apruebe o desapruebe según su criterio y argumento válido, una determinada decisión en el sistema, hoy, las familias desde sus hogares, ponen de su parte, para contribuir a un Colombianismo educado, sin la ley del más vivo, respetando las normas, sin querer pasar por encima de nadie, cediendo el paso, sin afanes, sin la trampa, hoy creo que la gente está siendo consciente de que ya basta de tanta violencia, pues esta nos trajo hasta aquí y por lo visto llego sin solución alguna.
Es ahí cuando sé que la paz se encuentra en el contraste de sonidos al caminar, en el contraste de las sonrisas de los transeúntes, en el mirar feliz y fijo de los soñadores colombianos, en el ambiente familiar de compañeros que cumplen largas jornadas de trabajo y se cruzan en el pasillo, en la transición de sonidos de la autopista a los parques, de la multitud de colores enmarcados en los murales bajo los puentes y muros de todo el país, huellas de artistas desconocidos y anónimos, trazos de actores de paz, de reproductores de matices alegres que amenizan el trayecto de quienes van en vehículos buscando día a día convertir sus sueños en realidad, mientras se dirigen a sus trabajos o sus distintas responsabilidades.
La paz, es ver llegar a los niños junto a sus padres al conservatorio de música de la Universidad Nacional, cumpliendo lo que desde un momento de sus vidas, un destello de impacto sonoro detecto en sí mismos, que la música era el camino a sus felicidades, a su plenitud romántica y soñadora. Un miedo que se diluye solo en el momento de sentarse junto a los otros soñadores e interpretar cada bello instrumento en una misma sala, en un mismo sentimiento, en el mismo compás, en un tiempo determinado por el pentagrama y en una afinación gallarda que describe que el país está en busca de levantarse hasta las notas más altas, que cualquier instrumento pueda reproducir, que cualquier cóndor pueda alcanzar, o tal vez más alto aun, que el hermoso espectáculo montañoso de la cordillera de los andes y que no han parado de apuntar hacia el cielo, donde también valerosos héroes ciclistas escarabajos han buscado por décadas conquistar, al ritmo de sus bielas.
La Paz es poder ver el color de los distintos 7 matices que desprende el mar isleño en san Andrés, o más brillante que el rojo pardo que desprenden las pepas de café maduras en las laderas más pendientes del paisaje cultural cafetero, más fuerte que el olor a la caña que recorre los múltiples relieves del paisaje colombiano, más hermoso que el pasillo de un colegio cargado de risas reverberantes de niños hiperactivos de aprendizaje, ansiosos de reír y asombrados de descubrir lo que a diario ven en el afuera. Tal vez, es un punto donde el aire que se respira huele a la combinación de todos los perfumes que desde temprano cada colombiano se aplica, y huele a emprendimiento, huele a sueños e ilusiones, a luchas diarias, a filas y trancones por superar, a encuentros y competencia contra manecillas del reloj, al correr hacia el patio porque la lluvia puede mojar tu ropa, ésta, empapada del lavanda, que las madres se esmeran por perfeccionar en cada tanda de enjuagues; lo que sucede hoy en el país, refleja que aunque somos tan distintos y de tonos de piel multicolor, tenemos la misma sonrisa, y el mismo sentimiento del compartir.
Hoy en día, todos se saludan, todos parecieran conocerse desde la infancia, todos comparten y cuentan sus historias, hoy, el suelo tiene más pisadas de todos los tamaños, las voces se combinan desde el brillo alto y casi mesosoprano de las voces infantes hasta el barítono y grave de un cantante de ópera, hoy todos tenemos las tres franjas patriotas, no pintadas, no maquilladas, no en prendas ni en suvenires, sino en cada sonrisa y saludo espontaneo a nuestro prójimo, de entender que la única solución a nuestros duros tiempos, es parar, mirar sonreír y saludar, porque somos más ricos, somos más soñadores, queremos la tranquilidad que nuestros ancestros anhelaron, y la tenemos.
Hoy el amarillo está resaltando más en cada casa de todo el extenso y rico territorio colombiano, el azul llega a cada grifo, se cuida y se ve más puro, limpio y más cuidado, la fauna ha vuelto y la flora está haciendo lo suyo al pintarnos las calles de colores… y ese rojo que tanto resalta en nuestros libros de historia, en tantas batallas, ese rojo ya no se ve como se veía antes, ya no simbolizará más la sangre derramada, ese rojo ahora es el mismo rojo que con su pincel y técnica, nos desprende el Sol en cada atardecer y en cada una de las hermosas ciudades colombianas, es un espectáculo de rojizos danzantes, siluetados o fuertes, rojizos incandescentes que hacen detener peatones y encender cámaras, que logran un apretón de manos espontaneo a la pareja menos expresiva, ese, ese rojo del atardecer que detiene cualquier espectador para admirar de belleza, un rojo que dice representar sangre, pero la sangre apasionada de orgullo nacional al ver tan magna pieza pintada en un óleo de rayos uv sobre un lienzo de cielo infinito apacible y moldeable, por las densas estepas de bancos de neblinas, a la par de una pieza de arte y otras tantas musicales, me recuerdan la espiritual e introspectiva ave maría de chopan o al mestizaje que solo la marimba me hace sentir, al tono de nuestra piel, a la mezcla de rasgos y genes multiculturales, es la fe y la esperanza que solo la paz nos da y que seguramente si moverá montañas y dejara los andes esparcidos por toda nuestra tierra para que miles de nuestras huellas puedan alcanzar el cielo desde cualquier parte y gritar a la par del cóndor que escolta los mensajes, que por fin tenemos la paz y la venimos a manifestar desde nuestros hogares; bellos refugios familiares cargados de las tres franjas primarias, que darán el punto de partida de un verdadero país en paz, desde casa.
“No hay camino para la paz, la paz es el camino”. Mahatma Gandhi.
PLEBISCITO SOBRE LOS ACUERDOS… ¿Y AHORA QUÉ…?
Debo ser honesto ante la nefasta ilusión, de mis palabras tan positivas y soñadoras sobre la paz en mí país… Pero debo ser sincero también, que por ningún motivo, voy a dejar de soñar…
Así, inicio éste capítulo de mí breve resumen sobre el conflicto; se trata de un capítulo fuerte para la memoria Colombiana, basado en la jornada del plebiscito realizado el día de hoy 02 de Octubre de 2016, dónde se decidía si el pueblo colombiano aprobaba o no los acuerdos firmados entre el gobierno y las farc, el pasado lunes, tras 4 años de negociación. Para sorpresa o no de ustedes, esta jornada cerró con un absoluto silencio en los hogares Colombianos, al menos donde yo resido, al ver que NO se aprobó ningún acuerdo, repito, luego de 4 años de negociación. Me he enterado del proceso llevado a cabo con el grupo Revolucionario Las Farc, y he estado informado acerca de cada punto acordado según la hoja de ruta que dispuso el gobierno al iniciar la negociación, mediante la lectura de distintos medios de comunicación.
He leído los acuerdos pactados y entiendo los pasos que deben seguir ante cada punto tratado, asimismo entiendo la existencia de inconformidad en los acuerdos, por lo difícil que es tener contento a todo el mundo, y por la multiplicidad de intereses, además, que no todos quieren ceder en este país con un índice de abstención del 62%, tan sólo con la escogencia de dos únicas respuestas.
Esta melancolía que invade el capítulo, no es por nada mi “mamertismo” como algunos lo quieran llamar, ni mucho menos mis ideales políticos, pues no tengo alguno… ya que todos han fracasado. Este vacío resultante no es acerca de un SI o un NO, tampoco es un fanatismo facebookero de que no ganara lo que yo quería, ni un populismo barato y temporal, tampoco es egocentrismo ni idolatría…este vacío que estoy sintiendo mientras escucho la música más apropiada para el momento, Pink Floyd y su más brillante representante Roger Waters, que me acompaña, es sinónimo del dolor que siento al ponerme en pie de las víctimas, y sobre todo el dolor de ver a mi país más dividido y sectorizado que nunca.
Inicié el día feliz y expectante de por fin votar por algo que me apasionaría y no por un candidato que siempre tendrá mucho que desear o que en pocas palabras será el menos peor. Continué el día sonriendo, pues para mí y muchos, es un día significativamente histórico en el país, pensaba en mis adentros, cuando los hijos de nuestros hijos pregunten acerca de un 2 de octubre diré con orgullo la celebración del pueblo Colombiano tras decidir la paz.
Sin embargo los números en el televisor, subían como cachetadas de realidad, sobre una decisión nefasta, abrumadora e imposible de creer, jamás había sentido tanto desespero ante unas cifras… la realidad era distinta a la que pintaba mi mente, no sólo porque fuese ganando el no, sino por la división tan casi exacta del 38% de Colombianos que salimos a votar; un casi 50-50 que me frenó en seco la esperanza sobre los ideales de mi pueblo, y me hizo recordar aquella línea en Cartagena casi recta que separa el blanco del negro, los ricos de los pobres, una brecha que me sacudió el alma como nunca antes, al entender que mi país está dividido y por tanto el común acuerdo será más difícil de lo esperado.
Algo si quiero decir, y es la sensación del ambiente que personalmente logré percibir previa al plebiscito, desde el hogar, la universidad Nacional, desde las casas, desde el transporte público, desde las salidas con amigos, desde las charlas inesperadas, las sonrisas en los pasillos, el compartir, desde los conciertos, los cigarros compartidos, las aromáticas tan agradables y un sinnúmero de momentos que vivimos, esa inmensa felicidad de saber que podremos elegir algo anhelado, una alegría ansiosa de saber que empezaremos un proceso de construcción diferente a la destrucción que nos antecede, ese sentimiento, duró en mí desde el inicio de las negociaciones, sé que estuvo compartido con muchos Colombianos.
Sin embargo, tras el suceso inesperado, para muchos del día de hoy, de pasar a sonreír y decir ¡que viva la paz!…pasamos a decir y ¿ahora qué…? parece ser que el No llegó con contundencia insegura, y sin sustento, como se ha visto en argumentos extremistas, banales y sin fundamento de sus partidarios con anterioridad. Parece ser que la incertidumbre es la palabra que cada hogar colombiano colgó en su dirección, y que el vacío del pecho se coló tras cada cifra que subía y subía, parece ser que las campañas políticas de odio, repulsión, venganza y sufrimiento han ganado hoy, que la política en el país se lleva de manera inmanejable, y que los medios hacen de las suyas para desinformar, tal como la pereza socava en las mentes de los superficiales.
Hoy siento dolor al ver lo acontecido, no por la derrota del sí en los acuerdos, sino por mi país segregado a la manipulación de masas, a las fichas políticas manejadas con codicia y a que seguimos en malas manos tras siglos de muertos en los campos; no se trata de una postura política ni de lo que dice mi líder favorito, se trata de la auto conciencia que hablo para los que no quieren la paz, se trata de eso, de ser conscientes ante el contexto que he traído brevemente a colación, y del cual no podemos escapar, se trata de las más de siete millones de víctimas que sintieron vacío en su pecho al ver que su país prefirió escribir en la historia la guerra sobre la paz.
Este, es un llanto consciente, es una postura humilde al entender lo que pasa en mi país, es una decisión que he tomado a pesar de la arrogancia de mis hermanos, he decidido soñar, como cual madre espera el retorno de su hijo secuestrado, he decidido luchar por mi país, sin aferrarme a posturas de un lado o del otro, es comprender que la paz no se debe elegir tras un documento, que la paz no se debe negociar y que debemos soltar algunas ideas, para recibir otras, que el escuchar es lo que hacen los abuelos antes de partir, pues alcanzaron algo más de sabiduría que el resto… que en cualquier momento de nuestras vidas, podremos cambiar de opinión y no basta con cerrarnos ante estas.
Sin embargo, de la tempestad viene la calma, y me satisface de manera impresionante que las Victimas nos han dado un gran ejemplo; quisiera que mi país tuviera más de ese tipo de personas, que deciden perdonar y seguir con sus sueños sin odios. Quisiera ver un país sin división, sin más miedos. No quiero más un país en guerra, no quiero un país que siga vendiendo guerra, no más series de mierda sobre Narcos... sólo quiero soñar en que aún podremos. Seguiré soñando. A pesar del dolor que siento de mi país, quiero mantenerme positivo ante ese 62% de colombianos que no votaron y dejaron que decidieran por ellos. Para los que aún sueñan también, pero sueñan guerra, quisiera que empezaran a abrazar a desconocidos, (me ofrezco como voluntario), solo por hacer un ejercicio, de auto-conciencia que mencioné anteriormente, solo quiero pensar en que todo esto, nos tiene que ayudar a que debemos estar unidos si realmente queremos un país distinto. De otra manera, ¿Cuál? ¿Cómo?
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- Temática Didáctica Educativa, Plein C.C. 27182 ISBN: 958-8035-15-5
- Colombia Amarga, Germán Castro Caicedo
- ¿Dónde está la franja Amarilla? William Ospina
- Kalmanovitz, Salomón Economía y Nación: Una breve historia de Colombia, Universidad Nacional, S. XXI, 1985