Maldijo porúltima vez a su progenitor mientras mantenía la el móvil atrapado entre laoreja y su hombro, pues era la quinta vez en la semana que aquel hombre lerecordaba que seguía viviendo de él estando lejos o no, que estaba condenado ausar su dinero. Por eso, ese día decidió buscar un trabajo, pues aunque contasecon los vastos recursos monetarios de su padre, se negaba a seguir sus órdenesmientras ocupase su dinero. Sus tonalidades almendradas en cuanto recorrieronel establecimiento se toparon con aquella que carecía de expresión alguna,dueña de hebras oscuras similares a las propias, con las diferencias que éstasformaban ondas, algo desordenadas, pero iban a la perfección con la de orbesoscuros. Se le indicó que para hablar sobre el puesto vacante debía acercarse ala castaña, estaba buena, eso sí, no le molestaría nada trabajar junto a ella,claro, luego conoció su voz y el tono poco amistoso que emanó del mismo, qué carácter, de seguro acá me la pasarébien.