*Se le hizo piedra el corazón, respiro igual.*
Habia una vez, una pequeña niña. Creía que si se quedaba bien quietita, y juntaba cada parte de su pequeño ser, pasaría por piedra, entonces nada ni nadie la lástimaria. Cada vez que se sentia en peligro, o simplemente tenia miedo, se sentaba abrazando sus piernas, se apretaba, se contenía, se volvía piedrita. No hablaba. Inmóvil observaba, esparando que pase ese mal rato. Luego soltaba sus piernas, estiraba los brazos, volvía en si, andaba como si no hubiera sucedido nada. Infalible. Pero ella fue creciendo, y asi los problemas, se le dificulto ser indiferente. Tenia mucha ira acumulada, ya no podía, lloraba por nada, notando que nunca hubo una vez, que esta no es una historia bien contada. Mucho menos un cuento de esos de hadas... Se dejo estallar temprano, explotó en cientos de gotas ácidas, que derretian lo que alcanzaban. Fueron años de fisuras incontrolables, de lágrimas, y sangre derramada. De fasos mal armados, de risa acongojada. El adolecer desde el vacío. El nutrir desde el alcohol. Devenir en mujer, faltando altura y madurez. Como una botella que pierde, más de una vez vació su contenido en copas rotas, se dejo estrellar en algún bar. Fue así creciendo, sola y no por falta de oportunidad. Conviviendo con la noche, conoció a su cura, a su enfermedad. Palida, locura, desenfreno y claridad mental. Nada puede detenerla, volvió a encontrar una manera, otra posibilidad, de mantenerse fuerte, en esta puta ciudad. Ella camina, de la esquina viene y va, abre sus ojos, pero no puede ver mas. Ya no estalla, casi no sufre. Solo toma, ya sin copa rota. Sin sentir ese mal.









