Barbara Stanwyck in “Sorry, Wrong Number”, 1948.
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Barbara Stanwyck in “Sorry, Wrong Number”, 1948.
Miramar
Mi psicólogo me dice que hay algo de esta pena que es por la pérdida y que lo tengo que aceptar, y esperar a que pase. Hago un gemido de queja, caprichoso, porque no me entiende y porque - cuando lo que más te gusta es comunicar - no saber por donde empezar a expresarte es una doble herida. Me doy cuenta de que necesito desplazarme, sentir que al menos en algún aspecto avanzo, pero el pavimento se me hace muy duro al tacto y me acuerdo de Miramar y de mi casa favorita de helados. También recuerdo que nunca me rompieron el corazón en Miramar y que puede ser que por eso me guste tanto. Me pasaron otras cosas, algunas quemaduras, me abrí dos veces la pera en quince días, me caí de una bicicleta y me tuvieron que levantar en camilla. Por exagerados. Nada malo me pasó en Miramar, ni tomando ese helado. Insisto en que no siento pérdida y me miran como si estuviera loca, negada. Mis amigos me dicen que esta vez es el final de verdad (me lo piden) y me recuerdan que vos no sos Ted y yo no soy Robin. Sobre todo no soy Robin. Soy un cliché adolescente y busco entre mis contactos a hombres que rechacé hace poco y que estarían dispuestos a volver a decirme que soy hermosa (mentira) y que los hago reir (mentira); o que darían todo por comprarme una birra (también mentira). Pero me hace bien escucharlos y fingir que si yo quisiera tendría el mundo a mis pies; que perdés vos. Aunque sé muy bien que tampoco. Hablo con mis amigas y de repente me convencen de querer cosas que nunca quise. Que estoy mejor sin vos porque con vos no había futuro; o que nunca iba a poder presentarte a mis padres. Pero sin vos tampoco hay futuro y la verdad es que muy bien no me caen mis viejos. Intento explicar de nuevo que el dolor está en otro lado y que no tiene que ver con esto. Que quizás si estuviera en el borde de un acantilado mirando el mar encontraría más palabras. Que el sol, como el amor, me gusta cuando acompaña en la distancia. Irónicamente me da la impresión que la única persona que entendería esto que quiero decir sos vos y esa idea me saca una sonrisa. Me parece una linda ironía y mi cinismo es más grande. Vuelvo mentalmente a Miramar y siento el viento en la cara a la sombra y el mar. Fuiste una bocanada de aire fresco en un sinfin de similares. Yo no pierdo nada respirando. Me refugio en pensamientos más certeros. Te me estás derritiendo como los helados grandes cuando uno es muy chico y me arruinás la ropa. Mi buzo favorito. Mis cosas se impregnan de recuerdos y me cuesta lavados borrarlos, pero con ellos también yo me desgasto. Insisto en que no hay pérdida porque vos pasaste enfrente mío y yo me aferré e intenté quererte. Inspiré todo lo profundo que pude, como antes de zambullirme en el mar, y esperé que las cosas me salieran bien y no terminara dada vuelta en la orilla, con la malla en cualquier parte y (por tercera vez) la pera partida. Pero a veces las cosas no salen como queríamos y no lo podemos controlar. Sólo podemos volver a Miramar, inspirar y volver a empezar.
Sobre despedirse
Voy a ser sincera y voy a decir que te extraño físicamente. En el tacto, en el esconderme en tu pecho y respirar profundo. En el calor de que me abrazaras cuando dormíamos. Que igual me lo veía venir y que no puedo decir que me sorprenda. Que por eso lloro en silencio e intento no darle grandes detalles a mis amigos. Prefiero compartir mi tristeza en los colectivos. E incluso que aprendí mucho con vos y de vos. Que voy a extrañar tu sonrisa tantas veces como la recuerde y que fue un placer haberlas provocado. Y que mi único deseo concreto es que algo hayas aprendido conmigo. Al menos, que sepas que te quise mucho aunque eso ya te lo dije en tiempo presente. Y que realmente deseo que seas muy feliz con ella. Y que no tengas tanto miedo.
Vampiro
Lo último que escuché salir de tu boca fue un "te quiero mucho hermosa" y sentir un abrazo en la puerta del tren, mientras se veía venir mis vagones y yo me apuraba mientras luchaba por mis ganas de haberme quedado en la cama. Me daba vuelta y rogaba que vos me miraras ir pero temía verificarlo.
Mientras pienso en vos suena constantemente en mi cabeza una canción de Babasónicos que reza "cada dolor tiene un nombre/ y yo quiero conocer el tuyo/ sé que al final de los tiempos me vas a doler". Pero es que el final de los tiempos está tan lejos y en el ahora-acá de lo que soy las cosas no me funcionan tan mal cuando estoy con vos.
Ahora hace exactamente tres semanas que no te veo y las distancias se me hacen insalvables desde este no saber qué hacer para acercarme. Quizás sea error mío, pero las cosas que me gustan me gustan siempre y no tengo esos problemas de la gente que no toma helado en invierno o no come cosas calientes en verano. Yo pido un kilo de chocolate y banana split aunque afuera esté nevando; porque confío en que las condiciones las creamos nosotros. Y si al final tiempo dolés, por suerte a esta altura tengo dos o tres remedios bajo la manga.
Me gusta tu sonrisa porque tiene un registro mínimo de maldad, como la de los niños. Me gusta estar con vos y que me hagas mimos en la espalda mientras me quedo dormida, que me cocines y que a la noche te despiertes y me digas que me querés mucho. Que me aprietes contra vos y te quedes quieto. Que tu casa siempre sea tan desordenada como el orden de tus pensamientos. Me gusta como nunca te gusta lo que cocino e igual insistís en que lo siga haciendo y decís que está muy rico. Me gustan las mentiras piadosas. O que me des la mano cuando estamos acostados, o que pidas perdón por llegar tarde y saques un chocolate de tu bolsillo. Y también que me intimide que me mires fijo y que tome de manera repentina una percepción absoluta de mi cuerpo, parte por parte, y no sepa que hacer con ninguno de mis músculos, entonces diga "deja de mirarme" pero no quiero que pares. Me gusta la pasión con la que haces cosas que a mi me parecen absurdas y como logras hacer mucho de todo lo que te gusta, todo el tiempo. Me gusta que me hagas acordar a canciones que me copan y me hacen bailar y también que seas independiente y estés ahí, viviendo y haciendo cosas más allá y a pesar de mí. Creo que lo único que me disgusta es reconocer que sos a pesar de mí.
Aniversario
Recuerdo estar sentada en tu cama en la mañana de mi cumpleaños, mientras me traías una torre de panqueques y te preguntaba cuándo era el tuyo. Te recuerdo respondiendome algo como "en octubre, falta mucho..." Y cambiando de tema dándome a entender que no esperabas que se repitiera la situación a la inversa. Y honestamente tenías razón. De abril a octubre los meses son largos y fríos y ponen a prueba nuestra resistencia frente al tedio. Pero hoy a la mañana nos despertó tu celular vibrando el mesita de luz y te dije feliz cumpleaños antes que nada. Toda tu respuesta fue un abrazo fuerte - de esos que das cuando estás contento - y volver a quedarte dormido mientras yo me dejaba abrazar y miraba el techo pensando que el tiempo pasa a múltiples velocidades y que ojalá sea capaz de retenerlo.
Obrar
ACTO I - LO INESPERADO "Porque te quiero y te quiero cuidar" y vos que sabés ocuparte de vos misma con ligereza pero con prudencia, dejás de cucharear el helado y mirás para su lado. Para alguien que se dedica a las comunicaciones, te quedaste muda con facilidad. Decidis sonreír. A veces es mejor el silencio. ACTO 2 - LO PREDECIBLE Te despertás en medio de la noche. Está lejos en la cama y lo ves con frío. Eso que está lindo el tiempo, que la primavera nos amaga. Tiene fiebre y lo movés un poquito, te dice "te quiero mucho" y da media vuelta y sigue durmiendo mientras buscás paños fríos y te preguntás por qué no te levantas y te vas y ya. Porqué te estás quedando a pesar de la transpiración y que las enfermedades te den bastante asco. ACTO 3 - PARA HACERSE CARGO Es cuestión de volver en silencio a casa y ver las cosas pasar. Ahí te encontrás con una parte que estalla de felicidad pero también con un poquito de miedo. Algo de miedo. Mucho mucho miedo. A casi todo. A que no te quiera más, a no quererlo más. A no saber exactamente qué piensa, pero tampoco sabés que pensás vos. A sus amigos y tus amigos y a que se peleen y no poder seguir viendo a sus perros. Y entre todo eso que te supera y te angustia te acordás que fuiste feliz hace un rato desayunando en la cama. Ahí un poco el miedo se pasa.
Desde acá
Pienso en tu sonrisa cuando te despertás en mi casa y lo que te cuesta levantarte.
Pienso en la noche que te hice tostados porque no había nada más en casa y te los llevé a la cama. Pienso en todas las cosas lindas que me dijiste y nos dijimos. En la cara que pensé que indudablemente me quería y algunas caricias que, bien ubicadas, me reinstauraban la fe en la humanidad. Pienso en las noches que llegué y me esperabas con la comida hecha, siempre de mis preferidas. En la cantidad de veces que te desperté para decirte que no podía dormir. En las otras tantas que me hubiera gustado estar con vos.
Pienso en el nudo en la garganta que me agarra cuando pienso en no estar más con vos y cómo me dolería tu ausencia. En la primera vez que te vi y cómo se me movió el piso y tuve que caer en tu telaraña. Pienso en que nunca mejor usada esa expresión, telaraña. Por lo dulce, por el efecto hamaca, por el final ineludible. Por la contracción. Tu contradicción que es lo que más me duele y tu te quiero mucho detrás de un zarponazo, esperando quizás que me aleje de vos y que te diga que tuviste razón todo este tiempo; que me ibas a lastimar y que lo estás haciendo. Pero no quiero decir eso. Quiero que esto sea lo único en la vida en lo que las cosas no vayan como esperabas.
Pienso que me gustaría saber al menos las cosas más elementales de música y expandir este sentimiento en forma de canción, como las de The Cure. Y hacerme grande, gigante y llegarte a vos y atraparte - como la araña que no soy - para mecerte y quizás convencerte de que, si me dejás, las cosas pueden funcionar.
Pasadizo
Cuando te extraño, como hoy, pongo las canciones románticas de los Ramones porque me dejan bailar y sentir a mi corazón hincharse, estrujarse, volverse a hinchar mientras me doy cuenta de que te quiero y que siento que tengo quince años de nuevo. Y si te extraño no es tanto por habernos visto hace mucho, si no porque sé que falta otro tanto para reencontrarnos y el tiempo se parece mucho a la plastilina. Que puede compactarse y reducirse a un puñado o estirarse y estirarse y estirarse. Escucho los Ramones y siento mis músculos flojos mientras un rayo de sol invernal se filtra en la ventana. Mucha de mi felicidad depende de los días no tan fríos y de sentirme acompañada. Hoy tengo un poco de las dos. Entiendo que las distancias son más difíciles de sortear que las temporalidades, y que vos y yo estamos acá pero no juntos y creo en los agujeros de gusano; en atajos que nos van llevando a compartinos. Cuando como hoy me hago un té con miel y me quedo en bombacha disfrutando que todavía es de día, creo que hay que poner un poco de resistencia a la parte mía que ve el extrañar como algo negativo. Y te veo en las cosas que tocás cuando estás acá, entonces el gato tiene algo de vos porque lo odiás; los libros que leíste y los que no; entonces me hago a la idea de esperar un poco más y escuchar canciones felices, a ver si crean algún atajo y te hacen pensar en mí, como a mí en vos.
Desollada
Creo que fue Sartre el que dijo que somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros. En realidad ya no me acuerdo. Entre tantas cosas que me asustan, está mi entorno que siempre me pareció feroz e hinóspito y por eso, quizás, no se me ocurre la alternativa de incluirte en él y pensar en verte así de contaminado. Estoy casi completamente segura de que fue Hemingway el que decía que hay que empezar los textos con oraciones cortas y positivas. Pero es que a veces no se puede y simplemente se tiene que escupir. Como cuando estás en el dentista y es la única forma de terminar de curar: un salivazo de lo que queda de gusto a sangre y dolor en la boca. Funciona, Ernest. De las pocas cosas que aprendí realmente de Cortázar, sé que uno no puede elegir a quien ama y que funciona más bien como un estacazo en el piso. Y yo no elijo porque si lo hiciera las cosas serían distintas y, espero, me iría muchísimo mejor. Pero sencillamente no sucede y me quedo acá, frizada en el lugar más incomodo que podría haber tocado en suerte. Aunque también aprendí de Julio que lo único que tiene sentido de verdad es mantener la esperanza, entonces acá espero.
Sinsentido
Tengo una foto de la mañana que te conocí. Estoy sentada en el tren ramal Urquiza, despeinada por lo temprano que era y con un vaso térmico naranja en la mano. Sonrío. Se nota que estoy contenta y nerviosa. Siento mariposas en la panza y eso que no tenía idea de nada. Tenía puesta una remera que uso de pijama y un sweater encima, aprovechando los últimos días de calorcito pre invernales que a veces tenemos en Buenos Aires, cuando el frío no nos pega una cachetada de una. Seguro esto es de las cosas que recomiendan no decir, pero cuando nos presentaron pensé "de este chico voy a ser la novia" y tengo un mensaje a un amigo que lo comprueba y él que me respondió un "no te calmás nunca" pero es mentira, porque me calmé cuando te conocí y decidí que podía dejar las primeras citas (que me gustan tanto tanto) y el coquteo despiadado por un tiempo que ojalá durara mucho. Pero esa ya es tu decisión. Ayer te vi sentado en la barra de uno de mis bares preferidos de la ciudad sin saber que ibas a estar ahí y lo supe: hubiera pensado lo mismo sin importar en donde te conociera y por eso vale todo, las amigas opinando pavadas; los chicos lindos a los que se deja pasar; las dudas, el miedo y la ansiedad; los momentos en donde me paralizo y me recuerdo que el amor no es lo mío porque soy torpe y estoy loca (de verdad, loca). Vale todo si me seguís mirando con esa felicidad como anoche, a través del bar lleno de gente y nos decimos algo que no tiene sentido vos con tu vaso y yo con el mío y te miro fijo a los ojos y entiendo. No sé qué pero lo entiendo.
Ayer lloré
Ayer soñé que me dejabas y desde ese momento no me recupero a la impresión del todo. Hablo de despertarse con la respiración agitada y mirar la oscuridad pensando que podría encontrarte parado en mi habitación y repitiendo las mismas palabras: que qué suerte que hubiera rendido bien; que ahora sí podías dejarme sin culpas antes de que las ocupaciones te volvieran a quitar esa posibilidad. Ayer agradecí no encontrarte en la cama y que estuvieras en otro lado, siendo feliz de cualquier otra forma. Y no revivir realmente el momento de trauma.
Certeza
Es verdad que te escondes entre mi clavícula y mi cuello e inhalás profundo y exhalás pesado. Que tus dedos intentan acercarme más de lo humanamente posible en dos cuerpos y que se resbalan en mi montón de abrigo. Que normalmente lo primero que decís es qué linda que estás y no importa si tengo el pijama o mi vestido preferido. Es verdad que me agarraste por la cintura y me miraste fijo, intimidandome un poquito, y me dijiste "extrañaba sentirme así" y que yo cerré los ojos intentando, digamos, no llorar ni maldecirte. Y que también dijiste algo sobre nunca tener frío cuando estás conmigo, eso que este invierno está siendo despiadado.
Aunque sea hoy
Hoy hace una semana me dijiste algo que me heló la sangre. Quizás porque estaba distraída en mis propios problemas y no lo esperaba. O andá a saber qué pasó en el medio, entre el abrazo en la cama de la última vez que te vi y esto que me planteás como si fuera evidente y yo no lo viera por tarada. Hoy hace una semana le dije a una amiga que me dolía porque creía que te quería tanto que no me salía expicarlo con palabras y sólo podía decir que sonreí mucho cuando me di cuenta que, medio dormido y agotado, buscabas mi mano y la agarrabas con firmeza hasta que ganaba el sueño y te sentía distenderte. También le dije que no llegaba a entender todo lo que me pasaba cada vez que pensaba en vos y se me hinchaba el pecho de orgullo por haber logrado que pasaras algo de tiempo conmigo y me dejaras, quizás, irte compensando lo que la vida te había quitado. Mañana va a ser una semana del día que por primera vez en mi vida lloré adelante de mi mejor amigo, mi director de tesis, mi jefe y la oficina entera, y todo aquel que usara el subte B a eso de las 11.30. Hoy por hoy intento pensar en cosas que me reconforten, como que fui feliz cada vez que paseamos por ahí o que me parece que estás en el top tres de los chicos más lindos con los que salí. También que pude decirte que te quería aunque no sabía ni como, ni cuando nos transcurrían las cosas que nos llevaban a estar juntos y que la primera vez que fui a tu casa y me desperté con vos a la mañana estuve segura de que el amor es algo más que eso que dicen los guionistas de las películas. Me esfuerzo para mantener en mente la idea de que te dejé cosas buenas: el sentirte libre de decir lo que sintieras; la seguridad de que acá hay una persona que aún hoy (por hoy) siente que la vida es un poco mejor cuando considera que existen personas como vos. Y eso no es joda.
V
El mundo es un lugar horrible que alguna vez en su historia albergó el asesinato sistemático de seis millones de personas. O a un hombre que decide que está bien corromper y denigrar a cualquier mujer. Sólo basta decir que mientras yo escribo esto al lado de la estufa de mi habitación, hay algún niño muriendo hambriento, acá a la vuelta o allá a lo lejos. Pero el punto es que no nos destacamos por ser el planeta ideal y - honestamente - nunca lo fuimos. Entonces yo creo que realmente no vale la pena estar acá si no es para rodearnos de gente que nos haga bien y disfrutar, lo mas que podamos, el día a día en esta vida. Contra todos mis conceptos sobre el mundo, elijo insistir en el amor y verme vulnerable y vulnerada. Elijo perder a veces pero saber que lo intenté; que perdí pero que podría haber ganado. Prefiero que me lastimes a lastimarte, porque creo que quizás lo único que realmente valga, fue haberte demostrado que alguien acá - entre estos millones de personas - fue capaz de quererte sin pretender hacerte daño. Y con un poco de suerte sirva de algo.
IV
Hay algo que se rompió en un movimiento muy tonto. Como cuando en el ajedrez, por despistado, tomás la figura incorrecta y ya está. La tenés que mover igual. Y perdés. Digo que algo se rompió porque yo empecé ésta relación diciéndote que estaba segura que me ibas a lastimar eventualmente, que lo veía venir. Y vos con cara de inocente (lo eras) repetías que no, una y otra vez; llegando incluso a enojarte porque no confiaba en vos, o la pavada de turno que dijeras. Cuestión que hoy decidís tipear dos o tres palabras desafortunadas y hacés todo junto: lastimarme, humillarme y dejarme sin opción. Y nadie sabe muy bien por qué o de donde sale ese nivel de ¿enojo? Lo que fuera que sintieras, la verdad no me interesa. Me sale de algún lugar y hace una trayectoria rectilínea y certera hacia mí que, sin esperarlo, lo recibo sin saber cómo reaccionar frente a ese ataque de fuego amigo, como quien dice. Y decido no hacer nada. Nada más decirte que me acabás de lastimar, esperando que quizás así entiendas a qué viene esa falta de defensa. Creo que es desinterés: no hay nada que quiera ganar ya de esto. Entonces no hay respuesta posible, sólo puedo agarrar mis cosas e irme. Supongo que algunas cosas terminan así, cosa que en los talleres de escritura no te enseñan.
III
Escribo esto siendo las cuatro de la madrugada de un sábado. Pensaba que me dijiste algo sobre que te gusta la forma en la que te miro cuando estamos tirados en la cama y te escucho decir pavadas. Pensaba que seguro esa forma tiene algo que ver con el amor. Y que te miro mirarme y es un doble espejo, porque tu cara muestra la misma compasión que la mía, y porque me veo a mi misma a través del reflejo en tus pupilas. También pensaba que yo me siento muy débil en líneas generales y ahí, en tu cama, siento que tengo chances de enfrentar a todo el mundo yo solita. Sólo porque quiero hacerlo. Que abrazarte es una tregua al historial de auto boicot que llevo desde los quince años. Sé que me querés más de lo que me admirás y por eso confío en vos. Porque significa que me querés también en los errores y no tanto en los pocos aciertos que escondo bajo la manga. Y por último pienso que te quiero.