Pérdicas (muerto en 321 a.C.) fue uno de los comandantes de Alejandro Magno y, tras su muerte, custodio del tesoro, regente de Filipo III y Alejandro IV y comandante del Ejército real. Cuando Alejandro Magno cruzó el Helesponto y arrojó su lanza a las costas de Asia Menor, él y su Ejército real comenzaron un viaje de diez años que los llevaría al corazón de Asia y amasarían un imperio diferente a todos cuales habían existido hasta entonces. Sin embargo, la repentina muerte del joven rey en 323 a.C. dejó a un vasto reino sin líder, sumido en la confusión; no había ni un heredero inmediato ni nadie nombrado sucesor. Pérdicas tomó el control de la situación para ofrecer una solución. Con el anillo de sello del rey en la mano, intentó mantener el imperio intacto. Por desgracia, otros individuos leales al rey tenían una opinión diferente al respecto. Al final, los diferentes comandantes del Ejército tomaron cada uno posesión de una pequeña parte del territorio y a Pérdicas no le quedó más que una oportunidad ínfima de reconstruir lo que ya se había echado a perder.