(...) Avanzo sin temor; sobrecogido, no obstante, por lo fácil del camino que, de ojos adelante, ya discurre por pasadizos y pasillos suaves al tacto de los pies que me imagino, y porque a su través se transparentan leves arquitecturas sinuosas, edificios de flor carnal y ramas que, aunque no mueve el viento, se cimbrean al borde de arroyuelos escarlatas, y suaves y pulidas piedras puestas en orden de descanso y sobresalto.
Los ojos de la corza | Ángel Crespo















