Últimamente la vida ha vuelto a estar algo más tranquila para Juan Joaquín. Otra vez ha empezado trabajar en su despacho, escribiendo lo que sus jefes esperan de él. Tiene un horario aceptable e incluso tiene el tiempo para continuar su aprendizaje del español. No siempre fue así.
En el otoño del año 2014, Juan Joaquín se encontró hospitalizado después de sufrir un ataque de nervios como consecuencia de una temporada singularmente estresante. Tenía que seguir debajo tratamiento más que seis semanas, pero afortunadamente dejó el departamento de siquiatría de la Clínica Universitaria de Hamburgo, según sus doctores, completamente reconstituido.
Era la estrella de los talk shows aquel verano. En junio y julio 2014 los anfitriones de los programas de entrevista de todos los canales alemanes lo invitaron para que les explicara sus hallazgos a los espectadores. Günter Jauch, Maibrit Illner, Gerd Böhme – para nombrar solo los más influyentes – le hicieron sus preguntas. Sus ideas, cuales normalmente llegaban a unos diez mil lectores de las publicaciones de su empresario EDEKA, una empresa que regenta supermercados en toda Europa, repentinamente fueron discutidas en las calles entre las Alpes y el Mar del Norte. Debe de haber sido una temporada excepcional para Juan Joaquín, y finalmente, en septiembre ya no lo soportaba. Su cuerpo delgaducho ya no le sirvió y los nervios echaron chispas.
-Juan Joaquín merece obtener este premio tan estimado por su trabajo profundo, su valor y su impavidez. A pesar de los peligros obviamente vinculados con sus investigaciones tanto en Europa como en Bolivia, nunca se dejó desviar de su meta: destapar lo de que se había enterado: el escándalo de la quínoa.- Con esas palabras su laudatorio, pronunciado por Giovanni di Lorenzo, el redactor jefe del periódico semanal alemán Die Zeit, lo alabó, al otorgar el premio Henri Nannen a Juan Joaquín el 13 de mayo 2015 en Jever, Frisia Oriental.
Todo había empezado como siempre en diciembre 2012. Su jefe le encargó que escribía algo sobre la quínoa, un alimento de América de Sur nuevamente llevado al interés público mundial por el Secretario General de la ONU por declarar el año 2013 lo de la quínoa. Búsquedas en el red, llamadas con productores y comerciantes, entrevistas con cocineros y especialistas de la nutrición le proporcionaban con informaciones más o menos banales y poco interesantes. Se amenazaba hacerse otro artículo poco conflictivo. Hasta que llegaron a sus manos unos informaciones espeluznantes. Anónimamente se lo pasaron fotos y documentos de unos granjeros de estilo grande y sus prácticas de producción, y cada uno de ellos era estrechamente entretejido con el presidente de Bolivia, Evo Morales.
Juan Joaquín le pidió a su jefe que lo mandara a Bolivia para indagar el asunto, pero no se le dio permiso. Entonces el periodista tan concienzudo decidí hacer el viaje de todos modos, pedí vacaciones y viajó a Bolivia a expensas propias. Lo que halló allí casi le hubiera costado la vida.
La quínoa estaba producido de forma tan intensivo que requería fertilizadores muy fuertes. Lo que utilizaban los granjeros, y según sus fuentes habían utilizado desde más que un año, eran cenizas suministrados de las plantas incineradoras de basuras de La Paz, El Alto, Santa Cruz de la Sierra, Cochabamba y Potosí. Mientras las cenizas si contienen muchos nutrientes para las plantas, también son llenas de dioxina, un veneno muy peligroso que, incluso en dosis pequeñísimas, causa una multitud de canceres y daña el código genético de los consumidores de alimentos contaminadas.
Al encarar con sus descubrimientos las autoridades bolivianas, los comerciantes locales e internacionales e incluso las agencias de nutrición de la ONU, Juan Joaquín fue amenazado, intimidado y advertido de “unas consecuencias dramáticas” si no dejara el tema y regresara a Alemania.
Se fue, pero no sin traer sus noticias, sus pruebas y sus imágenes. Le encargó a un instituto alemán bien reconocida con analizar pruebas de quínoa, tanto tales traídos de Bolivia como tales comprados en Alemania, y encontró sus más peores temores confirmados. Redacto su artículo y mostró lo peligroso que era consumir esta quínoa boliviano, como poco escrupuloso fueron los involucrados en la venta del producto y como corrupta se mostraron las autoridades bolivianas. Tenía que dejar sus reproches de la ONU por falta de pruebas claras. Como consecuencia del artículo, toda la quínoa boliviana fue sacada del mercado en toda Europa y aniquilada.
Su trabajo resultó en estar declarada persona non grata por el gobierno boliviano y en feroces pérdidas para la exportación boliviana.
Nunca se hubieran sucedido estos acontecimientos si no hubiese empezado Juan Joaquín una carrera como periodista años antes. Al inicio fue el bachillerato, que pasaba de forma no demasiado impresionante, pero con buenos resultados en alemán. Cumplía su voluntariado con el periódico Hamburger Abendblatt antes de ingresar en el departamento relaciones públicas de la empresa EDEKA, su empleador hasta ahora.