Estas palabras las escribo desde una ambulancia.
El domingo 6 de diciembre me pegué altísimo palo andando en longboard haciendo un downhill por una bajada por Playa Grande en Mar del Plata: me quebré tibia y peroné y ligué unos pocos raspones más, podría no estar escribiendo esto si me hubiese golpeado de más mí cabeza.
Vivi mí primer experiencia estando en una guardia, siendo testigo de lo que es el infierno: ser un total NN, viendo a la muerte como de llevaba la vida de un pobre viejo que había recibido un balazo mientras le avisaba a una enfermera que se estaba muriendo: no hicieron nada porque estaban ocupadas, ver a un duro caer cagado a tiros por un tranza con miedo a que lo maten por cantarle a la policía quien le vendió la falopa, gritos de dolor, una loca gritando teniendo alto delirio místico... en fin, nunca nada bueno.
El sistema está colapsado, la corrupción que hay y la falta de presupuesto en salud me hicieron ver una realidad que nunca me había tocado vivir.
Es muy loco como el tiempo en una guardia pareciera no avanzar nunca, ves el sol salir y ponerse en el reflejo de las ventanas, las luces led en mí cara apenas dejándome dormir de a lapsos.
Pocas veces me daban bola, las enfermeras se notaban cansadas y saturadas por el covid, me tuvieron que cuidar más otros personajes que fui conociendo durante 3 días. Buena gente, Gustavo, Fernando y el viejito de Esteban. Ellos fueron los que hicieron que no pierda la cabeza tanque realmente nos reímos de lo triste y bizarra que era nuestra situación salvo al final del tercer día: la ambulancia no llegaba más para mí traslado a buenos aires porque no me querían operar por tener obra social a menos que no sea una emergencia. Vinieron mamá y papá a socorrerme para ayudarme a agilizar las cosas y que me puedan derivar lo antes posible (perdón mamá, perdón papa. Sé que no están más para estás corridas, ya bastante tuvieron este año con el abuelo).
Mama me dijo que al final la ambulancia llegaba a las 19 y eran las 21 y no llegaba y ahí exploté. No me la banque más y lloré, lloré porque ese lugar era el infierno en vida y no podía soportar más estar en la misma posición otra noche más hasta que me mandó un WhatsApp mamá diciendome que ya había llegado...
Me despedí de los pibes de la guardia con la esperanza de que una vez recuperado podamos juntarnos a tomar unas birras y hablar de la extrema anécdota que nos tocó vivir.
Ahora estoy llegando a la clínica en la ambulancia y aguardo por mí pronta cirujía.
Se vienen unos meses largos de recuperación, pero de también que de transformación a la persona que me estaba convirtiendo al vivir solo.
Algo groso voy a sacar de toda esta tragedia, lo sé. Para mí el 2020 no fue una mierda, fue una transición necesaria, lo siento.
Necesito vivir esto, lo sé.








