Algunas veces he tratado de huir, otras veces he tenido fuertes dudas. A veces no entiendo que es lo que estoy haciendo o hacia donde voy, desconozco completamente lo que vaya a pasar conmigo hoy, mañana o dentro de un mes. A veces esa incertidumbre me toma por completo y solo quiero correr. A veces las cosas se ponen difíciles o simplemente es como si nada pasara y quiero huir. Es curiosos analizar como en diferentes circunstancias buenas y malas el recurrente el deseo de dejar las cosas e irse por el camino fácil.
A veces esas dudas me han llenado tanto que he empezado a dudar de si la pasión por Dios sigue viva. He llorado por las noches sintiendo como si Dios no estuviera, como si me hubiera dejado sola en un camino donde no se para donde ir. Pero he comprendido que esas dudas e incertidumbre son contrarias a lo que debo creer.
El profeta Jeremías estaba siendo perseguido y quería huir de sus enemigos y en el capítulo 20 hace una especie de reclamo a Dios donde le dice:
“Dios mío, con lindas palabras me llamaste, y yo acepté tu invitación. Eres más fuerte que yo, y por eso me convenciste. A toda hora la gente se burla de mí. Hay días en que quisiera no acordarme más de ti, ni anunciar más tus mensajes; pero tus palabras arden dentro de mí; ¡son un fuego que me quema hasta los huesos! He tratado de no hablar, ¡pero no me puedo quedar callado!” Jeremías 20:7,9 (TLA)
Dios nos ha elegido desde el vientre de nuestra madre (Salmos 139:13) porque su amor siempre ha sido más fuerte que nosotros, más fuerte que nuestras dudas y temores.
Jeremías quería huir, quería parar de hacer las cosas que Dios lo estaba enviando a hacer, sin embargo el reconoce quién es Dios es su vida.
Aún cuando queremos huir pero comprendemos quién es Dios, el valor que tiene el sacrificio de la cruz y quién somos para Él todo cambia. Porque esas ganas de huir puede que no vayan a desaparecer pero logramos reconocer quién es Él y entendemos que no importa nada más, y que su fuego está dentro de nosotros.
Un fuego que no se apaga porque cada vez que nuestro corazón se quebranta y reconoce quien es Él, la pasión se enciende más.
Es normal tener miedo, es normal dudar y no entender o no saber que hacer. Pero en esas situaciones es cuando más debemos acercanos a Dios y reconocer quién es Él. Porque Mientras nuestro corazón este quebrantado y reconociendo a Dios, el fuego no se apagará.